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Polis, Revista de la Universidad Bolivariana, Volumen 1, Número 1, 2001
Sociedad, universidad y
conocimiento.
Prólogo del editor
Jorge Vergara Estévez
* * *
Nuestra universidad inicia la publicación de su revista
Polis. Revista de la Universidad Bolivariana. Su nombre deriva de
una tradición de pensamiento clásico para la cual
la ciudad, y en este caso, la sociedad chilena en conjunto, es el
horizonte de nuestra acción como universidad. El hombre es
un ser de la ciudad, un ciudadano, decía Aristóteles,
significando con ello que comparte su vida con sus connacionales.
Y esto implica, que nada de lo que suceda en su ciudad le pueda
ser ajeno; y por ello es que no podemos declararnos indiferentes,
pues somos, en distinta medida, responsables de los problemas comunes
de nuestro gran hogar, donde no elegimos nacer, pero que lo hemos
hecho propio. Nuestra revista está pensada como una contribución
a la búsqueda del interés público en nuestra
sociedad, de intereses generalizables y genéricos, que superen
las limitaciones y rigidez propias de las miradas particulares o
corporativas, las cuales siendo respetables como expresión
de la diversidad de la sociedad, sin embargo, no pueden pretender
monopolizar la visión y la reflexión sobre temas que
nos conciernen a muchos o a todos. Siendo una revista universitaria
de esta sociedad, la cual presenta crecientes tendencias a la fragmentación
y la atomización, le corresponde hacerse parte de la elaboración
de perspectivas de análisis, comprensión y de acción
que contribuyan a su integración social y cultural. La idea
misma de universidad implica no sólo la búsqueda de
conocimientos universales sino, al mismo tiempo, de enfoques y conceptualizaciones
que puedan hacer que nuestra sociedad sea, en cierta medida, una
para todos.
Recuperar el antiguo nombre griego de Pólis es, asimismo,
una invitación a escubrir y reflexionar sobre las semejanzas
y diferencias, entre nuestra profunda crisis civilizatoria al inicio
de un nuevo milenio, en comparación a laque vivió
la sociedad griega clásica cuando Platón escribió
La República, yAristóteles dió las lecciones
que constituyen su obra Política. Podría decirse,siguiendo
a Nietzsche y Heidegger, que en aquella primera crisis se funda
lacultura occidental. Nuestra crisis corresponde, quizá,
a la más profunda de estacultura y civilización, «el
cansancio de occidente», como lo llaman Trías yArgullol.
Ayer como hoy, aunque en contextos históricos profundamente
diferentes, se vive el desmoramiento de las certezas, la pérdida
de los mapascognitivos, de la confianza en las creencias y supuestos
que orientaban la vidasocial y personal.
El siglo IV a.c. en Grecia fue un período de perdida de
vigencia y derechazos de las tradiciones patriarcales, sociales,
culturales y de la religión heredada; de profundos conflictos
sociopolíticos internos y de guerras entre las ciudades de
la Hélade. Pero, a la vez, fue una época de excepcional
creatividad cultural, en la cual se generaron nuevos saberes que
buscaban proporcionar certezas que pudieran reemplazar las antiguas
convicciones y reorientar la sociedad; saberes que aún fundan
el pensar de occidente. De una parte, se creó la metafísica:
saber apodíctico sobre los principios absolutos sobre el
conocimiento, el hombre y el ser; de otra parte, se inauguran las
ciencias naturales, sociales y culturales con la constitución
de la física, la ciencia política, y la retórica.
La física aristotélica proporcionó la base
de la astronomía ptolemeica: la primera ciencia natural que
alcanzó altos niveles de exactitud en la explicación
matemática de los movimientos de los cuerpos celestes.
En la aurora griega, como se la ha llamado, surgió por primera
vez el proyecto racionalista de un saber racional autosustentado,
autónomo del discurso religioso y de las creencias culturales,
el cual ha sido la base del proyecto moderno de conocimiento. Más
aún, los griegos clásicos inventaron la democracia,
entendida como autogobierno de los ciudadanos, aunque en otros aspectos
su concepto sea distinto del nuestro. Y, en directa relación
con ella, crearon el diálogo y el debate racional como métodos
de búsqueda de la verdad. Relevar la democracia es necesario
en la sociedad chilena actual, no sólo porque ésta
aún no supera los traumas y consecuencias negativas del período
autoritario. La democracia es un régimen político
que, pese a sus limitaciones, sigue siendo el mejor que se ha encontrado,
y es el único que abre la posibilidad, que contiene la utopía,
de la socialización del poder, es decir, de la integración
de la sociedad política y la civil. La democracia hace posible
que la sociedad pueda aproximarse a una comunidad donde todos sean
ciudadanos sean respetados en su dignidad y derechos por el sólo
hecho de serlo. Una de las lecciones del siglo XX fue que todos
los regímenes autoritarios, cualquiera sea su signo político,
son sistemas de disciplinamiento, privilegio, represión y
exclusión.
La legitimidad de la democracia no reside sólo en que ella
sea un estado de derecho, donde se respeten de los derechos humanos
y se cumplan las normas democráticas, sino que requiere desarrollar
una alta capacidad de inclusión e integración de todos
sus ciudadanos, en la cual nadie sea excluido, segregado o discriminado.
La sociedad verdaderamente democrática no sólo es
un lugar social que hace posible vivir, sino que permite a todos
alcanzar una buena vida, en un ambiente de convivencia y «amistad
cívica», como decía Aristóteles. Y, como
aseveró John Stuart Mill, en la cual cada uno tiene la oportunidad
de desarrollar armónicamente sus capacidades para su propia
realización y bienestar de todos.
Los griegos clásicos, especialmente Platón, desde
la experiencia histórica de la democracia, descubrieron o
crearon un nuevo método de indagación: el diálogo
y el debate racional. Por diversas razones históricas, en
la época antigua y medieval, dicho método no pudo
desarrollar sus potencialidades –aunque en alguna medida fue
incorporado en el método de análisis de doctrinas
de la escolástica-, sino hasta la modernidad, y especialmente
en nuestro tiempo.Sólo en el siglo XX se elaboraron filosofías
efectivamente dialógicas, como la de Buber y Echeverría;
surgió la filosofía hermenéutica de Gadamer;
se crearon las teorías sociológicas fenomenológicas
de Schutz y otros; y, sobre todo, se elaboró la teoría
de la acción comunicativa de Habermas, que debe mucho a la
concepción de conocimiento y racionalidad de Popper, según
se muestra en el artículo de este autor que reproducimos
en este número. Esta teoría explícitamente
significa la superación del paradigma dual sujeto-objeto,
reemplazándolo por el comunicativo el cual incorpora la intersubjetividad
como una dimensión necesaria del proceso de validación
de los enunciados. Esta metodología procesual parte del supuesto,
de origen popperiano, de que todo conocimiento es perfectible, provisorio,
y que siempre debe estar abierto a cuestionamientos o refutaciones
argumentales. Asimismo, supera los distintos discursos de poder
y teorías que pretenden privilegios discursivos y de verdad,
suponiendo saberes superiores provenientes de la religión,
las ciencias u otro origen.
En sólo unas pocas décadas, nuestras ideas de conocimiento,
ciencia, filosofía, Estado, hombre, sociedad, economía,
historia, arte, desarrollo, utopía y otras temas, se han
transformado radicalmente; han experimentado mutaciones que recién
empezamos a comprender en todas sus implicaciones. Podría
decirse que la actual crisis civilizatoria - en la cual América
Latina participa como «el extremo occidente» (Rouquie)-
representa el fin de ese largo ciclo, en el cual está concluyendo
el sueño metafísico de la búsqueda de onocimientos
absolutos. Actualmente vivimos una crisis de fundamentos o de paradigmas
en las ciencias sociales y culturales, y más aún,
nos debatimos en una crisis de la racionalidad fundante de origen
greco-romano. Todo lo cual ha contribuido a conducirnos a un impasse
de nihilismo y predominio de la racionalidad instrumental.
Esto sucede, en el complejo contexto de una revolución científico-tecnológica
y de globalización. Por una parte, es indudable que experimentamos
una revolución tecnológica sin precedentes, en el
campo de la microelectrónica, la computación, la bioingeniería,
las comunicaciones, los nuevos materiales, y otros aspectos. En
ella las máquinas no sólo están reemplazando
la energía mecánica de los hombres, como ha estado
sucediendo desde el siglo pasado, sino también en su capacidad
de realizar actividades intelectuales; por ello la inteligencia
artificial, a corto plazo, está llamada a desempeñar
un papel central cuyas consecuencias apenas podemos imaginar o prever.
De otra, los procesos de globalización han creado un sistema-mundo
en el cual las relaciones de interdependencia, de dependencia y
las relaciones asimétricas entre las sociedades se entrelazan
y conviven en un tejido a la vez rígido y en transformación.
Un mundo globalizado donde la prosperidad de unos convive con la
pobreza de los más, donde los efectos de los acontecimientos
negativos se trasmiten con más facilidad que los positivos.
Vivimos, en ese sentido, una situación paradojal, de una
parte, las nuevas condiciones tecnológicas y económicas,
y el saber científico social disponible, amplían las
esferas de acción humana y sus posibilidades de eficiencia
y de intervención de la realidad, acrecentando, a la vez,
las potencialidades de abordar y diminuir problemas sociales acuciantes
como la pobreza, las enfermedades, la contaminación, la marginación,
la desinformación, los desniveles educativos y otros. Esto
hizo pensar a Marcuse, hace algunas décadas, y con cierta
ingenuidad, que estábamos viviendo «el fin de la utopía»,
en el sentido que ahora se hacía posible lograr una buena
vida para todos.
Sin embargo, las condiciones sociales y políticas en que
vivimos restringen y condicionan considerablemente los márgenes
de libertad de las personas y las organizaciones. En la situación
actual coexisten formas de acción, sensibilidades y perspectivas
innovadoras y creativas que hacen pensar en la posibilidad de un
mundo más humano e inclusivo, como lo señala Weinstein
en su artículo, en este mismo número. Sin embargo,
éstas coexisten con los aspectos más negativos que
vienen del pasado: pobreza, desigualdades, corrupción, marginación,
discriminación, autoritarismo, intolerancia, fundamentalismos,
nacionalismos agresivos y otros.
El ideograma chino que expresa la idea de crisis tiene un doble
significado; por una parte, significa disolución y decadencia,
por otro, expresa lo nuevo, y la idea de oportunidad y desafío.
En este sentido, Pólis quiere hacer manifiesta esta complejidad.
De una parte, publicaremos ensayos de carácter crítico,
en los que se expresan las limitaciones de los discursos, y de las
realidades sociales y culturales; de otra parte, nos interesa dar
espacio al pensamiento alternativo, a la búsqueda de nuevos
paradigmas, de nuevas propuestas de pensar, de investigación,
de nuevos saberes inter y multidisciplinarios, a nuevos procesos
de formación de conocimientos, de aprendizajes que incorporen
la experiencia directa y los conocimientos espontáneamente
constituidos, en los cuales las conceptualizaciones se articulen
y enriquezcan en una relación sinérgica con las prácticas.
En este primer número, abordamos como temas centrales el
de la universidad y el debate epistemológico contemporáneo.
La elección del de la universidad es explicable por diversas
razones. La principal es que se debe potenciar la capacidad de autoreflexión
de las universidades chilenas en este período de radical
y acelerada modernización neoliberal, en el cual, cada vez
más, las universidades son identificadas con institutos profesionales
y centros de capacitación, o simplemente con empresas de
servicios educacionales. Por ello es que tiene sentido preguntarse
por la vigencia actual y por las condiciones de posibilidad de la
concepción clásica de universidad, que en términos
generales, estuvo vigente en nuestro país hasta comienzos
de los setenta, y que fue representada paradigmáticamente
por la Universidad de Chile.
La primera parte de la revista, "Lente de aproximación",
como su nombre lo sugiere tendrá un carácter monográfico,
buscando profundizar un determinado tema en cada número.
En esta ocasión aborda la temática universitaria.
La institución universitaria, la única que se conserva
del mundo medieval y colonial, concebida idealmente como comunidad
de profesores y estudiantes, requiere, sin duda, de una profunda
revisión y actualización, que compare y evalúe
su realidad actual con su concepto. Como señala Antonio Elizalde,
el Rector de la Universidad Bolivariana, en su artículo en
este mismo número, en la sociedad chilena hay una creciente
demanda a las organizaciones de lograr la mayor consecuencia entre
su discurso de misión y fines, y su realidad cotidiana.
Asimismo, las universidades nacionales deben revisar su docencia,
y su concepción de la transmisión del conocimiento,
puesto que han mostrando una gran dificultad de transformarse y
adecuarse a las nuevas concepciones del proceso educativo, las que
enfatizan los proceso de aprendizaje interactivo de construcción
de conocimientos, respecto a los de enseñanza basada en clases
expositiva, como lo muestra en su artículo Ingrid Hecker,
en este mismo número. Universidad, democracia y destino del
filósofo chileno José Echeverría, se publica
por primera vez en Chile, y es el texto de la conferencia que dictó
en 1993 cuando fue designado Humanista Residente de la Universidad
de Puerto Rico, donde realizó la mayor parte de su dilatada
trayectoria académica. Echeverría fue uno de los más
importantes filósofos chilenos contemporáneos, y la
publicación de este ensayo es un homenaje a su memoria. En
este texto, el filósofo reflexiona sobre el carácter
dialogal de la universidad, la importancia de su autonomía,
el respeto a la diversidad como la base de la democracia, la profunda
relación de sentido entre democracia y universidad, la necesidad
de que ella no sea sólo multidisciplinaria, sino que genere
saberes interdisciplinarios, y hace suya la tesis de la universidad
como conciencia crítica de la sociedad. Su tesis es que la
universidad contemporánea no puede reducir su tarea a la
formación de profesionales y la realización de investigaciones
especializadas, sino que «deberá hacerse cargo, tal
vez en cooperación con otras muchas, de abordar interdisciplinariamente
los mayores problemas que afectan a la humanidad en su conjunto,
lo cual constituye precisamente su destino». Entre ellos se
refiere a las consecuencias de las revoluciones tecnológicas
en curso, la criminalidad en las grandes ciudades, la pobreza, la
injusta distribución mundial de la riqueza y otros.
El artículo Complejidad, transdisciplina y redes: hacia
la construcción colectiva de una nueva universidad de Arturo
Guillaumín, de la Universidad Autónoma de México,
aborda la problemática de las universidades latinoamericanas,
especialmente las mexicanas. Comparte la tesis de la fragmentación
de la universidad pública, analizándola desde cuatro
vertientes: «las racionalidades y las identidades, como objeto
de estudio, la visión individualista y la falta de sistematicidad
en el ‘sistema’ de la educación superior».
Propone la idea de una nueva universidad en base a «cuatro
nodos interconectados de transformación: el cultural; el
cognitivo; el organizacional y el territorial». En lo cultural,
conviene destacar su concepción de que la universidad debe
desarrollar su propia dinámica y «navegar a contracorriente
de la nociones y signos que invaden la sociedad contemporánea».
Este aspecto es especialmente importante, pues en nuestro medio
tiende a predominar la idea de que la universidad es una organización
que proporciona servicios adaptados a las necesidades y expectativas
de sus alumnos-clientes. Asimismo, propone superar el énfasis
profesionalizante y sustituirlo por «una educación
integral y abierta».Rafael Luis Gumucio, profesor de la Universidad
Bolivariana, en su ensayo Grandezas y miserias de las universidades,
una perspectiva histórica expone una breve síntesis
de la historia de las universidades en Europa y Chile; seguidamente,
se refiere a la crisis de fin del siglo XIX comparándola
con la del siglo XX. Luego, analiza la rebelión de los estudiantes
desde Córdoba de 1918 hasta ahora.
Examina las relaciones internacionales de las universidades chilenas
y, finalmente, ofrece un diagnóstico de las principales inequidades
del sistema universitario chileno. En términos generales,
el sistema «continúa discriminando entre las universidades
y los alumnos más ricos». El autor señala que
se beneficia a los estudiantes de la educación secundaria
particular, puesto que emplea como principales indicadores de selección
la prueba Simce y la de Aptitud Académica, y se favorece
a las universidades con mayores recursos mediante el Aporte Fiscal
Indirecto (AFI).
El artículo de Ingrid Hecker, también profesora de
nuestra universidad sobre La educación en nuestro continente,
el tercer milenio y el desafío del nuevo paradigma adscribe
a la tesis del carácter de la educación como «gestión
liberadora», y cuestiona la postura positivista. Hace una
crítica del sistema educativo nacional considerándolo
caduco; a los procesos educativos por su carácter autoritario;
y se pregunta si estamos educando o escolarizando a nuestrosestudiantes,
y si en la educación somos consecuentes con una concepción
democratizadora de ella. Cuestiona un modo de educar enmarcado en
lo que denomina «el paradigma cartesiano», y propone
una perspectiva holista. Asimismo, se muestra favorable a incorporar
los niveles informales al proceso educativo, y a desarrollar estrategias
que estimulen la curiosidad y la capacidad de los estudiantes de
interrogarse y cuestionarse el saber adquirido. En vez de una educación
guiada por la normatividad del deber ser de profesores y estudiantes,
ella reivindica una orientada por «la acción liberadora
del ser en lo educativo».
Otro tema relevante en la educación universitaria es el
abordado por Carlos López, profesor de nuestra universidad,
en su artículo La enseñanza de los derechos humanos
y el derecho humanitario en la universidad. Allí se refiere
a la situación del tema de los derechos humanos en Chile,
mostrando los importantes avances de los últimos diez años,
desde el punto de vista institucional, y la relevancia del tema
en el programa del gobierno actual. En la segunda parte del artículo,
expone el rol de la universidad en la enseñanza de los derechos
humanos, el cual consiste en formar profesionales ciudadanos. Señala
la necesidad de la creación de cátedras de derechos
humanos y humanitarios en todas las universidades nacionales, mediante
la modalidad de «objetivos y contenidos transversales».
Asimismo, propone aplicar en ellas una metodología innovadora
que combine la clase teórica con la práctica de análisis
de casos.
El profesor venezolano Miguel Martínez Miguélez,
de la Universidad Simón Bolívar, aborda el tema de
la universidad, con una perspectiva distinta a las anteriores, en
su artículo La excelencia de la docencia universitaria de
hoy.
Allí cuestiona los principales déficits de la educación
universitaria actual. Después de mostrar que en la historia
de las ciencias naturales hay un proceso constante de creación
e invalidación de conocimientos, señala que en 1969,
en el Simposio Internacional sobre Filosofía de la Ciencia
de Illinois, se estableció «el acta de defunción
del positivismo lógico».
Sin embargo, en las universidades, especialmente latinoamericanas,
se sigue enseñando con una perspectiva positivista ya superada,
empleando bibliografías basadas en posiciones epistemológicas
desactualizadas. El autor propone un nuevo paradigma cuyos principios
son el reconocimiento de «la tendencia al orden en los sistemas
abiertos; la ontología sistémica; el conocimiento
personal, la meta-comunicación, la autoreferencia y el principio
de la complementariedad». Otro «peligroso monstruo»
que ronda nuestras universidades es el escepticismo postmoderno
que niega toda «generalización y principios universales».
Esta situación de conflicto con el positivismo y el escepticismo,
se ha dado a través de la historia del conocimiento desde
la Grecia clásica.
En síntesis, las universidades latinoamericanas están
enseñando muchos pseudoconocimientos ya obsoletos; se guían
por la inercia mental y no estimulan el pensamiento innovador y
divergente.
El ensayo Proceso educativos comunicativos en la enseñanza
universitaria del profesor Francisco Martínez Salvá,
de la Universidad de Valencia, se inicia con una breve y precisa
síntesis de la teoría de la acción comunicativa
de Habermas, a la cual ya se hizo referencia. Dicha teoría
implica una ética procedimental que «no se puede aplicar
directamente pues se necesita adaptarla a especificidades de distintos
ámbitos de vida». Surge la dificultad para instalar
procedimientos de racionalidad comunicativa en la enseñanza
universitaria, por la existencia de jerarquías universitarias
docentes o directivas que no aceptan que sus enunciados puedan ser
examinados libremente y cuestionados.
Seguidamente, el autor nos ofrece «propuestas de reflexión
para un diseño educativo universitario comunicativo».
Este requiere conocer las características y disposiciones
de los estudiantes de los cursos relacionados con estos procesos.
Los docentes tiene la principal responsabilidad en generar un clima
de confianza y afectividad, necesario a estos procesos. Se trata,
nada menos, que de la creación de «una auténtica
comunidad de aprendizaje, donde los componentes del grupo se sientan
completamente integrados en el procesos de construir conocimientos».
Ser bolivarianos a fines del siglo 20, es el texto de la Clase
Magistral de inauguración del año académico
de 1999, ofrecida por Luis Weinstein en la Universidad Bolivariana.
Empieza refiriéndose a la figura de Bolívar, y a su
sueño del la integración latinoamericana. Señala
que actualmente «la integración pasa a ser una propuesta
más amplia, la de asumir la escala humana, la de optar por
la humanización»; esto se expresa en la amistad por
la Universidad Bolivariana y con Bolívar. Nos permite compartir
su experiencia de vida mediante la presentación de diversas
viñetas que se inician a fines del siglo pasado, con la llegada
a Argentina de los abuelos del autor, y prosigue a través
de distintos hitos históricos.
Su experiencia le indica que «el siglo veinte nos muestra
avances en el desarrollo de las personas, en la gran ecología
de la relación del ser humano con los otros, con la naturaleza,
con la trascendencia, consigo mismo». Realiza un conjunto
de invitaciones a sus lectores. Entre ellas podemos mencionar: «el
reconocimiento de potencialidades y límites en las personas,
los grupos en el desarrollo; el reconocimiento de la doble condición
de fragilidad de valor del ser humano; estamos en el ser e, inevitablemente,
en el tener; y, necesitamos distinguir entre lo abordable y lo que
trasciende las posibilidades humanas».La primera parte de
la revista dedicada al tema de universidad se cierra con el artículo
Hacia una universidad extendida de Antonio Elizalde, sociólogo
y Rector de la Universidad Bolivariana. En su primera parte Esbozo
de una propuesta sistémica para la educación universitaria,
señala que esta universidad en su corta existencia «ha
buscado desarrollar una identidad que, a la vez, que la encarne
en la sociedad a la cual pertenece, por otra parte, le permita asumir
un carácter o identidad cuya singularidad y especificidad
constituyan un aporte de novedad en nuestra sociedad». Una
de las vías de inserción ha sido ligarse al barrio
Yungay, donde se instaló desde hace algunos años,
y realizar allí diversas formas de intervención, las
principales de las cuales son el Centro de Atención Psicológica
y la Clínica Jurídica. La universidad se ha propuesto
lograr coherencia entre su misión y fines, y la actividad
académica de sus unidades; realizar lo que otras universidades
no pueden hacer; y, a la vez, formar profesionales que no sólo
tengan competencias profesionales, sino una especial mirada sobre
la realidad y un compromiso ético con el cambio social.«Los
ejes de la posible transformación son dos: el paso de lo
abstracto y universal a lo concreto y singular: el papel de las
prácticas y el paso de los principios y valores al compromiso
cotidiano». Debe superarse el carácter abstracto e
idealizado de las prácticas educativas, incorporando el conocimiento
tácito, mediante aprendizajes significativos y, a la vez,
transitar hacia una educación en valores y para el cambio
social. Esto implica desarrollar las capacidades de escritura de
los estudiantes, y sustituir el sistema tradicional de asignaturas
por el de áreas temáticas, en las cuales el estudiante
se incorpora paulatinamente a procesos investigativos.En la segunda
parte del artículo Propuestas de ejes de contenido para la
Universidad Bolivariana se señala que estamos entrando en
una fase de transformación de la actividad universitaria,
especialmente la docencia, por la incorporación de internet,
y el uso de variadas técnicas computacionales. El alumnado
de la Universidad Bolivariana está compuesto, en su mayor
parte, por estudiantes-trabajadores que llegan a ella, habitualmente,
con bajos puntajes en la PAA y con déficits de formación.
La universidad no cuenta con los recursos para financiar intensivos
«propedéuticos intrauniversitarios», aunque está
incorporando asignaturas propedéuticas, pero ofrece una buena
e innovadora formación basada en: un «fuerte énfasis
práctico en los procesos formativos; inserción comunitaria»
mediante el Centro Yungay; «calidad humana e intelectual de
nuestros equipos académicos y directivos», y una docencia
inspirada en «algunas ideas fuerzas de enorme radicalidad
alternativa: desarrollo a escala humana, economía solidaria,
economía ecológica, uso alternativo del derecho, etc».
La docencia de esta universidad busca incorporar la dimensión
valórica para reforzar valores consensuales (justicia, libertad,
verdad, derechos humanos, democracia y otros), minimizar contravalores
(racismo, discriminación y otros) y favorecer el debate y
opción de los estudiantes respecto a valores controvertidos
como la competencia, castidad y otros. Elizalde hace suyo el planteamiento
valórico, elaborado por un grupo de educadores latinoamericanos
en Dakar, en el cual participó, quienes afirman: «el
valor supremo de la persona y la búsqueda de un sentido a
la existencia; el sentido comunitario de la vida; la multiculturalidad
y la interculturalidad; la apertura y valoración de formas
de conocimiento y de aproximación a la realidad que trascienden
la racionalidad instrumental; la libertad; el trabajo; y la búsqueda
del «otro» en la construcción de un «nosotros».
Asimismo, el autor destaca la importancia de que la educación
asuma la dimensión epistemológica, y la postura de
que «la verdad es una construcción social». Por
ello, hace suya la postura expresada por Miguel Martínez
en el artículo ya comentado, sobre la necesidad de elaborar
un nuevo paradigma para la ciencia y comprensión de la realidad.
Asimismo, señala que la docencia de la universidad busca
incorporar la dimensión práctica la cual «requiere
preferentemente de procesos de aprendizaje en el hacer, en los cuales
la centralidad está en el proceso de acompañamiento
a dichos procesos».La segunda parte de la revista se ha denominado
«Cartografías para el futuro». Como su nombre
lo indica contiene cuatro textos exploratorios que buscan generar
nuevos formas de saber: sobre la relación entre modelos cultural,
jurídico y educativo en referencia al tema de género;
sobre la subjetividad psicológica; respecto a lo económico
comprendido sistémicamente, y por último una nueva
concepción de la política «como discrepancia
radical».
El artículo ¿Género en la justicia o justicia
de género? de Manuel Jacques, abogado chileno y Vicerrector
Académico de la Universidad Bolivariana, formula un análisis
crítico de la relación entre modelo cultural, jurídico
y educativo señalando que, bajo el actual paradigma de la
civilización vigente, tanto la dimensión jurídica
como la educativa tienden a subordinar el componente de género.
Desde esta afirmación, propone criterios estratégicos
tanto en el campo jurídico, educativo y de género
para abordar globalmente esta interrelación, y sugiere mecanismos
para avanzar hacia una nueva matriz civilizatoria, en la cual se
promueve al sujeto como eje productor de saberes, cultura y derecho.Horacio
Foladori, Director de la Escuela de Psicología de nuestra
universidad, en su artículo ¿Qué psicología
elegir? Algunos problemas epistemológicos, ofrece una reflexión
sobre la situación actual de la ciencia psicológica,
desde la perspectiva de la teoría de la ciencia. Reconoce
que la psicología está muy lejos de ser un campo unificado
por la multiplicidad de corrientes y de escuelas, «que decididamente
no son concordantes entre sí», situación similar,
actualmente, a la de otras ciencias. El origen de esta diversidad
remite a «concepciones de mundo, a formas de objetivar lo
humano, a posturas filosóficas, e ideologías e intereses
particulares». El autor se refiere a los problemas que presenta
el objeto de estudio de la psicología, la cuestión
de la implicación del observador, el de el aspecto ético,
el de la causalidad, el problema de la naturaleza humana y del lenguaje,
y el problema de la historia, la historización y la interpretación
de sus hechos.El texto del economista español Rodrigo Jiliberto,
de la Consultora Tau de Madrid, Infructuosidad, intuición
y reduccionismo. Fundamentos para una economía ecosistémica
es el más extenso, y el más complejo teóricamente.
El autor cuestiona la concepción prevalente de la economía
que «se cimienta en una circularidad epistemológica
de hierro». Esta reside en la conexión entre la visión
mecánica y objetivista del mundo con el problema económico»
u objeto de estudio que fundamenta tal visión «objetual»,
la descripción de «lo natural» que se deriva
de ese objeto económico de análisis». La concepción
habitual de la economía como ciencia de la asignación
de recursos escasos supone un paradigma dual sujeto-objeto, al cual
ya se hizo referencia en relación a la teoría de la
acción comunicativa. Sin embargo, detrás de esa visión
objetual de las distintas ciencias naturales «se descubren
realidades menos delimitadas, un tránsito continuo, un devenir
que las aleja cada vez más de aquellas entidades objetivas
últimas».Pensar sistémicamente, en una realidad
sistémica, implica ciertos condicionantes epistemológicos,
«los sistemas tienen sus propias lógicas y hay que
pensar según ellas», por tanto el problema económico
ya no es el mismo que en el paradigma anterior. Una nueva economía
ecosistémica requiere de un «nuevo paradigma analítico
de ‘lo económico’. Jiliberto sostiene que es
necesario elaborar «una ontología sistémica
como fundamento de una economía sistémica»;
ésta consiste en una teoría sobre la realidad de los
sistemas como entidades abiertas. Esta propuesta podría ser
interpretada como la sustitución de la ontología analítica
por una ontología sistémica, permaneciendo siempre
dentro de los límites del pensar metafísico.La nueva
economía ecosistémica sustituye el concepto actual
de optimización por otro nuevo, pensado sistémicamente.
«El sistema de producción de utilidad» de la
economía objetual, se manifiesta, desde esta perspectiva
sistémica como una articulación de tres subsistemas
con tres momentos: orden, desorden y organización. El problema
de la optimización en una economía ecosistémica
nos lleva a determinar cual es el objeto de la nueva economía.
Este es «la definición de los procesos de gestión
de la información del sistema de producción de utilidad
que maximizan su recursividad y aseguran su supervivencia como sistema
antrópico». De este modo, la reproducción de
la naturaleza y del hombre ya no entran en contradicción
con la maximización de utilidades como en la economía
objetual, sino que está se articula a la reproducción
de dicho sistema en su complejidad.La política de la discrepancia
radical de Bosco Parra, es el último ensayo de «Cartografías
para el futuro», y constituye un aporte en un tema sobre el
cual se está produciendo una creciente bibliografía.
El autor se pregunta cómo es posible hacer una lucha anticapitalista
«en condiciones de expansión del capitalismo, situación
similar a la que vivieron los primeros socialistas utópicos.
Su repuesta fue entonces la de experimentar autónomamente
formas económicas y sociales de solidaridad y mutualidad,
la creación de un orden propio», manteniendo una cierta
indiferencia frente a los sistemas sociopolíticos vigentes.
Actualmente, una parte del movimiento ecológico realiza algo
similar: denuncia la magnitud del daño producido al ecosistema,
y a la vez está experimentando con «valores alternativos».
«Una política de la discrepancia radical» cuestiona
y denuncia los riesgos y daños de la actual expansión
capitalista sobre el hombre y la naturaleza. A los disidentes les
corresponde a la vez «organizar de manera autónoma
su vida y sus labores». El autor analiza algunas «tomas»
de sitios por pobladores sin casa en Chile, en las cuales ha habido
un «trabajo» permanente de organización, y donde
se han desarrollado formas de autogobierno. Si se logran resultados
sólidos en este aspecto, se hace posible, mediante la negociación,
alcanzar un arreglo exitoso. Desde el punto de vista teórico,
desde la conceptualización deLocke, puede decirse que «se
ha constituído un cuerpo político cuya eficacia dependerá
de la forma en que resuelva sus problemas internos, y regule las
relaciones de conflicto y cooperación que deberá entablar
con el medio estatal del que ahora se distingue». Locke ha
mostrado las ventajas de la asociación política ya
mencionada: «la nueva entidad actúa como un cuerpo»,
se crea «una autoridad que pueda manejar racionalmente los
conflictos externos», y se maximizan los efectos positivos
para la vida del trabajo realizado por el grupo.La tercera parte
de la revista está dedicada a «Propuestas y avances
de investigación» que se están efectuando en
la Universidad Bolivariana, y se compone de tres artículos.
Ellos son una muestra de la diversidad de investigaciones que se
están realizando en ella. No se ha incluido artículos
sobre estudios antropológicas, pues éstos están
apareciendo en la revista Austerra de su Escuela de Antropología.
María Inés Arribas, profesora de la Universidad de
Chile, y Jorge Vergara Estévez de la Universidad Bolivariana
y de la Universidad de Chile, presentan su artículo Modernización
neoliberal y organizaciones del Tercer Sector en Chile, el cual
es un ensayo preparatorio en la elaboración de un proyecto
de investigación sobre el tema. La primera parte es un estudio
breve sobre la modernización neoliberal en Chile en el cual
se muestran sus principales logros, pero también sus déficits
y limitaciones en los aspectos económicos, en la calidad
de vida, en la relación entre el sistema institucional y
la subjetividad, en la salud mental de los chilenos y en su sociabilidad.
La conclusión de este breve análisis es que la modernización
neoliberal ha significado una alta tasa de crecimiento económico
y de mejoramiento de los niveles de vida, para una parte importante
de la población, en varios aspectos: ha mejorado el acceso
a la educación, a bienes de uso durable, a la vivienda, al
agua potable, han aumentado las expectativas de vida, el acceso
al crédito, etcétera. Sin embargo, en otros aspectos
significativos esta modernización ha significado un deterioro
de la calidad de vida, puesto que ha producido una redistribución
regresiva del ingreso; mantiene bajos niveles de remuneraciones
para la mayoría de la población; favorece altos niveles
de endeudamiento privado en los sectores medios y de bajo ingreso;
conserva un alto nivel de desempleo real; ha aumentado la cobertura
de la educación, pero ha bajado su calidad, en varios aspectos.
Por otra parte, ha empeorado la situación previsional; ha
contribuido a acrecentar los niveles de delincuencia; ha aumentado
de la contaminación; ha traído una grave caída
de todos los indicadores de salud mental; ha favorecido el aumento
de la intolerancia y la discriminación. Asimismo, ha producido
una situación de subordinación de la subjetividad
a las lógicas institucionales; ha inducido un decrecimiento
de la sociabilidad y de los niveles de integración social
y ha favorecido un proceso intensivo de aculturación desde
la cultura norteamericana. Todo esto ha generado un malestar de
la población, acompañado del sentimiento de que no
es posible modificar esta situación, lo que explicaría
que las expresiones de disconformidad sean relativamente escasas.
En la segunda parte del artículo, se exponen los resultados
del estudio exploratorio sobre tres pequeñas organizaciones
locales; una compuesta por pescadores huilliches, otra es una junta
de vecinos de Bellavista en Santiago, y la tercera es el Centro
Yungay de la Universidad Bolivariana. La hipótesis de trabajo
que guió este estudio exploratorio fue que, presumiblemente,
una parte de las organizaciones del Tercer Sector, las que funcionan
con mayores grados de autonomía respecto al Estado y el mercado,
y se basan en identidades culturales, potencian dichas identidades,
refuerzan su sociabilidad y tienden a realizar valores innovadores
respecto a los que guían las organizaciones funcionales del
Estado y del mercado. Dicha hipótesis fue corroborada por
el estudio exploratorio mencionado.
Luis Razeto, sociólogo y Vicepresidente de la Junta Directiva
de nuestra Universidad en su artículo Desarrollo económico
y economía de la solidaridad. El desarrollo como expansión,
transformación y perfeccionamiento de la economía
del tiempo presenta una parte de su investigación, ya finalizada,
sobre el mismo tema. El autor muestra «el estado de abandono
teórico que se encuentra la cuestión del desarrollo,
a partir de las críticas que, desde los enfoques neoliberal
y ecologista, se han hecho a las teorías y estudios sobre
el tema, de las décadas anteriores». Seguidamente,
aborda el tema de la crisis del desarrollo en el mundo y expone
las principales consecuencias de los actuales procesos de crecimiento:
«aumento de la pobreza, desocupación creciente, desarticulación
del orden social, violencia e inseguridad ciudadana, deterioro del
medio ambiente, desmejoramiento de la calidad de vida, irracionalidad
demográfica».
Analiza, seguidamente, distintas respuestas y alternativas que
se han presentado frente a la crisis del desarrollo: la de entregar
todas las decisiones económicas al mercado, la propuesta
del «crecimiento cero», «el control demográfico,
el concepto de desarrollo sustentable, evidenciando sus respectivos
aportes e insuficiencias. A continuación, muestra la necesidad
de elaborar un nuevo paradigma de desarrollo y redefine su concepto
«como transformación y perfeccionamiento de la economía
en el tiempo». Razeto explícita la importancia de pensar
sobre los objetivos del desarrollo, puesto que la reflexión
sobre éste ha estado abocada al problema de las «vías,
modelos y estrategias», y no ha traído la paz, el bienestar
y realización que se esperaba del desarrollo.
Pedagogía universitaria y anverso geneológico, Michel
Foucault, de Sergio Witto, profesor de la Universidad Bolivariana,
es parte de una investigación sobre «el apoderamiento
de un lugar propiamente pedagógico y universitario a la vez».
No sería adecuado intentar resumir un texto de reflexión
con este carácter y lenguaje; por ello sólo destacaremos
algunas de sus temáticas y problemáticas relevantes.
Una es la idea de que la geneología de Foucault explicita
los mecanismos instalados institucionalmente. Otra se refiere al
tema de lo concreto donde Witto comenta un texto de Thayer, el cual
examina la posición de Marx en la Introducción general
a la crítica de la economía política de los
Grundisse.«Las prácticas institucionales han podido
modular el poder, produciendo nuevos saberes en apariencia disímiles»,
como se muestra en el caso de la psicoterapia institucional de los
hospitales psiquiátricos. El autor se plantea si en Foucault
hay una topología del poder, y problematiza el concepto de
represión.
La cuarta sección de la revista «Bosquejo de una nueva
epísteme» está constituida en este número,
por un dossier de seis artículos breves, de importantes científicos
y epistemólogos de las ciencias naturales: Calandra, Feyerabend,
Feynman y Popper, en los cuales se discute la noción de ciencia.
La reproducción de estos textos breves se justifica por su
calidad, su carácter innovador y polémico, y el hecho
de que son de difícil acceso en nuestro país. Su publicación
busca contribuir a problematizar la idea de ciencia en nuestra universidad,
y ojalá en otras universidades. En diversos cursos universitarios
aún se exponen concepciones positivistas ya superadas, que
mitifican la ciencia y el conocimiento científico, por ejemplo,
antiguos textos introductorios de Bunge.
El artículo ¿Se puede medir un edificio con un barómetro?
relata la interesante experiencia del físico Alexander Calandra.
En una ocasión, se le pidió que fuera árbitro
de un debate entre un profesor universitario de física y
uno de sus talentosos estudiantes. Este no había contestado
como el profesor le había enseñado respecto a la forma
de medir la altura de un edificio con un barómetro.
Este instrumento que mide la presión atmosférica
permite también calcular la altura de un edificio, si se
hacen mediciones en la terraza de éste y en su planta baja,
y se aplica a estos datos una determinada fórmula. El estudiante
hizo algo inesperado para el profesor: llevó el barómetro
a la terraza lo ató a una cuerda y midió el largo
de ésta cuando el barómetro se depositó en
el suelo. El profesor quería reprobarlo porque no había
respondido haciendo las mediciones y aplicando la fórmula,
el alumno argumentaba que había dado la respuesta correcta:
había hecho la medición usando el barómetro,
aunque no del modo que le habían enseñado. Cuando
se le pidió al alumno que diera otra respuesta lo hizo, e
incluso ofreció varias otras que cumplían lo pedido.
Dijo conocer la respuesta que el profesor le había enseñado,
pero que estaba cansado de los profesores que pretendían
enseñarle a pensar, en lugar de enseñarle la estructura
de la materia.
Se han reproducido dos artículos del polémico epistemólogo
norteamericano Paul Feyerabend. El primero Cuán equivocada
es la ecología de los filósofos es una respuesta negativa
a la petición de la revista Telos de un artículo sobre
ecología y epistemología.
El autor expone varios ejemplos en los cuales se muestra que los
médicos, al realizar determinadas operaciones o prescribir
ciertos tratamientos, no consideran las evaluaciones que han mostrado
que éstos no son eficaces, ni mejoran la situación
del paciente. Los científicos proceden de modo similar cuando
eligen entre distintos programas de investigación tecnológica,
de acuerdo a una variedad de criterios, en los cuales no se considera
«si tal solución será grata a las personas que
tienen que vivir y hacer las cuentas cotidianamente con ella».El
autor se refiere a la innovadora experiencia de incorporar filósofos
a las comisiones que seleccionan proyectos de investigación
científica, pero señala que el debate continúa
produciéndose sólo entre expertos. Nadie piensa en
«preguntar su parecer a los seres humanos directamente involucrados
en los mismos, primeros y únicos en padecer las consecuencias».
El autor duda «que las instituciones defectuosas puedan ser
modificadas de un modo puramente intelectual, mediante argumentos».
Por tanto, es más dudoso aún que la acción
ecológica pueda progresar y ser estimulada por la filosofía
ecológica. Los científicos, filósofos y otros
expertos del conocimiento tienen tendencias dogmáticas y
totalitarias. «La acción ecológica debe nacer
del sueño, de los problemas, temores, esperanzas de los pequeños
grupos y no de la filosofía anónima de pensadores
«objetivos».
El segundo artículo de Feyerabend Cómo defender la
sociedad de la ciencia tiene por objetivo «defender a la sociedad
y a todos sus habitantes de toda clase de ideologías, incluyendo
la ciencia». Por ello, propone considerar los discursos científicos
como «cuentos de hadas». Sostiene que éstos «tienen
un montón de cosas interesantes que decir, pero contienen
también maliciosas mentiras o prescripciones éticas
que pueden ser útiles como reglas prácticas, pero
que son mortíferas cuando se las sigue al pie de la letra».
Señala que la ciencia ha estado identificada con la Ilustración
durante los siglos XIX-XX, y que hasta Levi-Strauss, los pensadores
no incluyen a la ciencia en su crítica a las ideologías.
Se pregunta el autor si son víctimas de una quimera. La ciencia
tuvo un papel emancipador durante los siglos XVII-XVIII, pero ella
no es inherentemente liberadora. Actualmente, constatamos una sacralización
de la ciencia en la educación, en la opinión pública
y en los gobiernos que la ha hecho tan opresiva como las ideologías
que combatió en el pasado.
Rechaza la explicación que la ciencia se ha hecho rígida
porque ha encontrado la verdad. Esta no nos obliga a seguirla, aunque
así fuera. Se dice que la ciencia ha encontrado el método
correcto de investigación y que ha obtenido muchos resultados.
Feyerabend rechaza que exista un método único de las
ciencias.
Cuestiona la postura de Popper: si se aceptara sus normas de cientificidad
habría que eliminar todas las teorías, incluida la
de Kuhn pues nunca ha habido períodos de ciencia normal;
y señala que Lakatos no ofrece una metodología.La
ciencia obtiene resultados, pero otras formas de saberes y prácticas
también los logran. Asimismo, los consigue con ayuda de otros
factores tecnológicos y culturales. «No hay argumento
para justificar el rol de la ciencia en la sociedad». La ciencia
ha logrado cosas, pero también lo han hecho otras ideologías;
procede sistemáticamente, pero también lo hacen las
religiones y sabidurías orientales. La ciencia es sólo
una de las ideologías sociales, por ello hay que separar
la ciencia del Estado. Se puede consultar a los científicos
frente a muchos problemas, pero las decisiones deben tomarla asambleas
de representantes legos elegidos democráticamente.
El destacado físico Richard Feynman en su conferencia ¿Qué
es la ciencia? trata de trasmitir a sus oyentes su notable experiencia
infantil de aprendizaje de la ciencia con su padre, el cual le enseñaba
reflexionando y preguntándole a partir de la experiencia
y la observación directa. Critica un libro escolar que intenta
introducir el concepto de energía preguntando a los niños
que mueve un juguete y un animal. Dice que ese es un modo abstracto
y místico de intentar enseñar ciencias, en vez de
hacerlo de manera motivadora y comprensiva.Haciendo una reflexión
histórica del origen del conocimiento humano concluye que
«la ciencia es el resultado de descubrir que es valioso volver
a comprobar lo logrado mediante las experiencias pasadas»
de la humanidad.
Asimismo, escribe que «la ciencia nos enseña el valor
del pensamiento racional y la importancia de la libertad de pensamiento»,
pues siempre tenemos que poner en duda el conocimiento recibido.
El autor no está de acuerdo que se diga «la ciencia
enseña esto o aquello», pues la ciencia no enseña
nada, sino la experiencia; por ello es que dice a sus lectores que
«todos ustedes tienen derecho a juzgar si se ha llegado a
conclusiones razonables a partir de la experiencia». Contrariamente
a lo que se dice, Feynman sostiene la paradojal opinión de
«que vivimos en una edad acientífica en la cual casi
todo lo que ofrecen las comunicaciones, las palabras y los libros,
es acientífica. Y como consecuencia, existe una increíble
tiranía intelectual en nombre de la ciencia», conclusión
opuesta a la de Feyerabend en el artículo descrito precedentemente.
El artículo En la tribu de los científicos de Marcelo
Mendoza es un comentario de un libro del filósofo, sociólogo
y antropólogo francés Bruno Latour escrito con el
sociólogo Steve Woolgar, el cual fue el resultado de una
investigación de observación participante que Latour
realizó, durante dos años, en el Laboratorio de Biología
del Salk Institute de California dedicado a la endocrinología.
Este es la primera vez que se estudia la actividad de los científicos
en su medio natural. Esta investigación se inscribe en la
línea más radical de sociología del conocimiento.
La obra muestra que la imagen de la actividad de los científicos
naturales como investigadores neutrales y ajenos a valores e intereses
no es correcta. Latour estudió esta comunidad de científicos
con la misma metodología con que los antropólogos
estudian las tribus. Su objeto de investigación fue «la
construcción social del conocimiento científico»,
es decir, los procesos mediante los cuales los científicos
dan sentidos a sus observaciones.El primer resultado sorprendente
fue que la actividad principal de estos científicos es la
de ser «lectores y escritores de literatura endocrinológica»,
y no lo es la experimentación en el laboratorio. «El
arte de la persuasión ocupa un lugar importante en la elaboración
de la ciencia. Son tan habilidosos que se las arreglan para convencer
a los demás, no de que los están convenciendo, sino
que simplemente están interpretando en forma consciente los
datos disponibles, de que no hay mediación entre lo que se
dice y la verdad». El problema de estos científico
es persuadir a sus lectores especializados de que deben aceptar
sus enunciados como hechos. Sin embargo, éstos se construyen
discursivamente, pero son presentados como si fueran sólo
externos, no se pudieran modificar a voluntad y no fueran susceptibles
de cambios. «La ‘exterioridad’ es consecuencia
del trabajo científico y no su causa». «La construcción
de los hechos científicos es un proceso que consiste en generar
textos cuyo signo (estatus, valor, utilidad, facticidad) depende
de la interpretación posterior». En síntesis,
Latour y Woolgar mostraron que lo fundamental de la práctica
científica es la producción de discursos, y en este
sentido son análogas a las ciencias sociales.
El último texto reproducido es una conferencia ofrecida
por Karl Popper, con ocasión del otorgamiento del doctorado
Honoris Causa de la Universidad Complutense de Madrid. Popper es
tal vez la figura más influyente y polémica de la
epistemología del siglo XX. En este texto El conocimiento
de la ignorancia se pregunta si aún podemos decir que mantiene
vigencia la tesis socrática de que «la sabiduría
consiste en el conocimiento de nuestra propia ignorancia»,
en una época en que aumenta exponencialmente el conocimiento
científico. Señala que «el conocimiento científico
no es un conocimiento cierto. Consiste en conjeturas inciertas.
El científico no sabe, simplemente supone». La mayor
parte de los nuevos logros científicos aumenta el número
de problemas no resueltos y acrecienta su complejidad. Con ello
se multiplica al infinito nuestra ignorancia.
Se dice que actualmente sabemos más, sin embargo, probablemente
ninguno de nosotros sabe más individualmente, sino que sabemos
que se conoce mucho sobre diversas cosas. Asimismo, «nuestro
anticuado conocimiento personal consiste en teorías que se
han demostrado falsas». Popper concluye, entonces, que la
tesis socrática tiene plena vigencia. El autor presenta una
tesis sobre el desarrollo del conocimiento científico: éste
requiere del diálogo racional, con una actitud a la vez ética
y epistemológica basada en la tolerancia, y consiste en tres
principios. El primero es el principio de la fabilidad de nuestros
conocimientos: «quizá yo esté equivocado, y
quizás usted tenga razón, pero, desde luego, ambos
podemos estar equivocados». El segundo es el principio del
diálogo racional: debemos poner a prueba nuestros enunciados
mediante razones en favor o en contra. «Esta actitud crítica
a la que estamos obligados a adherirnos es parte de nuestra responsabilidad
intelectual». El tercero es el de acercamiento a la verdad
con ayuda del debate: las discusiones críticas impersonales
mejoran «nuestro entendimiento incluso en aquellos casos en
los que no llegamos a acuerdo». El texto termina con una propuesta
de una nueva ética profesional basada en los conceptos de
verdad, racionalidad y responsabilidad intelectual. La última
parte de la revista está dedicada a «Comentarios de
libros»; y en los próximos números esta sesión
se ampliará, puesto que los docentes y estudiantes necesitan
enriquecer sus referencias bibliográficas. En esta ocasión,
la profesora Ingrid Hecker, de nuestra universidad, nos ofrece un
análisis de The History of Universe de Thomas Berry, y Leopoldo
Montecino, también profesor de la universidad, comenta La
riqueza y la pobreza de las naciones de Davis Landes. Ambos textos
son complementarios a dos artículos de este mismo número.
El de Ingrid Hecker a la temática de la búsqueda de
un nuevo paradigma, que es un tema central en el artículo
de Miguel Martínez; y el de Leopoldo Montecino está
dedicado al tema del desarrollo económico, también
analizado por Razeto.
Este primer número de la revista ha sido el resultado de
un esfuerzo grupal. En primer lugar, no habría sido posible
sin la perseverancia y decisión del Rector Antonio Elizalde,
quien definió, en importante medida, el carácter de
la revista y seleccionó parte importante de los artículos,
y con el cual trabajamos en muchas sesiones. Expresamos nuestro
reconocimiento a los colegas de la universidad que escribieron sus
artículos, especialmente, para esta publicación. A
los colegas extranjeros cuyas valiosas contribuciones constituyen
parte importante de este número. El Dr. Hermes Benítez
de la Universidad de Alberta que nos cedió su traducción
al español del artículo de Feyerabend Cómo
defender a la sociedad de la ciencia. Martha Dominguez, ex-secretaria
de Rectoría, nos prestó una importante cooperación,
a través de todo el proceso de elaboración de la revista,
especialmente en el trabajo computacional. Juan Peñafiel
y María Isabel González cooperaron con nosotros, en
la parte computacional. Sandra Acosta con paciencia y dedicación
nos ayudó en las últimas correcciones en el computador.
A todos ellos les expresamos nuestro reconocimiento más cordial.
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