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Polis, Revista de la Universidad Bolivariana,
Volumen 1 Número 2, 2001
SOCIEDAD CIVIL Y CONSTRUCCIÓN DE CAPITAL SOCIAL EN AMÉRICA
LATINA: ¿HACIA DÓNDE VA LA INVESTIGACIÓN?
Ponencia presentada a la 4ª Conferencia Internacional
de la International Society for Third Sector Research (ISTR). Dublín,
5 al 8 de julio 2000. E-mail:delamaza@entelchile.net
Gonzalo de la Maza E
Sociólogo. Fundación Nacional de Superación
de la Pobreza
* * *
Introducción
En el último tiempo han comenzado a circular en América
Latina algunos trabajos de investigación cuantitativa dedicados
al "tercer sector", refiriéndose con ello al llamado
"sector no lucrativo" compuesto por organizaciones privadas
pero que no se comportan como las empresas tradicionales: no reparten
utilidades, ni buscan obtenerlas. Es una tendencia relevante, por
cuanto la emergencia de este sector en la región no ha sido
acompañada de un análisis de la envergadura real que
éste tiene. Cuando se habla de "sector privado",
se está haciendo referencia a las empresas y no se considera
la existencia de "otro mundo privado" que tiene otras
finalidades y cumple otras funciones sociales. Para ello es importante
investigar, llegado a una etapa de cierto desarrollo, las magnitudes
organizativas y de acción que alcanzan las entidades de este
sector. Este artículo discute algunas de las conceptualizaciones
utilizadas para fundamentar investigaciones recientes, proponiendo
hipótesis que den una base sólida a esta necesaria
estrategia de investigación.
Las tendencias recientes de la investigación y reflexión
sobre la sociedad civil y el tercer sector han enfatizado su dimensión
cuantitativa y la han asociado con el concepto de "capital
social". La hipótesis subyacente señala que a
mayor densidad asociativa, mayor sería el "capital social
disponible" en una comunidad. En este texto demostraremos que
no hay evidencias en los principales trabajos cuantitativos para
sostener esa hipótesis y que para vincular a las organizaciones
de la sociedad civil con el "capital social" es necesario
comprender la significación y el alcance de las mismas y
no sólo -ni necesariamente- su cantidad y perfil. El modo
como se ha encarado la cuantificación privilegia la dimensión
económica del "tercer sector" y resulta funcional
a las necesidades de desarrollo, tal como éstas son planteadas
por organismos internacionales, que buscan incorporar nuevas dimensiones
a las propuestas de superación de la pobreza y desarrollo.
Pero no se han resuelto cuestiones teóricas básicas
que permitirían aclarar la relación entre la sociedad
civil, el tercer sector y el capital social y que son decisivas
para orientar la investigación cuantitativa (pues sólo
se puede contar algo que está definido previamente). Planteamos
que es necesario reorientar la investigación sobre sociedad
civil hacia la descripción y comprensión de la estructura
interna de las sociedades civiles en la región y hacia la
vinculación entre esta estructura y las grandes transformaciones
socioeconómicas que la determinan en su conformación
y alcance. Sólo considerando esos factores, podremos establecer
hipótesis plausibles acerca de la relación entre una
"sociedad civil organizada" y una "disponibilidad
de capital social".
El término "capital social", a pesar de haber
sido usado por Bourdieu en 1980, sólo ha cobrado cierta notoriedad
a mediados de los noventa. Los términos a veces parecen intercambiables:
"sociedad civil", "tercer sector", "sector
no lucrativo" y "capital social", "asociatividad",
etc. Esa confusión conceptual no sería mayormente
relevante y materia de especialistas, si no fuera porque rápidamente
se está dando el siguiente paso: una vez que se ha decidido
usar el concepto de "capital" para aplicarlo a la sociedad,
ahora corresponde cuantificarlo, saber quien tiene y cuanto tiene.
En el contexto del triunfo del capitalismo, ésta puede ser
una rúbrica de ese triunfo. Una especie de medalla al mérito.
El asunto de la cuantificación en sí mismo plantea
principalmente problemas metodológicos: ¿cómo
contar la sociedad? o, ¿cómo mensurar la "densidad",
el "peso", la "masa crítica" de una sociedad
determinada? Sin embargo, más allá de la metodología,
el problema es que se ha relacionado esas magnitudes numéricas
–de no se sabe bien qué- con una suerte de "energía
social", tampoco conceptualmente esclarecida, pero políticamente
relevante, un factor de la acción social y política.
Examinaremos aquí tres trabajos recientes, muy diferentes
entre sí, innovadores en su enfoque, para determinar qué
es lo que cuantifican y cuales son las interpretaciones válidas
que puede darse a esos resultados. Luego analizaremos críticamente
la noción misma de capital social e intentaremos una explicación
de la asociación de términos que se ha producido.
Finalmente aportaremos datos de nuestra propia investigación,
para mostrar factores determinantes de la relación entre
magnitudes asociativas y "capital social".
I
El primer texto es el de Mario Roitter, Regina Rippetoe y Lester
Salamon, Descubriendo el sector sin fines de lucro en Argentina
(CNP/ CEDES 1999). Este presenta los primeros datos del proyecto
comparativo sobre Tercer Sector de la John Hopkins University y,
por lo tanto, comparte las definiciones comunes a este proyecto:
definen el universo de investigación como "sector sin
fines de lucro"1 y se centran sobre "su estructura e importancia
económica". En sus términos se trata de reconocer
un "sector" económico compuesto por "una amplia
variedad de instituciones sociales que operan por fuera del estado
y del mercado" (op.cit.: 3). Como se sabe, los autores reconocen
cinco características en ese sector: organizaciones formales,
privadas, no distribuyen ganancias, autónomas y que incorporan
trabajo voluntario.
Luego de examinar la "vigorosa fuerza económica"
del sector (5% del PIB, 395 mil empleos asalariados y un millón
y medio de voluntarios), los autores establecen dos conlusiones
que son importantes para nuestra hipótesis. En primer término
que "la heterogeneidad es el rasgo dominante de las organizaciones
que conforman el sector sin fines de lucro, considerando sus funciones,
el tipo de servicios que prestan y sus características estructurales"
(Ibidem: 16). En segundo lugar "desde una óptica que
no subordina la importancia al tamaño, puede afirmarse que
la significación de estas organizaciones también debe
ser evaluada por su contribución a la integración
de la sociedad, por su creciente rol en las diversas instancias
de ejecución de políticas sociales y por su potencialidad
para generar un espacio económico y social en el que predomine
la reciprocidad y la solidaridad" (Ibidem 18).
A pesar de las prevenciones explícitas de los autores para
distinguir campos de aplicación, el estudio comparativo de
la John Hopkins ha sido utilizado precisamente como indicador de
la "fortaleza de la sociedad civil" y se ha tomado su
contabilidad económica de lo heterogéneo, como si
se tratara de un sector social realmente existente y actuante. Como
veremos más adelante, tras esa extrapolación hay una
conceptualmente más grave: la homologación entre un
conjunto de instituciones definido jurídica e institucionalmente
como "no lucrativo" y un "tipo de acción"
propio de la sociedad civil definido en términos de predominio
de la "acción comunicativa" (y por lo tanto diferenciado
de la "acción estratégica" e "instrumental",
propias del Estado y el mercado, en términos de Habermas).
Es decir se hace equivalente una categoría institucional
empírica con un tipo ideal construido. La hipótesis
original de los autores del proyecto, que era probar la importancia
económica de un sector no definido formalmente términos
económicos, resulta distorsionada por esta confusión.
Un segundo trabajo realizado en Argentina refina mucho más
los procedimientos de cuantificación, encontrando un "tercer
sector" mucho más vasto e inserta ese dato como un componente
directo de un "índice de capital social" en el
país. Se trata de El Capital Social. Hacia la construcción
del índice de desarrollo sociedad civil de Argentina (PNUD/
BID, 1998). El propósito de este trabajo es doble. Por una
parte se plantea la cuantificación y descripción cualitativa
de las organizaciones de la sociedad civil, definidas en los mismos
términos que el estudio de la John Hopkins y, por otra, diseña
un "Indice de Desarrollo Sociedad Civil" (IDSC) que busca
estandarizar y comparar los distintos perfiles de la sociedad civil
en las regiones del país. Lo primero que llama la atención
es la variabilidad del resultado más simple: la cantidad
de organizaciones.25 Mientras el estudio citado anteriormente registraba
de 51.750 fundaciones, asociaciones y organizaciones sin fines de
lucro, este trabajo contabiliza 78.392. Esto obliga a plantearse
un primer problema de carácter metodológico, pues
la diferencia no es menor, a pesar de que la conceptualización
utilizada es la misma.3 Por su parte, la descripción cualitativa
arroja "la significativa predominancia de las organizaciones
de base, el bajo nivel de articulación institucional, el
importante nivel de financiamiento obtenido por la ejecución
de programas del estado y el peso relativo del personal voluntario
en la prestación de sus servicios" (op.cit.: 53).
El IDSC se estructura en base a tres índices intermedios:
de estructura, de proceso y de resultados. Cada uno de ellos se
desagrega en indicadores posibles de cuantificar, totalizando 15.
Se establece una ponderación equivalente para cada uno de
los índices intermedios, llegándose así a establecer
un puntaje general del Indice (Ibidem: 61). Este Indice ha sido
aplicado posteriormente a cinco provincias de Argentina.4 Si bien
cada uno de los indicadores tiene relevancia en sí mismo,
el estudio no presenta ninguna fundamentación teórica
para la inclusión de ellos o la exclusión de otros.
Al parecer ello tiene más bien justificaciones heurísticas,
es decir que se trata de "aquello que se puede medir o cuantificar".
De modo tal que el índice no es la operacionalización
de un concepto complejo, sino que, al revés, sería
necesario reconstruir el concepto "en uso" a partir de
los indicadores operacionales. Como se trata de indicadores cuantitativos,
se concluye que el "concepto límite" de sociedad
civil que posee este estudio equivale al valor 1 del índice,
que es aquél donde todos los indicadores alcanzan el máximo:
100% de la PEA trabajando en la sociedad civil (o sociedad civil
totalmente profesionalizada), 100% del PIB generado, una OSC por
cada habitante; todas las áreas temáticas cubiertas
en un 100% por las OSC, etc.5 Evidentemente la finalidad comparativa
del IDSC permite dejar de lado esta discusión, pero no atenúa
la importancia de esta falta de respaldo teórico. ¿Cómo
interpretar los valores del índice? ¿Qué significación
posee el puntaje que se obtiene? El estudio parece haber seguido
un camino demasiado corto, saltándose la necesidad de conceptualizar
su objeto, con lo cual el resultado cuantitativo pierde relevancia.
El tercer trabajo que comentamos es el más reciente, también
del PNUD, esta vez en Chile. Se trata del Mas Sociedad para gobernar
el Futuro. Desarrollo Humano en Chile. (PNUD 2000). El estudio tiene
varias partes, una de las cuales intenta una cuantificación
de la "asociatividad" por regiones.6 Esa cuantificación
se la relaciona con el "capital social", que incluye también
la confianza social, las relaciones de reciprocidad y el compromiso
existente en la sociedad chilena. Se considera al "capital
social" así entendido como un factor del "Desarrollo
Humano Sustentable", entendido como "las capacidades de
los chilenos para moldear el orden social y apropiarse del futuro",
para lo cual deben "mejorar la calidad de su vida social"
(op.cit.: 53). Vale decir que aquí se avanza en la descripción
cualitativa, pero el objeto es el "vínculo social"
y no la mera caracterización del perfil de las organizaciones.
Esto se vincula con el desarrollo, pues "la cohesión
social y la concertación de opiniones e intereses representan
una de las mayores fuerzas productivas del país" (Ibidem:
54) Dentro de ella "la asociatividad podría representar
la base social requerida para el buen funcionamiento de las instituciones
económicas y políticas" (Sinopsis: 17).7
Se conceptualiza el capital social en tres aspectos "a) relaciones
informales de confianza y cooperación (...); b) la asociatividad
formal en organizaciones de diverso tipo y c) el marco institucional,
normativo y valórico de la sociedad que fomenta o inhibe
las relaciones de confianza y el compromiso cívico"
(PNUD 2000: 110). Por ello el estudio se focaliza sobre tres dimensiones:
"las aspiraciones" (a un orden colectivo), el "vínculo
social" que expresa la magnitud y calidad del capital social
y la "ciudadanía", donde se manifiestan las condiciones
institucionales y de cultura cívica que hacen posible que
esas aspiraciones se hagan realidad.
La perspectiva adoptada por este estudio para vincular "asociatividad"
y "capital social" es compleja. Se combinan para ello
tres elementos: un Mapa Nacional de la Asociatividad; una encuesta
que indaga en la pertenencia de la gente a formas asociativas, que
cuantificaría el capital social formal existente y un estudio
de campo en el que se observan las dinámicas existentes entre
capital social y asociatividad. Las conclusiones cuantitativas son
claras: existe una enorme cantidad de asociaciones (83.386, es decir
más que en Argentina que tiene el doble de población)
y al menos un tercio de la población reconoce estar afiliada
a alguna asociación. Eso es considerado como una "capacidad
instalada" en la sociedad por cuanto "la capacidad de
asociarse constituye un recurso siempre presente (...) que no sólo
es útil para un campo acotado de problemas. Sobre la base
de ella, también es posible avanzar en el logro de desafíos
de mayor envergadura, como la profundización y estabilidad
de la democracia y el aumento del Desarrollo Humano Sustentable"
(op.cit.: 133).
Para este estudio el capital social es más bien un atributo
de las personas, que puede expresarse formal o informalmente y que
está compuesto –además de la asociatividad-
por la confianza (en personas e instituciones), la cooperación
cívica y la reciprocidad. El resultado final es una tipología
y no un índice continuo. Esta tipología tiene cuatro
categorías que permiten agrupar al total de la población
en combinaciones de capital social formal (alto o bajo) e informal
(alto o bajo). (p. 150)
El hecho de reconocer la necesidad de insertar la cuantificación
de las asociaciones en un marco conceptual más complejo,
acota el alcance de las conclusiones que pueden obtenerse directamente
a partir de magnitudes que se sabe que son extraordinariamente imprecisas.8
De los tres estudios comentados, éste opta por el concepto
más inclusivo (asociatividad) y, por lo tanto, el que contiene
mayor heterogeneidad.9 Por la misma razón debe considerársela
como el "eslabón más débil" del capital
social, en el sentido de su menor capacidad predictiva, respecto
de confianza, reciprocidad y ciudadanía, que involucran vínculo
activo. A lo más proporciona condiciones para el desarrollo
del capital social. Por ello, al vincular la asociatividad con el
capital social y el desarrollo humano, los autores incorporan diversas
dimensiones cualitativas. Sobre ellas es necesario centrar la discusión.
Por otra parte, una de las conclusiones "fuertes" del
estudio relativiza aún más la asociación simple
entre la contabilidad asociativa y la potenciación social.
Esta es que "todos los grupos socioeconómicos poseen
más capital social informal que formal", pudiendo ello
interpretarse como un desplazamiento del capital social hacia modalidades
informales, producto "de la influencia del proceso de individualización
y redefinición de las identidades colectivas" (Sinopsis:
19). Esto quiere decir que la gente tiende menos a participar en
organizaciones, ha disminuido su confianza en las instituciones
y considera que no está amparada por normas de reciprocidad
establecidas. En cambio a nivel de la sociabilidad tiene vínculos
informales significativos (conversaciones), aprecia reciprocidad
en la familia y el entorno cercano y está dispuesta a cooperar
con otros en caso de ser necesario (PNUD 2000: 144 y ss.). Vistos
estos antecedentes, si se quiere obtener cuantificaciones y descripciones
cualitativas de la asociatividad, que guarden relación con
la dinámica social efectiva, es necesario recurrir a estrategias
metodológicas diferentes, que no se limitan a las fuentes
escritas y los registros institucionales, lo que en este estudio
se intenta captar con un trabajo de campo. En la sección
III nos referiremos a la dinámica del capital social captada
en el estudio de campo.
II
En esta sección el trabajo se discute en primer término
las estrategias investigativas empleadas en los trabajos anteriores
y los marcos conceptuales que las originan. Luego se plantean distinciones
entre los conceptos de "asociatividad", "tercer sector",
"sociedad civil" y "capital social", distinciones
necesarias para dotar de utilidad a esos conceptos y reducir su
uso cada vez más polisémico.
En el estudio de Roitter, Rippeto y Salamon se utiliza la noción
de "tercer sector" definida por categorías institucionales
formales, ya que sólo ellas son capturables por la estrategia
investigativa. Son éstas también las que tienen mayor
peso económico. Sin embargo, pareciera que la clasificación
sobre la base de los criterios definidos agrupa una inmensa diversidad,
que no mantiene vínculos entre sí en la realidad,
ni los actores reconocen como una unidad. Más allá
de eso, su limitación es que impide analizar la práctica
institucional real, que no siempre coincide con las definiciones
formales de las instituciones. Esto es particularmente relevante
respecto del carácter "no lucrativo" En el caso
de Chile, por ejemplo, los grandes clubes de fútbol, que
son de hecho empresas millonarias, son formalmente corporaciones,
es decir pertenecen al "sector no lucrativo". Lo mismo
ocurre con las universidades privadas. Lo contrario ocurriría
con asociaciones de mujeres pobres organizadas con fines de solidaridad
y subsistencia: si no son formales no aparecen y en la medida que
se formalizan son consideradas como "empresas lucrativas",
aún cuando mantienen su lógica, mucho más cercana
al "tercer sector". Lo mismo ocurre con muchas cooperativas,
asociaciones indígenas y otros grupos. Lo anterior significa
que "estar o no en el mercado" es una noción relativa
y no absoluta, lo mismo que "distribuir ganancias".10
La impronta anglosajona se expresa aquí en el hecho de que
la distinción jurídica básica para la legislación
norteamericana es la de "for profit" o "non profit",
expresada en la repartición de beneficios. Ello no ocurre
de la misma manera en otros contextos.
En relación al Estado sucede algo similar. Por un lado está
el hecho reconocido de que gran parte de los organismos no gubernamentales,
así como las organizaciones de base dependen financiera y
a veces políticamente de estructuras estatales, lo que relativiza
su capacidad de constituir efectivamente un "tercer sector".11
Por otra parte debe considerarse que el Estado –una entidad
netamente "no lucrativa"- ha comenzado a generar estructuras
asimilables al sector privado, mediante las cuales obtiene nuevos
recursos, flexibiliza su accionar, organiza grupos voluntarios,
etc. Esta modalidad de acción le permite eludir o alivianar
la normativa legal que rige sus actividades e incursionar en nuevos
sectores con nuevas estrategias, lo que está en directa relación
con las acciones de "modernización" a los que están
sometidos los Estados de la región. Es el caso de las universidades
estatales, sometidas a la presión del autofinanciamiento,
que crean fundaciones de apoyo y corporaciones destinadas a captar
recursos para unidades académicas específicas, sin
pasar por la administración general. Son instituciones de
bien público, jurídicamente estatales, que están
sometidas a una competencia por recursos y la presión por
obtener rentabilidad, para lo cual recurren también a establecer
organismos no lucrativos. ¿Dónde clasificarlas válidamente?
También a los municipios se les ha agregado la figura de
corporaciones para administrar la salud y la educación de
acuerdo a criterios de gestión empresariales, es decir no
sometidas a los controles burocráticos de la administración
municipal y los hospitales públicos han creado fundaciones
para captar recursos y subcontratar servicios. Las fronteras se
difuminan, pero sobre todo la utilidad de la categoría "tercer
sector" se vuelve escasa.
En la medida que la investigación que analizamos se mantiene
en el propósito de determinar el "peso económico"
del sector, podría incluir legítimamente a todas las
modalidades institucionales que cumplen con sus criterios, debiendo
delimitar rigurosamente los límites del conocimiento que
produce. En los términos planteados "tercer sector"
no tiene relación directa con "sociedad civil",
con "ciudadanía", ni con "capital social".
Es sencillamente un conjunto de modalidades institucionales de nuevo
tipo, que no pueden ser comprendidas completamente a partir de la
teoría económica o la teoría del Estado. Pero
más que constituir un "tercer sector", en el sentido
de lo que está "entre el estado y el mercado";
o lo que "no es" Estado ni mercado, que es el modo como
se ha popularizado esta noción, convendría más
una formulación del tipo "sector mixto", formalmente
definido por las características ya anotadas. La utilidad
de la noción de tercer sector se aplicaría entonces
principalmente en el debate sobre marco jurídico apropiado
para la acción pública. También en el debate
sobre nuevas formas de crecimiento económico y empleo, que
comienza a reconocer en este sector una realidad de la primera importancia.12
Las lecturas políticas del "tercer sector", en
cambio, requieren apoyarse en otro tipo de conceptualizaciones,
ya que asocian éste con objetivos sustantivos, como la defensa
de derechos, involucración de hombres de negocios en estrategias
de desarrollo local, autoorganización comunitaria, rol activo
en la arena internacional globalizada, por mencionar algunos.13
Así lo reconocen parcialmente los autores de Descubriendo
el Tercer Sector en Argentina cuando señalan que las organizaciones
informales –que no cuantifican- y las entidades que producen
"servicios intangibles" -las menores en número
y peso económico- realizan una "contribución
a la construcción de ciudadanía y al desarrollo sustentable
(que) excede largamente su aporte en términos estrictamente
económicos" (op.cit.: 17).
El segundo estudio comentado, utiliza la noción de "organizaciones
de la sociedad civil" (que es menos inclusivo que "sociedad
civil") "como un mecanismo colectivo que promueve la confianza,
al tiempo que confiere legitimidad a la vida pública y sus
instituciones" (PNUD/BID 2000: 20) Tiene mayor alcance que
el de la Universidad John Hopkins en cuanto se aplica a realidades
provinciales y avanza hacia determinar características de
la estructura interna de la sociedad civil. Pero conceptualmente
es menos riguroso, ya que denomina a ese relevamiento indistintamente
"sociedad civil" y "capital social", atribuyéndole
por lo tanto un conjunto de características comunes que no
se deducen directamente del trabajo de investigación.14 Algo
similar ha ocurrido con el ya clásico libro de Robert Putnam,
cuya fama debe mucho al interés suscitado en esferas políticas
y en organismos como el Banco Mundial en el momento de su aparición.
Es posible establecer la hipótesis que en el marco de las
llamadas "reformas de segunda generación", en los
países de América Latina, que apuntan al rediseño
institucional, manteniendo un Estado reducido, la posibilidad de
fortalecer la capacidad de los ciudadanos por encarar los problemas
que el sector público ha abandonado y hacerlo a bajo costo,
resulta una perspectiva atractiva para diversos sectores. Ante la
falta de un proyecto de reconstrucción de lo público
que permita redefinir adecuadamente los roles del Estado, el rol
de la "ciudadanía" se torna crucial, aunque teóricamente
muy poco definido. En este punto convergen quienes consideran que
el "estado de bienestar" expropió la iniciativa
individual y ciudadana, con quienes postulan una "tercera vía"
que abandona en los hechos ese mismo "estado de bienestar".15
La noción de "sociedad civil" reclama una formulación
no formalista, sino que incluye elementos normativos en su definición,
como plantea, entre otros, Alberto Olvera en la línea de
Jean Cohen y Andrew Arato.16 Esto lo reconocen todos los estudios
mencionados, sin embargo el problema parece estar en que no se extraen
todas las consecuencias de esa afirmación.17 Si efectivamente
existe una "tercera esfera de la sociedad" además
de Estado y mercado, entonces su caracterización no puede
hacerse sólo a partir de consideraciones jurídicas,
ni su función social entenderse sin relación a lo
que ocurra con las instituciones sistémicas del mercado y
el estado. Tampoco se obtendrá una adecuada caracterización
de la misma, explorando solamente la pertenencia de las personas
a organizaciones y grupos.
La noción de sociedad civil tiene características
diferentes a las que aquí se han reseñado y reclama
estrategias más complejas de investigación. "La
sociedad civil tendría dos componentes principales: por un
lado, el conjunto de instituciones que definen y defienden los derechos
individuales, políticos y sociales de los ciudadanos y que
propician su libre asociación, la posibilidad de defenderse
de la acción estratégica del poder y del mercado y
la viabilidad de la intervención ciudadana en la operación
misma del sistema (...) y el conjunto de los movimientos sociales
que continuamente plantean nuevos principios y valores, nuevas demandas
sociales, así como vigilan la aplicación efectiva
de los derechos ya otorgados"18. Es decir que la sociedad civil
es más que la suma de las organizaciones y que la suma de
organizaciones es algo diferente a la sociedad civil.
El debate en torno a esta noción de sociedad civil es eminentemente
político y se divide principalmente entre quienes ven en
ella el surgimiento de un nuevo poder que dará origen a un
nuevo proyecto político superador del neoliberalismo, trascendiendo
a la crisis de los socialismos contemporáneos y quienes la
conciben como una "estrategia de democratización autolimitada
que busca hacer compatible a largo plazo la lógica del mercado,
las necesidades y estructuras del sistema político y las
necesidades de la reproducción sociocultural". (Olvera
1999: 21)19
Pero también se plantean problemas respecto de la utilización
de la noción de "capital social" como sinónimo
de sociedad civil. Una definición extensiva del capital social,
que rescata los elementos comunes del mismo según varios
autores, lo representa como la aptitud de los actores para asegurarse
beneficios en virtud de la pertenencia a redes y otras estructuras
sociales. Esa definición, no incluye, por cierto la dimensión
normativa de los "valores cívicos", sino sólo
los beneficios indiviudales o grupales que se obtienen del "capital
social". Porque no todo el capital social puede utilizarse
ampliando los beneficios individuales al mismo tiempo que el espacio
público, como podría suponerse. También el
capital social tiene su "lado oscuro", al decir de Alejandro
Portes. Se pone como ejemplo las mafias, poseedoras de lazos fuertes
y confianza, pero carentes de espíritu cívico. También
el hecho de que la pertenencia a redes sociales fuertes puede constituir
una traba para procesos de movilidad social y aprovechamiento de
oportunidades, mientras una cierta mayor "libertad" sería
más auspiciosa para la superación de la pobreza.20
Portes resume en cuatro las "consecuencias negativas del capital
social: exclusión de los extraños, reclamos excesivos
a los integrantes del grupo, restricciones a la libertad iindividual
y normas niveladoras hacia abajo"21. Pero estas consecuencias
son negativas o positivas según la posición relativa
de los actores. Una red social estrecha y "entre iguales"
puede dificultar a un grupo de pobladores santiaguinos romper el
círculo de la pobreza, pero puede ser decisiva para que -en
la misma ciudad- un grupo de migrantes peruanos ilegales sí
lo haga. A los pobres pueden convenirle las "redes débiles",
en términos de Grannoveter, pero los ricos parecen preferir
las "redes fuertes" donde circulan y se reproducen los
lazos familiares, los contactos laborales, la socialización
común22. En general esto quiere decir que asociarse entre
"iguales" tiene beneficios o perjuicios según la
ubicación que se tenga en la estructura social y no es positivo
o negativo en sí mismo. Esta es otra limitación para
considerar que la fortaleza asociativa equivale a capital social
en un sentido positivo. En el estudio del PNUD sobre Chile, se descubre
que el grupo socioeconómico alto es el único que posee
alto capital social tanto formal como informal. (PNUD, 2000: 151).
También Portes llama la atención sobre la aplicación
del concepto de "capital social", originalmente surgido
como atributo individual, a comunidades y naciones. Siendo posible
esta aplicación, el autor señala que deben tomarse
en cuenta múltiples precauciones para no obtener un resultado
tautológico, lo que a su juicio sucede en parte con Putnam,
al menos en cuanto a no considerar suficientemente explicaciones
alternativas para las diferencias que observa en las ciudades italianas.(Portes
1999: 260 y ss.). La "cultura cívica" de una comunidad
o su tradición organizativa, no disuelven las estructuras
de desigualdad que puedan existir en su interior, incluidas las
del capital social.
El rápido éxito de la noción de capital social
sin duda ha tenido que ver más con requerimientos políticos
e institucionales, que con un desarrollo sistemático del
concepto, particularmente en el nivel social o comunitario. No es
raro, pues representa la "energía social disponible"
(Salazar: 1998) en el momento en que coinciden tres fenómenos:
a) la crisis de la acción social del Estado, tanto en su
vertiente europea de estado social de bienestar, como en la populista
y "de compromiso" latinoamericana; b) la concentración
del poder económico producto de la mundialización
y c) la crisis de los sujetos sociales tradicionales (clases sociales).
Por ello el "capital social" es así el gran objeto
de disputa de la intervención social. La ambigüedad
del concepto permite ubicarlo tanto como nexo entre las redes sociales
y las politicas públicas; como factor de cohesión
y empoderamiento de la comunidad; pero también como un ámbito
más de penetración del sistema económico.23
El siguiente paso que dan las agencias internacionales interesadas
en el capital social es hacia la "producción" o
"crecimiento" del mismo. De acuerdo a Putnam ello no es
posible. No se puede de inducir el capital social "desde fuera",
pues se forma de modo "autosustentado", en relación
a la identidad de los sujetos y en ciclos largos. Sin embargo la
utilización predominante apunta a la reorientación
de las políticas en las "reformas de segunda generación",
para la cual el concepto sirve. De allí la rapidez con que
se transita hacia usos operacionales de un concepto teóricamente
poco desarrollado. Ello es políticamente legítimo,
pero insuficiente desde el ángulo analítico, sobre
todo si no se toman en cuenta los eventuales efectos negativos de
tal inducción.
El otro problema es la determinación del horizonte hacia
el cual apunta la "construcción del capital social",
el llamado "scaling up". En la versión más
instrumentalista, se trata sólo de mejorar las competencias
de los desfavorecidos para ingresar en mejores términos a
la economía de mercado. Por eso reducen la subjetividad y
las prácticas sociales a un "capital social" instrumental
para obtener las otras formas de capital24. Para los teóricos
del "proyecto histórico popular", en cambio, el
capital social no puede ser inducido "desde arriba", ello
sólo puede destruirlo o mantenerlo como "aprendizaje
histórico" de "lo que pudo ser y no fue".
Permanece como una suerte de "proyecto histórico latente
en la sociedad civil" (Salazar 1998:165). De todas formas,
en esta versión, subsiste inexplicado el paso de la "energía
comunitaria" al "proyecto histórico". Conceptualmente
el problema es que, si bien el capital social es un concepto de
dimensiones múltiples, no hay un vínculo directo entre
confianza, reciprocidad, asociatividad y ciudadanía. "La
ampliación de la ciudadanía no resulta de la confianza,
sino de la capacidad de transformar en universal un principio de
derecho particular de un grupo en general". (Jiménez
y Rodríguez 1999: 40) Y eso conduce directamente a las mediaciones
político institucionales, que se construyen en nombre del
"interés general" y escapan del ámbito tanto
del "capital social", como de la "sociedad civil".
Las precisiones conceptuales son el punto de partida para una necesaria
reorientación de la investigación, de modo de analizar
con mayor profundidad la estructura interna de la sociedad civil
y sus vínculos con el contexto político y económico.
Sólo así será posible interpretar adecuadamente
los datos cuantitativos que en el tiempo reciente se han comenzado
a producir acerca de esta realidad.
III
En esta sección examinamos las particularidades de las organizaciones
de la sociedad civil en una muestra de seis comunas en Chile, cuya
parte medular fue incorporada en el texto del ya comentado Informe
de Desarrollo Humano en Chile (PNUD 2000: 153-172). Aquí
se enfocó el mundo de las organizaciones de la sociedad civil
en territorios acotados, con el fin no sólo de cuantificarlas
y describir sus pautas de acción, sino también determinar
su potencial de operar como "capital social" de sus habitantes
y las variables que en ello influyen. ¿En qué sentido
la asociatividad puede ser un factor del capital social? ¿De
qué variables depende que lo sea
La diversidad interna de la sociedad civil
Se dividió las comunas en urbanas y rurales y según
el dinamismo de la transformación económica que habían
experimentado en los últimos años. La hipótesis
inicial fue que las pautas de asociatividad diferirían grandemente.
Efectivamente así fue, pero ¿cómo interpretar
esas diferencias? Un primer contexto es el de una comuna rural tradicional,
que resultó ser la poseedora de la mayor cantidad de asociaciones
en relación a la cantidad de habitantes (209 cada 10 mil).
Las comunas grandes (sobre 100 mil habitantes) tenían todas
mayor cantidad, pero evidentemente mucho menor tasa en relación
a su población.
La poca significación de la tasa de organizaciones por habitante
se hizo evidente al comparar comunas urbanas con gran cantidad de
organizaciones. Mientras en una de ellas predomina una tradición
asociativa que ha ido cambiando de instrumentos y formas de expresarse,
en la otra se multiplican los grupos producto de los múltiples
conflictos de una población de migrantes recientes del campo
a la ciudad. En una la cantidad es signo de fortaleza y en otra
de debilidad. Mientras en varias comunas la asociatividad es múltiple,
microlocal y está asociada estrechamente a los programas
sociales del Estado (que exigen "participación"
para acceder a beneficios), en otras se trata de pautas asociativas
autónomas de origen indígena tradicional o producto
de la autoorganización poblacional de los años sesenta.
La misma descripción cuantitativa oculta fenómenos
muy diferentes y debe ser interpretada de acuerdo a otros elementos.
Incluso al comparar el mismo tipo de organizaciones en diferentes
contextos, se constata su diversidad. Es el caso de las Juntas de
Vecinos, un tipo de organización territorial creada a mediados
de los sesenta y que ha sobrevivido hasta hoy, particularmente por
ser la organización más reconocida por el municipio.
Mientras en zonas rurales la Junta de Vecinos sigue cumpliendo un
rol de articulador de la demanda (asistencial y de infraestructura)
de las comunidades pobres; en otras comunas las Juntas y Comités
de Vecinos se multiplican, porque representan los intereses de unidades
vecinales cada vez menores o con problemáticas más
específicas. Por eso en algunas partes llegan a existir hasta
cinco Juntas de Vecinos por cada unidad territorial, lo que es signo
de fragmentación y debilidad, mientras en otras se mantiene
una sola organización para el territorio. Esta última
situación tampoco tiene significación unívoca:
en algunos lugares es signo de unidad social de los pobladores y
en otros es signo de burocratismo, control caudillista y falta de
participación de las bases.
También el tamaño de las asociaciones es extremadamente
variable. En una muestra de 41 asociaciones diversas, en las seis
comunas estudiadas, se encontró que el grupo más grande
reunía a 400 participantes, mientras el más pequeño
sólo contaba con 4 integrantes. También hay diversidad
al interior de las categorías organizacionales definidas.
Ciertas categorías tienden a contener grupos pequeños,
otras grupos intermedios y una está compuesta de grupos de
gran tamaño (sobre 100 personas). Pero otras cuatro categorías
de grupos tienen un tamaño variable, sin que se ajusten a
una pauta común.
Más significación tiene el indagar en el tipo de
personas que participan en los diferentes tipos de organizaciones
y grupos. Mientras ciertos grupos tienden a ser netamente masculinos
(sindicatos, grupos productivos, clubes deportivos y pandillas juveniles),
otros lo son sólo de mujeres (casi todas las categorías
los tienen). Pero solamente en algunos de ellos las mujeres asumen
la representación y dirección, mientras en otros nutren
"las bases" y los hombres las funciones directivas. Fenómenos
similares ocurren con los grupos de edad: los jóvenes tienden
a la organización informal (y por lo tanto no registrada
en los estudios anteriores, e incluso subregistrada en el nuestro)
y los adultos (especialmente hombres) a las formales. También
hay situaciones en que todos los segmentos de edad participan en
la misma organización (Junta de Vecinos) pero ello no depende
de la naturaleza de la misma, sino de factores de contexto.26
La comparación de organizaciones sindicales ofrece similares
dificultades. Mientras en una comuna (Arica) de industrialización
tradicional hay mayor cantidad de sindicatos y estos son mayoritariamente
de empresa (que negocian colectivamente) y relativamente pequeños
(según la pauta tradicional en Chile); en otra fuertemente
modernizada (Curicó) estos son menos pero más grandes
y hay más sindicatos de trabajadores independientes (no asociados
a empresas y sin derecho a la negociación colectiva). El
ámbito rural "moderno" carece de sindicatos, mientras
el "tradicional" muestra el mayor porcentaje de sindicalización.
¿Cómo interpretar el potencial de participación
de la asociatividad? Nuevamente encontramos la diversidad no capturada
por la definición formal de los grupos. Los grupos "tradicionales"
y reconocidos por la ley están concebidos como permanentes,
pero están sometidos a dinámicas de participación
muy variables, teniendo muchas veces problemas para renovar directivas
y convocar a sus miembros, sobre todo los más grandes (Centros
de Padres, Juntas de Vecinos). Los nuevos grupos, asociados a programas
públicos son de carácter eminentemente temporal, la
participación en ellos es alta, pero por períodos
cortos, sea porque cumplido el objetivo inicial el grupo decae o
porque el tiempo necesario para obtener un beneficio es muy largo
y la motivación desciende. Los grupos de jóvenes,
mucho más informales, normalmente carecen de estructura orgánica,
pero su participación es directa e intensa: se reúnen
todas las noches por largas horas para desarrollar sus actividades
y poseen una acentuada identidad grupal. La gran diversidad asociativa
registrada en la muestra de comunas relativiza también el
alcance de las cuantificaciones globales que se presentan por país
e incluso por regiones o provincias
Fortalezas y debilidades de la sociedad
civil
Habiendo revisado la diversidad interna de la asociatividad local,
queda por fin el principal problema que hemos planteado: ¿cómo
interpretar su significación y "peso social"? De
acuerdo a los elementos que hemos relevado, creemos que ello no
puede hacerse a partir de la cuantificación y el perfil jurídico
de las asociaciones. Más bien obliga a interrogar otro tipo
de factores que inciden tanto en la conformación de la sociedad
civil organizada como del alcance de su acción. El primero
de ellos se refiere a la "densidad" de la trama asociativa,
expresada en los vínculos que existen entre los grupos y
de éstos con la la comunidad a la que pertenecen. Luego revisamos
factores de contexto: el impacto de la transformación socioeconómica
y la relación de las asociaciones civiles con el estado y
la institucionalidad.
En cuanto a los vínculos internos se encontró una
densa trama organizativa -expresada en la gran cantidad y diversidad
de grupos existentes- pero no estructurada internamente: sus vínculos
intergrupos son pocos y débiles y no se expresan en relaciones
de cooperación estables. Más fuerte es la tendencia
a articularse con determinadas instituciones públicas, particularmente
aquellas que ofrecen recursos o proyectos a los grupos. También
en algunos casos se participa de redes de segundo o tercer nivel,
en las cuales frecuentemente hay una institución que la patrocina
(Iglesia, Municipio). Poco menos de la mitad de los grupos encuestados
participa en algún tipo de redes. La mitad de los grupos
mantiene relaciones con otros, aunque sea de modo esporádico
y puntual, mientras la otra mitad actúan solos.
De acuerdo a lo anterior, puede afirmarse que subsiste en las comunas
estudiadas la tendencia de importantes segmentos de la población
(principalmente de sectores populares) a "organizarse":
sea para resolver problemas emergentes o ante la convocatoria de
alguna institución pública o privada que facilita
las condiciones para hacerlo. Esta tendencia se verifica cuando
existen condiciones de estabilidad de la comunidad que le permiten
"acumular experiencia" asociativa, aún a pesar
de los fracasos, escasez de logros materiales y períodos
de debilidad organizativa. Por ello es relativamente más
fuerte en contextos relativamente aislados y de poco dinamismo (Petorca),
así como también en una comunidad que surgió
del esfuerzo colectivo y conserva una memoria activa del mismo (Cerro
Navia).
Interrogados los líderes acerca de cómo caracterizan
a su comunidad y que piensan que ocurriría si las instancias
asociativas desaparecieran, se encuentran visiones compartidas.
La comunidad es vista en primer término en torno a dos calificativos
relacionados entre sí: "amigable" y "solidaria"
en alto grado, opinión que se comparte en las localidades
consideradas. Una segunda característica, que aparece en
un grado menor es "esforzada" y "emprendedora".
También la comunidad aparece como "desvalida" en
el caso de las comunas vinculadas a la ruralidad. ¿Qué
pasaría si no existiesen los grupos y organizaciones? En
tres de las localidades se considera que en primer término
disminuiría la solidaridad y la amistad al interior de las
comunidades, mientras que en dos de ellas se señala que lo
que disminuiría sería el esfuerzo y la capacidad de
emprender. También se considera que la comunidad se volvería
aún más indiferente, pasiva y conservadora de lo que
ya es.
La asociatividad local aparece como un tejido social de alcances
limitados, pero altamente valorado por sus participantes como factor
de unificación y fortalecimiento de la comunidad y de obtención
de algunos logros de mejoramiento de la calidad de vida; pero no
incidente en cuanto a controlar o transformar el contexto en que
la comunidad se desenvuelve. La "productividad" de la
acción asociativa se revela limitada, de cara a las condiciones
"duras" de desarrollo de la comunidad.
El contexto institucional más relevante es el que brinda
el estado. La asociatividad local predominante aparece vinculada
de diferentes formas a la acción estatal, especialmente el
municipio y los programas sociales. El financiamiento de los grupos
proviene de modo muy significativo de fuentes estatales, el reconocimiento
legal requiere del concurso de las autoridades, la dinámica
de los grupos fluctúa según las oportunidades de acceso
a programas y recursos estatales, etc. No encontramos desarrollos
asociativos equivalentes de tipo autónomo o desligados de
la acción estatal. De tal modo que las iniciativas que el
estado toma y las modalidades que utiliza son decisivas en la evolución
y características de la realidad asociativa. No se ha generado
hasta ahora un contexto adecuado para un desarrollo más autónomo
en los diversos ámbitos (reconocimiento legal, financiamiento,
acceso a recursos y programas).
Por su parte, la acción del Estado no se ha puesto como
objetivo el fortalecimiento del "capital social" de las
comunidades pobres donde interviene. Más bien sus objetivos
han sido de ampliar la base de infraestructura social y producir
mejoras en la calidad de vida, mediante proyectos de corta duración
a los que se accede a través de concursos. Los análisis
de esas estrategias revelan que ellas no fortalecen la asociatividad,
sino que la funcionalizan para canalizar sus políticas y
programas.27
El otro contexto relevante es la acelerada transformación
socioeconómica del país durante los últimos
quince años, factor decisivo para la conformación
de las pautas asociativas de la comunidad. El cambio socioeconómico
se revela importante al constatar que aquellos sectores que han
protagonizado cambios más rápidos y profundos son
los que muestran una menor asociatividad respecto de aquellos con
mayor estabilidad. La hipótesis anterior encontró
asidero en tres situaciones diferentes examinadas en el estudio:
los trabajadores temporeros y temporeras de la fruta, los jóvenes
migrantes del campo a la ciudad y los nuevos sectores medios urbanos.
Si bien los efectos de la modernización económica
son muy distintos en cada uno de los tres casos, un elemento tienen
en común: su asociatividad es precaria.
En el caso de los temporeros y temporeras, diversos factores inciden
en anular casi por completo la asociatividad: regulaciones legales
de la actividad laboral que dificultan y hacen inútil formar
un sindicato; migraciones funcionales o permanentes; tiempos de
trabajo cortos y esporádicos; sobreoferta de mano de obra,
falta de alternativas laborales y bajos ingresos del trabajo; falta
de acceso a protección laboral, previsional y de salud; régimen
de trabajo a destajo; actitud empresarial contraria a la organización
sindical; falta de apoyo estatal para organizarse, fiscalizar su
trabajo y realizar labores comunitarias. De hecho no encontramos
ejemplos de asociatividad autónoma o cooperativa para lograr
mejores condiciones laborales. Aparentemente la flexibilidad de
los tratos y la diversidad de intereses de los distintos segmentos
de trabajadores es tan grande que ello resulta enormemente difícil.
El sindicalismo campesino está al margen de esta realidad,
pues se organiza en torno a los trabajadores permanentes (contratados),
cuyo número, diversidad y condiciones de trabajo difieren
enormemente de los temporeros y temporeras.
En el caso de los jóvenes migrantes del sector rural a la
periferia de una ciudad intermedia como Curicó, se encuentra
una pauta asociativa similar a las pandillas juveniles de tantas
ciudades. conflicto con los adultos y con la autoridad policial;
falta de "lugar" (físico y simbólico) en
la comunidad; falta de fuentes laborales estables; déficit
de los programas municipales para atender las demandas de una población
reciente. Estos son todos rasgos que presenta la asociatividad en
ese contexto, cuyos rasgos son netamente informales. Los problemas
de desintegración social han aumentado, así como también
el tráfico y consumo de drogas.
En el caso de los sectores medios "emergentes" de una
comuna grande como La Florida, su surgimiento está asociado
al crecimiento económico y el aumento de ingresos; a la dinámica
del capital inmobiliario y la gestión de políticas
masivas de subsidio a la construcción de viviendas. Las expectativas
de movilidad social se concretaron en la construcción y habitación
del barrio (las "villas") y sufrió un refuerzo
simbólico y material con la construcción de un gran
centro comercial, el mall, en 1990. El mall generó tanto
un lugar de encuentro, como un "centro" material y simbólico
para una comuna heterogénea, de crecimiento no planificado
y acelerado. Desde el punto de vista simbólico es percibido
como el instrumento que "trae la modernidad" a la comuna,
vinculándola con la realidad internacional, especialmente
en lo que a consumo se refiere. Reemplaza algunas funciones de la
plaza tradicional, ya que reúne en su interior la inmensa
heterogeneidad social que constituye la comuna, pero lo hace a través
de una materialidad diferente (el consumo). Es una institución
de provisión múltiple: bienes, servicios (también
indirectamente, atrayendo a instituciones públicas y privadas)
y símbolos adecuados a las clases medias emergentes. Estas
funciones no son ajenas a su lógica comercial propia: necesita
atraer diversa y masivamente. Pero, también desarrolla una
estrategia de posicionamiento a partir de la idea de "plaza
moderna" con arraigo local. Por sus características
el mall no fortalece la asociatividad (con la excepción de
un Club de 80 mil socios destinado a los clientes de mayores ingresos),
ni constituye "espacio cívico". Genera un tipo
de sociabilidad propia: el paseo, el vitrineo, el encuentro (el
ver y ser visto) y el consumo. Es una institución esencialmente
proveedora de condiciones para vincular esta sociabilidad con el
consumo de bienes.28
Los distintos ejemplos revisados indican que la expansión
de los mecanismos de mercado, del modo como ésta se ha dado
en Chile, genera efectos diferenciales según el contexto
en que se produzcan. La flexilibización de los mercados laborales
y la acelerada dinámica de cambio en el sector rural ha tenido
como consecuencia una marcada tendencia a la desintegración
social, expresada nítidamente en las pautas de la asociatividad:
casi inexistentes entre los temporeros de la fruta y defensiva entre
los jóvenes marginales de la ciudad. En el caso de los sectores
medios emergentes también decae la tendencia asociativa y
surgen propuestas para el desarrollo de una sociabilidad no asociativa
desde el propio mercado. Esas propuestas sólo reemplazan
parcialmente las funciones de la acción asociativa, dejando
un vasto campo sin cubrir.
IV
Los estudios empíricos sobre la sociedad civil han avanzado
en la línea de cuantificar y caracterizar su estructura y
dinámica y han establecido una asociación entre esta
realidad y el concepto de capital social. Hemos mostrado que no
es posible seguir avanzando en esa dirección si no se establecen
con mayor claridad algunos presupuestos conceptuales, ya que se
trata de conceptos que tienen acepciones muy diferentes. Hasta ahora
los intereses institucionales tras las iniciativas de reforma del
estado han tendido a predominar por sobre una discusión conceptual
adecuada con respecto a la sociedad civil y el capital social. Ello
redunda en un privilegio de la investigación aplicada en
función de rediseño de políticas, por sobre
la construcción conceptual. Es necesario fortalecer la reflexión
desde instancias académicas independientes, que incorporen
estas temáticas en sus actividades. Como enfoque se requiere
elaborar mejor la heterogeneidad de la vida asociativa en América
Latina y discutir su evolución histórica en diferentes
contextos nacionales, regionales, étnicos, etc. Ello debiera
anteceder a los estudios comparativos que se basan en conceptos
y metodologías homogeneizadoras.
La conceptualización del "tercer sector", que
ha tenido una importante difusión, sólo tiene una
aplicación clara en terreno económico, sin que pueda
resolver preguntas esenciales sobre la significación del
universo denominado de ese modo. Resulta inadecuado homologar "tercer
sector" con "sociedad civil". Los cambios en la economía
y el estado van haciendo más difusos los contornos entre
"los sectores" tal cual estos han sido formulados.
Resulta especialmente relevante considerar las relaciones entre
la "modernización económica" según
el modelo neoliberal predominante y sus impactos sobre la formación
y desarrollo de la sociedad civil. Si bien es posible que en determinados
contextos surjan "nuevos actores" (fundaciones empresariales,
empresas sociales, redes globales y otras) el rasgo más fuerte
que puede observarse en la investigación empírica
es la disolución de las bases de la asociatividad tradicional,
sin reemplazo por otras. Incluso cuando se plantea la hipótesis
de un "desplazamiento" desde el "capital social formal"
al "informal", no existen estudios previos acerca de la
fuerza de ese capital informal, pero es plausible la hipótesis
de que ese también era mucho mayor en contextos de menor
impacto de las relaciones de mercado sobre la vida social. Es decir
que la tendencia apunta a una disminución neta de la fuerza
de las asociaciones, aunque quedaría una "reserva"
de "espíritu cívico" informal.
También el contexto institucional es clave para entender
la significación y peso que pueden tener las múltiples
formas asociativas que existen. En todas las investigaciones se
enfatiza el rol relevante del Estado como financista, impulsor e
influencia sobre la sociedad civil "realmente existente".
Ese Estado fue "protector" en la etapa anterior al neoliberalismo.
Actualmente sigue interviniendo, por la vía de fondos de
inversión social, el clientelismo político y otros
instrumentos, pero su intervención es radicalmente diferente,
pues apunta principalmente a hacer viables las políticas
focalizadas en sectores pobres. En el caso chileno esto ha tomado
la forma del "pequeño proyecto" de infraestructura
social, sin apuntar a la consolidación del capital social
(ni formal ni informal) existente. El marco normativo que fija el
Estado no ha evolucionado en un sentido de fortalecer a la sociedad
civil, por lo que es también un condicionante importante
de estudiar.
La introducción del concepto de "capital social"
ha significado un interesante énfasis en las variables no
económicas de la vida social, aunque bajo una conceptualización
"traducible" para los economistas. El principal impacto
de este concepto ha sido su rápida aceptación en círculos
políticos y de la cooperación internacional, pues
proporciona un instrumento fácilmente aplicable para la reorientación
de políticas. Sin embargo la consideración del capital
social como un subproducto de la sociedad civil, e incluso como
su sinónimo, no aparece avalada por la investigación
.
El estudio de la sociedad civil "desde abajo", en contextos
particulares es hoy una necesidad, frente al desarrollo de estudios
comparativos y diseños metodológicos de pretensión
amplia, que aplican una conceptualización sumamente restringida
o simplemente inadecuada a contextos particulares. Es necesario
desarrollar más los instrumentos de recolección de
información de modo de trazar un perfil realista de las características
de la sociedad civil en cada uno de esos contextos.
El concepto de sociedad civil es multidimensional y su delimitación
supone criterios normativos aceptados, por alguna comunidad de alguna
naturaleza. De tal modo que la orientación de los estudios
descriptivos debe tomar en cuenta esa realidad y desarrollar indicadores
complejos, que no necesariamente tendrán comportamientos
sincrónicos entre sí. Al mismo tiempo, estos indicadores
no deben referirse sólo al campo de "las organizaciones
de la sociedad civil", sino también a las dimensiones
del contexto que determinan las características y significación
de éstas.29
La investigación latinoamericana sobre sociedad civil ha
hecho importantes avances en el último tiempo, tanto en el
terreno teórico como empírico. Sin embargo ambos esfuerzos
aparecen separados uno de otro, pues los estudios empíricos
están asumiendo de modo poco elaborado conceptos provenientes
principalmente del mundo anglosajón, sin someterlos a un
escrutinio adecuado a la evolución histórica de nuestra
región. Tanto la crisis del estado populista latinoamericano
y su relación con los grupos sociales, como la imposición
de modelos económicos neoliberales (mercados abiertos, concentrados,
economías desreguladas) están contextualizando la
emergencia de la sociedad civil y produciendo profundos cambios
en la región. La posibilidad de que esta categoría
constituya un factor relevante de la vida social latinoamericana
depende en gran medida de su autonomía relativa frente a
las determinaciones que imponen estos dos procesos globales. El
estudio de la sociedad civil no puede ni debe eludirlos.
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* Ponencia presentada a la 4ª Conferencia Internacional de
la International Society for Third Sector Research (ISTR). Dublín,
5 al 8 de julio 2000. E-mail:delamaza@entelchile.net
1 "Estas organizaciones conforman lo que comúnmente
se conoce como sector ‘sin fines de lucro’, ‘organizaciones
no gubernamentales’, ‘organizaciones de la sociedad
civil’ o ‘tercer sector’" (Ibidem: 3) Sólo
agregan que se trata de algo "más amplio" que lo
que corrientemente se denomina como "organizaciones no gubernamentales".
(Ibidem: 5)
2 El Proyecto Comparativo excluyó, sin embargo, las organizaciones
religiosas y políticas, aún cuando comparten estas
cinco características, "para hacer este esfuerzo manejable".
Lester Salamon y Helmut Anheier, The Emerging Sector. An overview.
Baltimore, 1994, págs. 15-16. Con estos criterios de clasificación
se han realizado estudios también en Perú, Colombia
y Brasil.
3 La principal contribución del estudio sería precisamente
el refinamiento metodológico para la búsqueda de los
datos, lo que en un enfoque cuantitativo resulta de gran importancia.
4Para ello se estableció un listado consolidado de organizaciones
a partir de diversas fuentes, se las dividió en cuatro categorías
(de afinidad, territoriales, filantrópicas y de apoyo) y
en base a ellas se construyó una muestra provincial a las
que se aplicó una encuesta construida a partir de los 15
indicadores. Ver: Indice de Desarrollo Sociedad Civil de Argentina.
Formosa/Jujuy/Mendoza/Rio Negro/Santa Fe. PNUD/BID, 2000.
5 "El valor final del IDSC y de cada uno de los índices
intermedios de Estructura, Proceso y Resultados podrán alcanzar
un rango hipotético que varía entre 0 (nulo desarrollo)
y 100 (máximo desarrollo) puntos, siendo el valor promedio
de 50 puntos" (PNUD/BID 2000, p. 39)
6 PNUD (2000), Mas Sociedad para gobernar el Futuro. Desarrollo
Humano en Chile..El Informe realiza además una encuesta nacional
de participación, estudios cualitativos sobre confianza y
participación asociativa y un estudio de campo en territorios
seleccionados.
7 PNUD (2000), Sinopsis. Desarrollo Humano en Chile. Más
Sociedad para gobernar el Futuro. Desarrollo Humano en Chile.
8 De hecho el rigor metodológico con que se elaboró
el Mapa Nacional de Asociatividad impidió incluir las asociaciones
religiosas que son aparentemente las mayoritarias y que estaban
consideradas conceptualmente. Los autores mencionan varios otros
de problemas que dificultaron la confección del mapa, limitando
su alcance.
9 "Mientras la asociatividad incluye todas las organizaciones
de la sociedad civil, la sociedad civil no incluye todas las organizaciones
que comprenden la vida asociativa de una sociedad". El criterio
de distinción no es su carácter voluntario, ni su
autonomía del estado, se trata de criterios normativos, pues
también existiría una "sociedad incivil".
Kumi Naidoo y Rajesh Tandon (1999), "La Promesa de la Sociedad
Civil". En CIVICUS, La Sociedad Civil en el Milenio, Cali,
p. 13.
10 Diversos trabajos han analizado la existencia de diferentes "lógicas
de acción" al interior de actividades económicas,
dando lugar a categorías como "economía popular"
y "economía solidaria". Ver de Luis Razeto: Las
Donaciones y la Economía de la Solidaridad, Santiago de Chile,
1994, págs. 107 y ss. Por otra parte, en la tradición
francesa no se habla de "tercer sector", sino de "economía
social", indicando una aproximación que incluye prácticas
que también se realizan en el mercado. Ver de J. Defourny
y P. Develtere, Orígenes y Contornos de la Economía
Social en el Norte y en el Sur, Liege, 1999, págs. 17 y ss.
11 De hecho gran parte de la discusión sobre ONG en Chile
y América Latina gira alrededor de sus relaciones con el
Estado y de la falta de condiciones adecuadas para el desarrollo
de ese sector. Ver de Gonzalo de la Maza, Informe de Investigación
Relaciones ONG – Estado. 1990 - 1993. Presentado al Seminario
"Innovaciones en las Organizaciones Privadas Sin Fines de Lucro",
Santiago de Chile, 1994.
12 Es la perspectiva de Jeremy Rifkin en El Fin del Trabajo, Paidos,
1996. En este texto demuestra que el tercer sector es un empleador
creciente (el único) lo que lo vuelve económicamente
relevante y anuncia que en el futuro seguirá aumentando su
capacidad de brindar servicios, gracias a los recortes de los programas
gubernamentales. Ver Cap. 17 "Potenciación del Tercer
Sector".
13 Ver por ejemplo de Anthony Giddens, "The role of the Third
Sector in the Third Way", en Focus, paper Nº 2, september
1999.
14 De hecho ello aparece como justificación político
institucional de las instituciones multilaterales que auspiciaron
el estudio y no en el texto de investigación propiamente
tal, como se desprende de las palabras de Janine Perfit, funcionaria
del BID en el prólogo: "Tales colaboraciones (de la
Sociedad Civil con los gobiernos y los mercados), redes y confianzas
constituyen la base del capital social. Juntos, el capital físico,
humano, financiero y social, aumentan la capacidad productiva de
la sociedad (...) El Indice de Desarrollo Sociedad Civil es una
herramienta clave ya que, no sólo ha sido difícil
establecer mediciones sobre la magnitud y el tamaño de ésta,
sino que hemos enfrentado enormes dificultades en delimitar a las
OSC. Tal búsqueda (...) ha derivado en innumerables clasificaciones
no siempre productivas" (op.cit.: 15). En la publicación
del 2000 ya se ha omitido el término "capital social"
del título del libro y en los textos institucionales que
la prologan el "capital social" aparece sólo como
uno de los procesos vinculados a la sociedad civil.
15 Entre los primeros: Ronald Reagan: "A medida que el gobierno
se fue expandiendo, le cedimos las tareas que habían sido
realizadas por las comunidades y los vecindarios" Citado por
Jeremy Rifkin 1996: 294. También Michael Novak, "La
Crisis de la Social Democracia", en Estudios Públicos,
Nº 74, Santiago de Chile, otoño 1999. Entre los segundos,
notoriamente Anthony Giddens, 1999: 2 y ss. y también en
su respuesta a Michael Novak, "El Futuro del Estado Benefactor",
incluida en el mismo volumen de la revista Estudios Públicos.
Sobre la inclusión de la "sociedad civil" y el
"capital social" en las agendas políticas de los
organismos internacionales, ver Diana Tussie (coord.), Los Organismos
Internacionales frente a la Sociedad Civil: Las Agendas en Juego.
Documento presentado a la Primera Conferencia Regional Sociedad
Civil y Gobernabilidad Democrática en Los Andes y Cono Sur.
Pontificia Universidad Católica de Lima, junio 1999. Durante
su presentación en la 4ª Conferencia Internacional de
la ISTR, Kumi Naidoo de CIVICUS, llamó la atención
irónicamente acerca del hecho de que las unidades y oficinas
"de ONG" en los organismos multilaterales, habían
sido sustituidas por otras "de sociedad civil". Veía
en ello un cambio conceptual y nominal, pero no de procedimientos
efectivos.
16 Ver los trabajos incluidos en Alberto Olvera (coordinador), La
Sociedad Civil. De la teoría a la realidad. El Colegio de
México, 1999.
17 "Comprender la acción de la Sociedad Civil requiere
reconocer su rol como actor público, como esfera autónoma
de la interacción social, oreintado a la promoción
del desarrollo humano sustentable, a la erradicación de la
pobreza y a la construcción de una vida pública más
saludable". (PNUD/ BID 2000: 25)
18 Alberto Olvera, "Introducción", en: A. Olvera
1999: 21.
19 No corresponde tratar aquí la problemática planteada
por los teóricos de "la sociedad civil como proyecto"
que incluyen una amplia gama de posiciones políticas. Ver
un ejemplo, en Gabriel Salazar, "De la participación
ciudadana: capital social constante y capital social variable",
en Proposiciones Nº 28, Santiago de Chile, 1998.
20 Vicente Espinoza ha aplicado esta idea al campo de la superación
de la pobreza, a partir de una idea formulada inicialmente por Granovetter
en 1974. Ver Fundación Nacional para la Superación
de la Pobreza, Un enfoque global de la pobreza y su superación,
Documentos de Trabajo Nº 3, Santiago de Chile, 1999. Págs.
54 – 68.
21 Alejandro Portes, "Capital Social: sus orígenes y
aplicaciones en la sociología moderna", en: J. Carpio
e I. Novacovsky, De Igual a Igual: El desafío del estado
frente a los nuevos problemas sociales, Buenos Aires , 1999, p.
256.
22 En determinadas coyunturas históricas, también
las elites pueden requerir de "redes débiles",
que les permitan "ir al pueblo" y seguir reproduciéndose,
insertándose en la sociedad de un modo diferente a la oligarquía
tradicional, como lo muestra la trayectoria política de la
"izquierda dorada" en Chile.
23 En el discurso de las agencias multilaterales se observa una
cierta ambigüedad en la "apuesta" por el capital
social, que se expresa en el énfasis en la "legitimidad
de las instituciones" que brindaría el capital social.
Es perfectamente válido pensar que lo inverso también
es verdad: muchas veces los movimientos sociales pugnan por el cambio
de instituciones que consideran excluyentes e ilegítimas.
24 Gustavo Jiménez y Mauricio Rodríguez, El FOSIS
y el Capital Social, Documento inédito, 1999, p. 38.
25 Las comunas fueron: Cerro Navia (en Santiago), Curicó
y Arica
26 En una localidad rural de la comuna de Santa Cruz toda una comunidad
participa del Club del Adulto Mayor, independientemente de la edad.
Mientras tanto, en la cercana Roma, muy similar en sus características,
detectamos que el número total de participantes en organizaciones
supera a la población mayor de 14 años, pues los miembros
se repiten en diferentes grupos. Nuevamente un mismo fenómeno
social da origen a dos tipos de asociatividad formalmente muy diferentes.
27 G. Jiménez y M. Rodríguez, op. cit.
28 El mall recibe dos millones y medio de visitas al mes, 60% de
las cuales se concretan en consumo
29 Actualmente CIVICUS está desarrollando un proyecto comparativo
denominado Civil Society Index, que se basa en una conceptualización
que intenta compatibilizar la especificidad de cada país,
con los requerimientos de un proyecto comparativo. Su base es el
llamado "Diamante de la Sociedad Civil", compuesto por
cuatro dimensiones no necesariamente relacionadas entre sí:
estructura, valores, espacio político/legal e impacto. Cada
dimensión tiene su campo de referencia central y da cuenta
de un aspecto específico. En su conjunto busca trazar un
perfil de la sociedad civil en un país determinado, que no
se limita a las organizaciones existentes. Podría ser un
proyecto que avance en la dirección que hemos estado proponiendo.
Ver de Helmut Anheier, The CIVICUS Civil Society Diamond. Summary,
Mimeo, London, 2000.
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