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Convocatoria para escribir en el
N° 21 de POLIS
a publicarse en diciembre de 2008
Tema del Lente de Aproximación: Geopolítica y energía.
Joseph E. Stiglitz, premio Nóbel de Economía, ha sostenido que la Guerra de Irak es «Una guerra que no ha tenido más que dos vencedores: las compañías petrolíferas y los contratistas de defensa».
Jay Hanson 1, cita a Robert Constanza quien señala: «En los años 50, los productores de petróleo descubrieron 50 barriles de petróleo por cada barril invertido en perforación y bombeo. Hoy, la cifra es de aproximadamente cinco barriles por cada uno gastado en obtenerlos. Hacia el año 2005, esa cifra alcanzará el uno por uno. En otras palabras, incluso si el precio de petróleo alcanza los 500 dólares por barril, no tendría sentido energético seguir buscando petróleo en los EE UU más allá del 2005, porque se consumiría más energía que la que se recuperaría. El creciente coste energético del petróleo motiva un bucle de realimentación positiva: dado que el petróleo se usa directa o indirectamente en todo y a medida que el coste de la energía se incrementa, los costes energéticos de todo lo demás se incrementan también, incluyendo otras formas de energía. Por ejemplo, el petróleo representa aproximadamente el 50% del combustible que se utiliza para la extracción del carbón.» 2
Uno de los problemas cruciales, sino el más desafiante, que está enfrentando el modelo globalizador perverso (como le llamaba Milton Santos) y que puede marcar los límites a su expansión, es el calentamiento global y la necesidad de transitar hacia una nueva matriz energética, tanto a nivel de países como a nivel global. Parece evidente que los precios del petróleo seguirán en los altos niveles alcanzados. Pero no se aprecia todavía una voluntad real de las naciones no firmantes del Protocolo de Kyoto de hacerlo y al parecer las dilaciones seguirán por mucho tiempo. Una sociedad como la norteamericana no está en condiciones de hacerlo pues todo su modelo de ocupación del territorio ha estado basado en la creciente asfaltización y automovilización del país, además del transporte a largas distancias (Ver: Delgado-Ramos en Polis 20). Según éste, citando a Heinberg, señala que: «En plena discrepancia, algunas estimaciones calculan que, en cambio, el conductor estadounidense consume en promedio su peso en petróleo crudo cada semana. En otras palabras esto significa a nivel mundial, que los automóviles sobrepasan en peso a la población en una relación de 4 a 1 y consumen en combustible una cantidad de energía cercana a esa misma proporción que la gente en alimentos.
Miradas así las cosas, es posible entender hechos aparentemente tan irracionales para la conciencia de la humanidad como la invasión de Irak y la consecuente desestabilización de todo el orden político en el Medio Oriente, ya que vivimos en un mundo sediento de petróleo y que no pretende alterar significativamente sus modos de vida basados en el transporte individual y en el desplazamiento a largas distancias de todo tipo de bienes, incluso los alimentos perecibles.
Boaventura de Sousa Santos, sostiene a este respecto que América Latina es una pieza clave en las estrategias económicas actuales de las empresas transnacionales y los gobiernos del Norte global, ya que el sistema capitalista siempre necesita nuevos espacios para generar ganancia económica. De esta manera, la expansión del mercado ha llegado a convertir el agua, los servicios de salud, y la educación en mercancía. En este momento, la mercantilización de los recursos naturales, es la estrategia fundamental para la acumulación de capital a mediano plazo, poniendo la enorme biodiversidad de América Latina en el centro de la atención.
En este contexto ha comenzado a plantearse como alternativa e incluso como panacea, la producción de biodiesel, camino que inevitablemente conducirá a un alza aún mayor de los precios de los alimentos, condenando a la hambruna y a la desnutrición a nuevos y enormes contingentes de seres humanos que se sumarán a los ya hambrientos. El mejor ejemplo de esta dinámica irracional y perversa es el incesante aumento del hambre en el mundo, que muestra la contradicción entre la lógica de la vida (la producción de alimentos accesibles para la población mundial) y la lógica de la ganancia (la producción de los rentables bio-combustibles).
Ello a pesar que la agricultura industrializada consume 50 veces más energía que la agricultura tradicional, pues más del 90 % de todos nuestros productos alimenticios exigen la utilización de petróleo. Sólo para criar una vaca y ponerla en el mercado se consumen casi mil litros de petróleo. Como lo demostraron los trabajos de David Pimentel y Mario Giampietro, desde un punto de vista termodinámico, la moderna agricultura mecanizada es altamente ineficiente.
Como lo ha señalado Dale Allen Pfeiffer (ver: Polis 14), «Giampietro y Pimentel afirman que se necesitan 10 kcal de energía exosomática para producir 1 kcal de alimentos que llegue al consumidor en el sistema alimentario estadounidense. Esto incluye el embalaje y todos los gastos de envío, pero excluye el gasto energético de cocinar. El sistema alimentario de EEUU consume diez veces más energía que la que produce en forma de alimentos. Esta disparidad es posible por las reservas de combustibles fósiles no renovables.»
Estados Unidos, relativamente ausente de nuestro continente por la guerra de Irak, encontró que se habían producido cambios en América Latina, que presentaron dos problemas a su agenda. El primero, que los procesos sociales habían avanzado fuera de su control, y más allá de sus planes, resultando en gobiernos progresistas, y en movimientos sociales fuertes. El segundo, que estos movimientos llegaron al poder mediante procesos democráticos, en momentos en que EE UU está usando el discurso de la lucha por la democracia para justificar sus diversas intervenciones en el planeta.
En este nuevo escenario se ha efectuado una nueva estrategia de contra-insurgencia, que consiste en una mezcla entre las estrategias de la Alianza por el Progreso y una política consciente de división de los movimientos, específicamente del movimiento indígena. De tal modo que se intensificó en los últimos años, de manera brutal, la criminalización de la protesta, como también se profundizó la militarización. Se presenta entonces la contradicción entre el paradigma de la seguridad, y de la lucha contra el terrorismo a un lado, y los Estados que reivindican su soberanía, los movimientos sociales, y específicamente las luchas de los pueblos indígenas por el otro. Es en los territorios indígenas donde se encuentra alrededor del ochenta por ciento de la biodiversidad latinoamericana. No es sorprende entonces, que la criminalización contra la disidencia latinoamericana, sea aún más fuerte en contra de los indígenas. Es clara la intención de transformar a los indígenas en los terroristas del siglo XXI, como lo muestran documentos recientes de la CIA.
Hay involucradas en la situación descrita, varias dimensiones que queremos explorar, y que tiene relación con el futuro de nuestros países. ¿Será posible mantener sin explotación vastas zonas de nuestro continente frente a la presión que efectuarán sobre los recursos allí existentes los intereses del negocio petrolero y/o del agronegocio de la bioenergía? ¿Qué nuevas formas de expropiación y apropiación privada se inventarán para expandir las fronteras agrícolas? ¿Cuánto tiempo queda para que el mercado priorice la alimentación de las máquinas sobre la de los seres humanos? Quizás no estemos lejos de ello. Es necesario recordar que el precio medio de los alimentos se ha multiplicado en los últimos meses a nivel mundial y que tal como se señaló en la Cumbre Mundial de Seguridad Alimentaria se puede desatar una crisis mundial de alimentos que afecta aún más a los 854 millones de hambrientos y a los otros 3.000 millones de personas que sobreviven en el orbe con solo dos dólares diarios de ingresos y que deben gastar casi el 80% de sus menguadas entradas en adquirir esos productos. Si hoy cada 24 horas mueren por hambre y desnutrición 18.000 niños, es posible entonces que dicha cifra aumente aún mucho más. Adquiere así plena validez aquello que se ha preguntado en un artículo reciente Frei Betto «¿Quién se imaginó que tendría que entrar en una boutique para comprar arroz, frijoles, verduras y carne?»
Estaremos cerrando el número a fines de octubre , de modo que te solicitamos que nos hagas llegar tu colaboración antes de esa fecha. Si es posible que nos puedas informar previamente de tu interés por enviarnos un artículo para este número te lo agradeceremos. Para tales efectos puedes enviarnos un correo a aelizalde@ubolivariana.cl o a ub@ubolivariana.cl
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Notas
1 http://dieoff.com/page173.htm
2 Getting down to earth, by Robert Costanza et al., Eds.; Island Press, 1996; p. 314.
http://www.amazon.com/exec/obidos/ASIN/1559635037/brainfood.a |