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Un yacimiento de cazadores-recolectores marinos en la terraza
litoral de Bajo Patache de Iquique
Estudio arqueológico-geográfico
Dr. Horacio Larrain B. (Ph.D.)*
Flavia Velásquez F.
Pedro Lázaro B.
Pilar Cereceda T.
Pablo Osses M.
Luis Pérez R.
Antecedentes
La presente investigación es parte del Proyecto FONDECYT Nº 1010801, dedicado
a estudiar el comportamiento de las neblinas costeras, en el oasis de niebla de
Alto Patache, Sur de Iquique. En Informes anteriores, presentados al FONDECYT en
2002 y 2003, dimos cuenta del avance de la investigación de tipo arqueológico,
en algunos sectores del oasis de niebla desde su descubrimiento, inicios de
1997, hasta Marzo 2003. La mayor parte de la información provino del área alta
del oasis (750-850 m. de altitud), sujeta directamente al influjo del régimen de
nieblas rasantes o camanchacas (Coordenadas: 20º 49´ S y 70º 09´ W). El conjunto
de sitios se halla a unos 60 km. al sur de Iquique entre los 700-850 m. de
altitud en el alto del acantilado costero. Dicha área ha sido visitada
periódicamente por nuestro equipo con motivo de investigaciones geográficas y
climatológicas, efectuando mediciones semanales a atrapanieblas situados entre
los 850 m y 350 m., respectivamente. Los descubrimientos arqueológicos han sido
realizados en forma esporádica, a lo largo de más de 6 años (1997-2004).
A partir de noviembre del 2003, sin embargo, nuevos e importantes
descubrimientos en la terraza litoral al pie del oasis de niebla, se han venido
sumando a los anteriores, conformando un cuadro general bastante completo de los
patrones de asentamiento, modus vivendi, costumbres y actividades económicas de
los antiguos pobladores costeros. Podemos señalar, a modo de resumen, que los
recientes descubrimientos (desde Noviembre del 2003 a la fecha) nos confirman
plenamente acerca de la enorme importancia que adquirió el ecosistema de oasis
de niebla costero en el género de vida, tipos de asentamiento y desplazamientos
de los pescadores-recolectores del litoral norte. Tanto, que hemos llegado a la
convicción de que un estudio conjunto entre geógrafos (particularmente
biogeógrafos y geomorfólogos) y arqueólogos parece cada vez más indispensable
para entender y desentrañar los sistemas de utilización de este peculiar espacio
biogeográfico, creado por el influjo constante de las neblinas costeras, en
algunos sectores muy definidos y precisos del gran acantilado costero del norte
chileno.
Nuestras primeras hipótesis respecto al sitio
arqueológico de Alto Patache.
Nuestras observaciones y frecuentes colectas de superficie, en el sector alto
del oasis (700 m - 860 m) nos han mostrado fehacientemente las siguientes
realidades, ya plenamente comprobadas:
a) Hubo una fuerte actividad de elaboración de instrumental lítico de caza y
pesca, tanto en sílex como en basalto, en la pequeña planicie interior que hemos
denominado del “taller lítico”. Miles de esquirlas y lascas que quedaron
diseminadas in situ, lo confirman;
b) No se ha detectado allí, en cambio, viviendas, por lo que presumimos que no
fue ésta un área de asentamiento, sino solo de aprovisionamiento de agua y
materias primas, máxime vegetales (bulbos, rizomas, partes verdes de plantas) y
animales (carne de guanaco, zorros, reptiles);
c) El animal de caza preferido fue, por lo que sabemos, el guanaco (Lama guanicoe). Centenares de huesos (vértebras, huesos largos, huesos metacarpianos,
etc.) delatan actividades de faenamiento in situ. Hemos detectado, en la pampa
citada, dos o tres sectores de gran profusión de pequeños trozos (casi siempre
partidos en sentido longitudinal) de esta especie. (Benito González, com.
personal, 2003). La caza de reptiles (hay tres especies de lagartos in situ),
debió ciertamente existir, pero suministraba mucho menos biomasa y volumen
alimenticio, por lo que debió ser más bien complementaria o adicional;
d) Numerosos senderos de guanacos, aún perceptibles, cruzan esta área; hemos
descubierto varios revolcaderos y no menos de cinco defecaderos. Lo que sugiere
su intensa presencia en el área durante un largo período de tiempo, seguramente
desde hace probablemente milenios; dicha presencia parece haber cesado ya casi
completamente, pues los rastros son antiguos y tal vez datan de unos 60-80 años
atrás, o aún más. Los defecaderos y revolcaderos se ven abandonados desde hace
mucho tiempo1. Los senderos descienden casi hasta el límite inferior del
acantilado.
e) Muchas puntas de proyectil, de un tipo pequeño, inconfundible (2.5-3.0 cm.
largo), provisto de pedúnculo y aletas laterales, halladas en la proximidad
inmediata a los senderos transitados, parecen haber sido el arma predilecta en
la caza del guanaco; fueron abandonadas in situ, tras haber sido eyectadas
mediante arco. Muchas de ellas están completas2.
f) Hemos hallado muy pocos percutores o retocadores de artefactos (en cantos
rodados de andesita de las playas adyacentes) en el área del taller lítico; no
se encuentra en este lugar elementos de molienda (morteros, manos) lo que
denotaría que este no fue un sitio de vivienda, permanentemente usado, sino solo
eventualmente, con motivo de sus incursiones de caza, tal como lo dejamos
anotado en nuestro Informe del año 2003 (H. Larrain et al, 2003); de aquí la
escasez de basuras de comidas (conchas desechadas de moluscos);
g) No hemos hallado indicios de viviendas en el alto (750-850 m.); solo atalayas
de caza, lo que vendría a confirmar nuestra hipótesis recién enunciada. Los
asentamientos más permanentes se hallaban mucho más abajo, en las cercanías de
la terraza litoral, como lo hemos comprobado nuevamente en estos dos últimos
meses. (H. Larrain et al, Informe de Arqueología, año 2003);
h) La presencia de un rico ecosistema vegetal, (Pinto, passim), propio del oasis
de niebla, entre los 850 m y los 350 m. de altitud, aproximadamente, explotable
no solo en episodios locales de “El Niño” (donde adquiere notable desarrollo y
densidad), sino también en períodos secos de “La Niña”, (especies perennes de
bulbo y rizoma) fuees un aliciente para el frecuente consumo y colecta de
especies vegetales, tanto por los animales herbívoros (solo el guanaco, en este
caso), como por el hombre;

Foto 1: Gran tinaja de 42 cm. de diámetro por 44 cm. de alto
actual. Falta parte superior.
A la derecha, plato hallado en BP6; tiene un diámetro de 29 cm. por 9.5 cm de
alto.
i) En excavaciones y fogones hallados en la terraza marina baja (15-30 m) se
ha hallado por parte de los arqueólogos (C. Moragas, com. personal) y por
nosotros mismos, frecuentemente y en cantidades apreciables, restos de bulbos o
bulbos secos de Leucocoryne, Zephyra y/o Fortunatia spp., obviamente llevados y
consumidos por el hombre antiguo como fuente de hidratos de carbono y suplemento
de su dieta, mayoritariamente proteica (moluscos marinos y peces).
j) La presencia de una singular “aguada”, fruto de la acumulación y destilación
constante de gútulas de las densas neblinas en rocas planas, verticales, del
acantilado rocoso (Vea Figs. 1 y 2 del Informe arqueológico del año 2002),
situada hacia los 700-720 m de altitud, reforzada por la presencia de gran
cantidad de cerámica rota, hallada in situ, nos indica el lugar preciso del
abastecimiento de agua atmosférica, por parte de las bandas pequeñas de
pescadores-recolectores marinos; su acceso desde la base de la terraza marina
donde tenían sus asentamientos permanentes, es muy fácil y aún hoy tales
senderos son perceptibles y visibles ascendiendo por las laderas arenosas del piedemonte.
k) Los antiguos dispusieron de variados tipos y tamaños de vasijas para
transportar y acumular el agua (ver foto 1). En las vecindades de la “aguada”, a
720 m de altitud, se observan miles de fragmentos de cerámica, que aún no hemos
podido estudiar. Los tamaños de algunos fragmentos y los diámetros de sus bocas,
nos informan bastante bien acerca de los grandes volúmenes de agua que pudieron
transportar cerro abajo. El hallazgo de un gran ceramio (ver fotos 1), a unos
350 m de altitud, a medio camino entre la terraza litoral y la aguada, con
capacidad para unos 50-60 litros de agua, testificaría por sí solo acerca de la
posibilidad de que los antiguos habitantes mantuvieran vasijas grandes,
instaladas a media ruta, solo para efectos de surtir más rápidamente a una
población residente en la planicie3. Un niño podía subir rápidamente hasta este
lugar, y sacar agua de la gran vasija enterrada, la que podía ser diariamente
reabastecida desde arriba por otros miembros del grupo. Ya hemos probado que la
existencia de esta enorme profusión de cerámica rota en el lugar, solo es
explicable como lugar cierto de abastecimiento de agua, alo largo de siglos,
producto de la destilación, por las paredes rocosas graníticas del agua
condensada de la camanchaca costera en las paredes verticales de ciertas rocas
particularmente expuestas. Durante siglos de transporte ininterrumpido, es obvio
que gran cantidad de cántaros se rompieron y quedaron como mudos testigos de su
abundante empleo otrora.
l) Los arqueólogos, salvo escasas excepciones4, raramente han solido prestar
hasta ahora una atención preferente al fenómeno de la existencia de ricos
ecosistemas biogeográficos (botánico y zoológico), permanentemente sustentados
por los oasis de niebla, en una franja costera altitudinal de unos 400 a 500 m
de grosor medio (entre los 850 m y los 350 m de altitud), cuyo potencial
alimenticio se ha demostrado ser muy superior a lo que se había estimado
inicialmente. Menos aún, vislumbraron la posibilidad, hoy día ya comprobada, de
abastecimiento de agua potable de la neblina, por parte de las comunidades
costeras, fijándose generalmente más bien en la existencia de vertientes o
aguadas costeras bastante salobres, situadas al pie mismo del gran acantilado
costero (hacia los 200-250 m de altitud), o aún en el borde mismo del litoral a
escasos metros sobre el nivel del mar5. (Foto 7; cfr. Larrain, 1987: 78-81;
123-128).
m) En suma, estos eran, en general, los conocimientos que habíamos acumulado
sobre el particular hasta mediados del año 2003, sin haber practicado nunca una
excavación, ni siquiera una exploración minuciosa del oasis. El objetivo de
nuestras visitas era geográfico-climático. Hechos fortuitos recientes, nos han
permitido ampliar considerablemente nuestros conocimientos respecto a las formas
de utilización de estos dos ecosistemas interconectados (el marino-costero y el
del oasis de niebla con clima BWn y con un decisivo predominio de la neblina).
Descubrimiento de un campamento de cazadores recolectores marinos, en la terraza
litoral
Circunstancias del hallazgo
El día 29/11/2003, al ir a recoger a miembros del equipo que habían descendido
desde la cima del acantilado midiendo los 12 atrapanieblas de la secuencia
altitudinal (750 m a 350 m.)6 , decidimos penetrar con el vehículo 4 x 4 por la
extensa terraza marina arenosa, hasta un montículo rocoso color oscuro que se
divisaba hacia el Este, no lejos de límite E. de la terraza. Nos bastó llegar
junto a éste para percatarme que estaba ante un sitio ocupacional, un nuevo
campamento indígena. Morteros, manos, percutores (hechos en bolones de playa en
andesitas y dacitas) y gran profusión de lascas de sílex y basalto así como
conchas marinas desmenuzadas en gran profusión, comprobaban con certeza la
antigua presencia humana in situ. Huesos humanos muy erosionados se veían
desparramados en un sector del mismo. Artefactos en sílex y núcleos del mismo
material denotaban actividad de confección de instrumental de pesca y caza, in
situ. No se observaba perturbación alguna del lugar ni saqueo, por lo que
dedujimos que el esqueleto habría sido depositado muy superficialmente, lo que
produjo su ulterior desmembramiento por efecto de la erosión eólica de siglos.
(Ver Diario de Campo de Horacio Larrain, Vol. 72, pp. 125-129).
Sin tocar nada, decidimos volver con el instrumental fotográfico, de prospección
y diseño requerido, para realizar un levantamiento científico, como parte de un
salvataje de urgencia. Tal cosa se hacía indispensable por la exposición de los
restos óseos que se hallaban al descubierto. Lo que efectivamente hicimos en
varias visitas posteriores (Diarios de Campo de Horacio Larrain, Vol. 72:
134-140; 145-152; Vol. 73: 6-9; Vol. 73: 14-26; Vol. 73: 31-34; 35-54).
Caracterización física del campamento-taller y su entorno
El paisaje del lugar (Foto 2) es el propio de una amplia y estéril planicie
costera, auténtica antigua terraza marina solevantada con escollos del tipo rasa
(Paskoff, 1978-79:12,17), cubierta de finas arenas, que se extiende por unos
1.5–2.0 km. desde el borde inferior del acantilado hasta el mar. Su altitud
máxima no supera los 50 m. Ostenta una pequeña pero constante inclinación en
descenso hacia la zona litoral. Los abruptos cerros de la cordillera de la
costa, con altitudes hasta de 850-900 m describen aquí un gran arco partiendo
por el S, desde el área guanera de Pabellón de Pica, para rematar, por el N, en
los roqueríos y actual lobera de Patache (antigua guanera hoy inactiva).
 Foto
2: Amplia terraza litoral al pie del oasis de niebla de Alto Patache. Se observa
yacimiento arqueológico Bajo Patache 2 (en círculo). (Foto L. Pérez)
El yacimiento se ubica aproximadamente en la parte media de
dicho arco, a unos 35-40 m de altitud, algo más cerca del borde del piedemonte
que del borde litoral.
El área cubierta de restos culturales y basuras de ocupación prehispánica se
percibe nítidamente en torno a un montículo de rocas granodioríticas, de un
color gris muy oscuro, material idéntico a los afloramientos rocosos observables
en las cercanías y que bajan en forma de potentes cuchillas, desde lo alto del
acantilado. El conjunto rocoso, muy intemperizado y friable, presenta claros
signos de alveolización y se yergue a unos 95 cm. de altura máxima por sobre la
cubierta arenosa de la terraza. Ofrece un pequeño refugio contra los vientos
predominantes del SW y S, y ocupa una superficie aproximada a los 7 m2, entre
las cuadrículas B4-B5, y C4-C5.
La pendiente normal de la terraza, en su sentido E-W (descendiendo hacia la
playa cercana) es escasa, y alcanza sólo los 4.5º- 5º (medida con eclímetro),
notándose que esta inclinación aumenta a 7.5º-8.0º al acercarse a la base del
montícul rocoso. Esto es propio del efecto “nebka”, que se verifica alrededor
del montículo, al quedar atrapadas en torno a sí las arenas movedizas,
arrastradas continuamente por los vientos predominantes del S.
La cubierta está conformada por arenas cuarcíferas muy finas, de color muy
claro. A una profundidad variable de 15-30 cm. aparecen, capas sumamente duras
de areniscas consolidadas, en forma de estratos potentes, de un grosor variable.
Tan duro es este sedimento de arenisca que parece cubrir toda la planicie, que
hubo que perforarlo con combo y cincel para poder instalar algunas de las
estacas de las cuadrículas7. Este “campamento” indígena se halla, en medio de la
amplia terraza, a 243 m. de distancia de la actual carretera, y a 545m en línea
recta de la playa más cercana. Dista del inicio de la inflexión del piedemonte,
aproximadamente 380-400 m.
El asentamiento principal o “campamento-base” (descubierto por nosotros en el
año 1999) se halla situado en la parte más baja de la cuchilla rocosa que viene
del alto y se asienta a una altitud de unos 110-120 m., hacia el N de este
yacimiento. Ya ha quedado descrito por nosotros en nuestro Informe del año
20038. Este se yergue hacia el NNW de nuestro campamento BP2, y a una distancia
aproximada a los 810 m en línea recta. Tiene una superficie aproximada a los
4.400 m2 (Cárdenas, 2002: 86). Como veremos, estos distintos yacimientos,
campamentos residenciales o de tránsito, más otros paraderos esporádicos
descubiertos por nosotros pocos días después, parecen conformar una gran unidad
antropológica y desempeñan un rol semejante en la movilidad anual y estacional
de sus habitantes, constituyendo, probablemente, una gran conjunto tanto
étnico-demográfico como de explotación ambiental, punto que trataremos de
dilucidar ex professo en los párrafos siguientes.
Entierros humanos en campamento-taller
Lo primero que nos llamó la atención el día del hallazgo, fue la presencia, en
superficie, de numerosos huesos humanos dispersos, blanquecinos, muy
desgastados, en una amplia zona en el sector E y NE del yacimiento, a sotavento
de la roca protectora. (Cuadrículas A4-A5 y B4-B5). Pensamos inicialmente en un
posible saqueo (huaqueo). Pero no había prueba alguna de éste. Se rescataron en
superficie, varios trozos del cráneo, maxilar inferior incompleto con algunos
dientes aún adheridos, varios huesos largos de las extremidades, vértebras,
esternón, costillas y huesos del pie (foto 4). Nos intrigó mucho tal desordenada
dispersión. Luis advirtió una evidencia importante: el área donde se hallaba la
mayoría de los huesos (próxima al montículo) en una cierta posición anatómica,
se veía como levantada algunos centímetros por encima del nivel natural. (Fig.
Nº 1) ¿Se trataría, entonces, de un posible túmulo?. Así nos pareció muy pronto.
En efecto, había, en la misma zona, una cantidad significativa de trozos de roca
granodiorítica, del mismo tipo del promontorio rocoso, como si hubieran sido
puestas a propósito, para señalar el entierro. Solo se les veía acumulados en
esta área. No los había en otros sitios en torno al montículo. Sospechamos así,
la existencia de una clara intencionalidad al esparcir esos fragmentos de roca,
solo en este lugar. La excavación de esta área nos hizo confirmar plenamente
nuestra hipótesis. Tan solo aquí aparecieron, bajo tierra, los restos de 3
enterramientos y escasas ofrendas.
Una observación posterior, hecha casualmente cuando quisimos enterrar las
estacas para instalar las cuadrículas de 2m x 2m (4m2), nos ha dado una posible
clave. A profundidades entre los 15 y 30 cm. aparecen capas sedimentarias de
areniscas, sumamente duras y salinizadas (nuestra Nota 7). Es posible, por
tanto, que los antiguos habitantes prefirieran acopiar arenas sobre el cuerpo
sepultado, extrayendo previamente tan solo la porción de arena suelta de más
encima, en lugar de verse obligados a perforar las capas de la dura arenisca, de
un espesor desconocido. Para ello, ciertamente, carecían del instrumental
adecuado. Encima, habrían depositado, a manera de señalizador de tumba, un
agregado desordenado de trozos de la roca color oscuro que podían desprender
fácilmente del montículo rocoso.
En reiteradas visitas al lugar durante Enero y Febrero 2004, hemos obtenido
nuevas evidencias de entierros in situ, exactamente en el mismo lugar del
yacimiento aquí descrito. En efecto, hemos encontrados nuevos huesos, en gran
desorden, y un trozo (mitad izquierda) del maxilar inferior de un segundo
cuerpo, con varios dientes y molares. Este podría corresponder a un pequeño
conjunto de algunas vértebras y un trozo de cráneo que muestra el torus
supraorbitalis, hallado a pocos centímetros de distancia. Pocos días después, al
excavar las cuadrículas A5 y B5 apareció el cráneo de un tercer cuerpo, bastante
completo, envuelto en manojos de fibras vegetales y lienzas de colores, al modo
de un turbante. El cráneo estaba depositado parcialmente sobre un cesto tejido
con la técnica en espiral (Foto 3). Con este hallazgo ya tenemos la certeza de
la existencia in situ, y en un estrecho lugar, de por lo menos, tres
enterramientos, hechos todos a sotavento del montículo y. a unos 2-4 m de
distancia de su extremo oriental.

Foto 3: Cráneo humano, obsérvese presencia de cestería en la región frontal;
arriba, manojos de abundante fibra vegetal (¿turbante?) y lienza en color verde
en el costado inferior derecho de la foto (Foto H. Larrain)
Las futuras excavaciones, que pretendemos seguir realizando en dicho sector,
podrían, esperamos, llegar a revelar la realidad total, es decir, si hay otros
cuerpos enterrados en el mismo lugar. Seguramente, rescataremos otros huesos de
los cuerpos sepultados y, quizá, lograremos comprender mejor la exacta ubicación
y orientación de los cuerpos, en el momento de su depositación. Por ahora, solo
sabemos que los tres cuerpos fueron depositados intencionalmente, aparentemente
extendidos, en posición de E a W y a muy escasa profundidad9 y que fueron
perturbados por causas aún no bien entendidas. (Vea también nuestra Nota 7).
Nuestra metodología de trabajo en terreno.
Todo indicaba, como queda dicho arriba, que nadie había interferido, mediante
hoyos o saqueos, la posición original de los objetos allí dejados, a lo largo de
varios milenios. Una botella plástica de bebida y trozos de migas de pan
recientes, eran los únicos testimonios del paso muy eventual de algún curioso
por el lugar. Se observó solo una huella antigua de vehículo, en sus
proximidades10. Por lo demás, el sitio nos pareció prácticamente intocado. Por
esta razón decidimos realizar un delicado trabajo de cuadriculación de todo el
yacimiento, tendiendo lienza e instalando estacas hechas de trozos de cañería
plástica de PVC de 25 cm. de largo, cada dos metros. Se orientó las lienzas y
sus correspondientes estacas en un sentido N- S y E-W, determinándolas por medio
de la brújula.
Así, obtuvimos 63 cuadrículas, de 4 m_ cada una, totalizando una superficie de
252 m, Se orientó todas las lienzas y estacas en sentido N-S y E-W, mediante
brújula. La primera lienza se orientó N-S, de modo que pasara exactamente por el
centro del montículo rocoso. Y la segunda, en sentido E-W, cruzando igualmente
por el centro del montículo. A partir de éstas, se trazaron las siguientes
cuadrículas. Se conformó así una grilla de 63 cuadrículas. Nos parecieron, en un
primer momento, suficientes para encerrar todo el yacimiento. Cada fila de
cuadrículas N-S llevó una letra. La letra “A”, por tanto, designó la primera
fila de cuadrículas N-S, comenzando por el lado Este (opuesto al mar). De norte
a sur, hubo así espacio para 9 cuadrículas (A-1, A-2, A-3.....A-9.,= l8 m
lineales), y de E a W, espacio para 7 cuadrículas (A-1, B-1, C-1.....F-1.),
totalizando así 14 metros lineales.
Se procedió a levantar y registrar cada rasgo cultural usando el método de las
coordenadas cartesianas (x, y, z). En cada cuadrícula, el punto 0 (de origen) se
encontraba en el ángulo SW de la misma. Se comenzó esta tarea en el área de
cuadrículas donde estuvo el cuerpo humano enterrado. Así se asignó, a cada
pieza, en esta primera etapa de recolección en superficie (sin excavación), un
“x”: como distancia en centímetros hasta el frente (sector sur de la
cuadrícula), mientras que se designó como “y”: la distancia en cm. hasta el
costado izquierdo de la respectiva cuadrícula. Se reservó la coordenada “z” para
futuros estudios en profundidad, en cada cuadrícula. Se revisó de este modo,
asignando coordenadas “x” e “y” a todos los elementos hallados in situ, en
superficie (11), avanzando en el sentido de los números (A-1, A-2, A-3, etc.).
Al terminar la primera fila de cuadrículas, se iniciaba la segunda fila (B-1,
B-2, B-3, etc.). Al final, se levantaron y registraron así casi 900 elementos
culturales.
El método es muy lento y tedioso, pues se debe trabajar idealmente con al menos
dos personas a la vez. Una toma las medidas con huincha de 2 m.; la otra, anota
los datos en una etiqueta y pone el objeto en la bolsita preparada ad hoc. De
esta suerte, se va diseñando la agrupación de los objetos en el plano.
Posteriormente, en el computador, se pasa la información a una matriz ad hoc.
Este método es extraordinariamente preciso, pero engorroso. Permite que cada
objeto sea ubicado en su sitio preciso de hallazgo, lo que nos permite elaborar
hipótesis sobre bases científicas. Solo resulta aplicable en sitios pequeños,
como éste. Sería impensable y tarea de locos seguir esta misma metodología, por
ejemplo, en el “campamento-base”, de más de 4.400 m2 de superficie Y solo se
debe emplear cuando se tiene la razonable certeza de que los materiales no han
sido mayormente perturbados a través del tiempo. Lo que creemos es del caso
aquí. Nuestro yacimiento, de una superficie relativamente pequeña, se prestó
admirablemente para este tratamiento metodológico. El resultado ha sido
sorprendente.
Terminado el trabajo de levantamiento de los elementos culturales de las 63
cuadrículas, advertimos que el yacimiento se prolongaba hacia el NW con
presencia de innumerables fragmentos de conchas, sumamente desmenuzadas y apenas
reconocibles en sus especies. No pudiendo establecer con claridad número de
individuos (esto es, de conchas), decidimos solo señalar el área genérica
ocupada por ellas (Plano 1). Se trazó, en consecuencia otras 16 cuadrículas,
numerándolas esta vez con las letras H, I, J y K. En dicha área se colectó,
igualmente, escasas lascas y algunos artefactos, en su mayoría en basalto. De
esta suerte, la superficie total del yacimiento, prospectada hasta el último
detalle, alcanzó la cantidad de 79 cuadrículas, i. e. 316 m2. Esta última
sección del yacimiento, representaba, por lo visto, el sector de basuras de
cocina o, si se prefiere, el “área de comedor” del yacimiento.
El mapeo cartográfico del yacimiento y sus elementos culturales
Todas las cuadrículas están exactamente orientadas N-S y E-W y se tomó
coordenadas exactas de todas las esquinas exteriores del yacimiento y del
centro. Mediante el empleo del programa computacional de registro cartográfico
Arcview, hemos introducido, en la grilla completa del yacimiento, todos los
elementos hallados in situ (instrumentos, lascas, conchas, madera, huesos,
etc.), tanto en superficie como en profundidad y con sus coordenadas exactas.
Tenemos, así, un registro muy exacto de ubicación y sectorización de todos los
elementos culturales hallados en superficie (Plano 1). Los cuadros que aquí
presentamos nos muestran la exacta disposición tanto de los huesos de los tres
entierros humanos, como de los elementos culturales, aún los más pequeños,
hallados en la superficie del yacimiento (Plano 2).

Hága clic en las imágenes para agrandar
La sectorización del yacimiento según actividades culturales11
Como fruto del sistemático levantamiento de todas las piezas de carácter
cultural del yacimiento, ha sido posible detectar, como lo indican los Planos 1
y 2, sectores muy precisos de actividad humana, en el marco del yacimiento. De
esta suerte, se ha detectado: a) un área de enterramientos (cuadrículas A4. A5 y
A6; B4, B5 y B6); b) un área preferida para la molienda (cuadrículas C2, D3 y
D4); c) un área predominante de botadero de conchas (sitio de comidas:
cuadrículas H6 a H9; I 6 a I 9; J6 a J9; K6 a K9, y, finalmente, L6 a L9); d) un
área extensa destinada a taller lítico. Y dentro de esta última área, un sector
de trabajo del cristal de roca (cuadrículas Al a A3; B1 y B2) y otro sector
destinado al trabajo del basalto (cuadrículas D1 a D7). Por fin, un área
destinada al fogón (C2). Es decir, dentro de los estrechos límites del
yacimiento (316 m2), los ocupantes supieron realizar diversas funciones, en
distintos espacios, perfectamente definidos. No se dió, pues, ni mucho menos,
contra lo que se podría creer a primera vista, una ocupación caótica del
espacio. Todo parece estar bastante bien predeterminado y sectorizado. Lo que
indicaría, a nuestro juicio, que bien pudo ser un mismo grupo humano de idéntica
actividad económica básica (pescador-recolector-cazador) el que, a través de
siglos o milenios, ocupó ininterrumpidamente este yacimiento, realizando
prácticamente las mismas actividades, tareas y funciones con las mismas materias
primas. Al carecer por ahora de una cronología siquiera aproximada de la
ocupación de este yacimiento, no sabríamos decir si tal fina sectorización
obedece a un solo período determinado de ocupación, a una estrategia normal de
ocupación del espacio, propia y característica de estos grupos de
pescadores-recolectores, o simplemente, a una inteligente adaptación del hombre
a las características geográficas y climáticas presentes en el lugar (v. gr.
régimen constante de vientos predominantes).
Los elementos culturales observados en BP2
La idea fue reportar y anotar todos los elementos que denotaran empleo o uso
humano. No solo artefactos o implementos terminados; también esquirlas (o
lascas), fruto del desbaste del material en su fabricación; igualmente conchas,
como expresión de consumo y alimento, fibra vegetal, madera, cerámica (trozos),
cestería, huesos humanos o animales, etc.11. Se quiso experimentar si este
método podría entregarnos una perspectiva interesante sobre el uso del espacio
por parte de los antiguos habitantes, en un yacimiento pequeño. En otras
palabras, se quiso analizar su comportamiento cultural sobre la base del estudio
de los restos y residuos dejados y del área exacta donde quedaron abandonados.
De esta suerte, tras muchos días de prospección sistemática del lugar, ha sido
posible trazar el siguiente cuadro de los elementos hallados, en su inmensa
mayoría en superficie. Solo en el área de los enterramientos (Cuadrículas A4 y
A5; B4 y B5) se excavó hasta llegar al “pavimento” duro de areniscas
consolidadas, bajando hasta un máximo de 25 cm. de profundidad.
Proporción de elementos “culturales” hallados en el yacimiento.
El cuadro que sigue (Fig. 3) nos ofrece la proporción de elementos de toda
índole encontrados en el yacimiento BP2 hasta este momento.
Elementos culturales
Yacimiento

Fig. 3
Si analizamos con cuidado estos datos, podemos concluir varias cosas: a) el
mayor porcentaje de elementos corresponde a las lascas, fruto del desbaste del
material de nódulos traídos ex professo al yacimiento.. Se halló tres piedras de
moler (morteros) grandes (hechas en bolones planos), traídas desde las playas
cercanas. Lo que tal vez indicaría la presencia de más de una familia, que
utilizaba siempre este mismo campamento-taller; tal vez se trató de una familia
extensa; b) Morteros, manos, percutores y retocadores, hechos en andesita, han
permanecido, notablemente, tras varios milenios como sospechamos, in situ, en un
área específica, destinada, al parecer, a la molienda. Todos ellos se encuentran
en un sector muy reducido del yacimiento: esto es, el área de las cuadrículas
C2; D4 a D5; c) Solo se ha recuperado, hasta ahora, cinco instrumentos hechos en
sílex: un raspador, una punta de arpón, una punta de proyectil y dos lascas
retocadas. No es del todo imposible que visitantes ocasionales se hayan llevado
algún espécimen roto desde el taller, así como encontramos en nuestra primera
visita unas 4 ó 5 lascas recogidas y dejadas abandonadas ex professo por algún
curioso sobre el montículo rocoso. La gran cantidad de actividad de talla,
reflejada en el gran número de lascas obtenido (483) en una superficie bastante
pequeña, supondría normalmente la existencia de al menos varios instrumentos
fallidos (rotos), más de los que hemos hallado hasta ahora; d) el uso del sílex
muestra ser claramente prioritario (Fig. 4), y predomina por sobre el basalto y
el cristal de roca; pero este último material, muy llamativo por ser enteramente
transparente, fue de uso bastante abundante, y mucho más frecuente de lo que
hemos observado en otros yacimientos costeros. No se ha registrado todavía
instrumentos confeccionados en este material. e) No se halló ningún artefacto
lítico trabajado en basalto, al estilo de las puntas de este material halladas
en la parte alta del oasis, salvo lascas grandes, retocadas, usadas como
tajadores eventuales. f) tratándose de un taller cercano al mar, parece obvio
que no aparezcan aquí puntas de proyectil (de flecha) intactas, pues éstas sólo
fueron usadas en la parte alta, donde se podía cazar el guanaco o el zorro. Lo
lógico sería hallar aquí abajo algunos arpones rotos, de los que ha aparecido
hasta ahora solo uno. Sin embargo, uno de estos arpones, completo, fue hallado
por uno de nosotros a unos 500 m del yacimiento, en la parte baja del
acantilado. Todo lo contrario de lo que ocurre en el yacimiento arqueológico del
alto (750 m), donde la asidua actividad de caza dejó, como evidencia, un gran
número de puntas de proyectil completas, abandonadas cerca de sus senderos o
revolcaderos, o apostaderos de caza (atalayas).
Observaciones acerca del número (cantidad) de elementos hallados
a) Se ha realizado una exhaustiva recolección y conteo de todas las lascas
halladas, por cuadrículas, con un total de 483 (Vea Figura Nº 4). En términos de
golpes dados y lascas obtenidas, se ve claramente el enorme predominio del
material de sílex (66 %) sobre otros materiales (basalto, cristal de roca, o
jaspe); lo que significaría que la gran mayoría de los instrumentos aquí
confeccionados debió hacerse en sílex;
b) La gran mayoría de las lascas de tamaño grande (desde 4 cm. a 10 cm. por
regla general), corresponden al uso del basalto (15%). Se encuentra raramente
lascas muy pequeñas en basalto fruto del trabajo de “presión”, (menos de 2 cm.
de largo), a diferencia de lo que ocurre con el sílex y el cristal de roca,
donde tales tamaños pequeños son comunes en este yacimiento. En el caso del
sílex y cristal de roca, el trabajo de talla por presión fue sumamente fino y
generalizado, a juzgar por el diminuto tamaño de la inmensa mayoría de las
lascas.
A lo que parece, el basalto habría sido empleado aquí (en la terraza baja,
próxima al mar) no para la confección de puntas, sin para elaborar instrumentos
más grandes: raspadores, tajadores, percutores. Nuevamente, observamos aquí la
gran diferencia con el taller lítico del sector alto (750 m) donde abundan los
instrumentos de basalto en forma de puntas o cuchillos de fina talla, con
profusión de lascas muy pequeñas, fruto del desbaste de artefactos pequeños;
c) Las lascas de cristal de roca (totalmente transparentes) representan el 18 %
y son, en general, muy pequeñas y fueron ciertamente producto de la talla de
puntas o arpones finos, como el que muestra la Foto 18. Curiosamente, entre las
poquísimas lascas aparecidas en profundidad en el área del enterramiento (en
total: 10), la mayoría son de cristal de roca (7). Cristal de roca, en lascas,
ha sido también hallado en el taller lítico de Alto Patache, pero en porcentaje
muy inferior (Ver Fig. 4);
d) este yacimiento BP2, del área baja, nos ha entregado gran número de
percutores, completos o rotos, todos hechos en cantos rodados de playa
(andesitas, o ¿granodioritas?). El total de estos implementos (17), han sido
hallados en una superficie pequeña (núcleo central) del yacimiento, sin contar
aquellos que han sido hallados en un radio cercano a éste (no más de 50 m.
lineales), y que no han sido recogidos aún. Este número denota una enorme y
continua actividad de desbaste de materiales;
e) se ha hallado un número importante de pequeños cantos rodados de playa,
usados aparentemente como retocadores (en un número total de 8). Tienen un
diámetro aproximado entre los 3 - 4 cm. Presentan un típico “picoteo” (picking)
en sus bordes, como seña inequívoca del uso dado en la talla.
Tipo de material de Lascas

Fig. 4
Proporcionalmente, este tipo de implementos (retocadores), presenta aquí, en
este yacimiento, un porcentaje bastante superior al observado en el taller
lítico de los 750 m, donde son casi inexistentes. Nuevamente, tenemos una prueba
al canto de la intensa labor de talla fina de instrumentos in situ: al parecer,
preferentemente para la elaboración de arpones. En efecto, se halló, a los 330 m
de altitud, exactamente en el camino desde este yacimiento al alto del
acantilado, una punta de arpón intacta, en superficie (Noviembre 2003); f) hemos
hallado numerosos trozos grandes de basalto, obtenidos de núcleos de mayor
tamaño, provistos de bordes filosos, que debieron haber sido usados como
cuchillos o tajadores ocasionales. Uno de ellos, fue hallado incrustado en la
roca central del yacimiento (entre cuadrículas C4 y C5), en una profunda grieta,
donde parecería haber sido “guardado” ex professo; g) un solo raspador en sílex,
hecho sobre lasca grande, ha sido hallado al pie del montículo (cuadrícula Nº
B5). Denota uso intenso. Pudo haber sido usado, por su forma y tamaño, como
“desconchador” de locos (Concholepas concholepas), lapas (Fissurella, spp.) y
apretadores (Chiton spp.), moluscos que predominan en el registro malacológico
del lugar (Nota 12, vea Fig. Nº 5).
Tipos de moluscos

Fig .5
Observaciones acerca de la tipología (formas y función)
de los elementos hallados
El gráfico que sigue (Fig. 6), nos ilustra bien acerca de la variedad y
tipología del instrumenta lítico hallado en el yacimiento BP2.
Implementos arqueológicos
Yacimiento BP-2

Fig. 6
a) Ya hemos indicado que entre los instrumentos usados, predominan los
percutores (Ver Fig. 6 y Foto 4) confeccionados en pequeños bolones (cantos
rodados) de playa. Hay gran profusión de ellos. Todos con señas de intenso uso;
b) Hemos hallado pocos raspadores, en sílex confeccionados ad hoc en lascas de
sílex o basalto;
c) Retocadores pequeños, varios, todos en pequeños cantos rodados redondos de
playa, como se ha indicado;
d) Hemos hallado, in situ, tres grandes morteros usando para ello grandes cantos
rodados de playa, planos (Foto 5). A su lado, se halló cantos rodados pesados,
usados comos “manos”, evidentemente tanto para moler, como para golpear. Esto, a
juzgar por las trazas de golpes y lascas desprendidas. La labor de molienda
parece haber sido muy intensa y continua en este sitio.

Foto 4: Morteros y percutores in situ en el sector molienda, Cuadrícula D4 (Foto
H. Larrain).

Foto 5: Morteros planos en cantos rodados de playa. (Cuadrícula D4; foto P.
Lázaro).
¿Qué molían aquí en estos morteros?. Sin duda, de todo: desde algas y peces,
hasta moluscos (frescos o secos), desde tierras de colores (ocre, amarillo),
hasta bulbos, y tallos y hojas de Liliáceas o Nolanáceas del oasis del alto (Tetragonia
sp., Leucocoryne sp.; Zephyra sp, Fortunatia sp.; Nolana intonsa, N. sedifolia,
N. jaffueli, N. applocarioides ) o semillas y frutos de Eulychnia iquiquensis,
Opuntia sp., Eriosyce sp. o Ephedra breana. Todas éstas, son especies presentes
en el cercano oasis de niebla de Alto Patache. Cada “mortero”, sospechamos, debe
haber sido, aquí, un artefacto “multiuso”, empleado para todo, al igual que
ciertos percutores, raspadores o cuchillos, o ciertas lascas grandes de basalto.
Observaciones acerca del origen de los elementos culturales hallados
(Fig. 7)
Materias primas
Yacimiento BP-2

Fig. 7
Hemos recorrido detenidamente y por espacio de casi siete años (1997-2004) el
oasis de niebla y sus vecindades. En ningún lugar cercano hemos hallado grandes
núcleos naturales de basalto o de sílex, que hubiesen podido servir como materia
prima para sus artefactos. Sí, en cambio, encontramos trozos muy pequeños,
inservibles, de sílex o cuarzo. El cuarzo abunda en pequeños fragmentos, que
suelen encontrarse entre las rocas graníticas del acantilado. En cambio, en
visitas nuestras a lugares más alejados, como el tillandsial de Cerro Pajonales,
situado a unos 20 km. al oriente de Alto Patache, y en la pampa aledaña a dicho
cordón hallamos enormes bloques de sílex intactos, de más de 1 m de largo y unos
60-80 cm. de alto. También hemos observado enormes bloques de basalto, en
sectores ubicados a unos 8-10 km al N del pueblo de Pica. Lo que involucraría un
gran gasto energético en transporte de estas materias primas.
Es posible que existan, tierra adentro, otros yacimientos de materia primas
líticas más cercanos a nuestro oasis. Habría que rastrear su existencia y
comprobar su explotación. En todo caso, es obvio que trajeron consigo, cargando,
solo bloques pequeños de no más de 8-10 kg. de peso como máximo, como el bloque
de sílex hallado en el yacimiento que estamos estudiando, hallado junto al
material de molienda. Este, de pésima calidad, no sirvió para el propósito
buscado y, después de probado, fue desechado in situ (Foto 4). Ahí quedaron, a
su alrededor, esquirlas extraídas del núcleo, denotando lo inservible del
material. El peso de éste, más las esquirlas, alcanzó un total de 2,37 kg., peso
que bien podría reflejar el peso medio de los núcleos de materia prima, que
solían traer en sus “alforjas” desde el interior, junto con otras materias
primas o alimentos que colectaban en la Pampa del Tamarugal (vainas de algarrobo
o chañar) o canjeaban en las quebradas adyacentes a la Pampa del Tamarugal.
Observaciones acerca de la funcionalidad de estos
campamentos-talleres
¿Qué función cumplían estos pequeños campamentos-talleres?. ¿Cumplían todos la
misma función?. Después de haber reconocido por años muchos de éstos, en
distintos sectores de la costa13, creemos que no. Al haber rastreado últimamente
varios de esos mini-campamentos en la extensa planicie litoral, justamente
debajo y bastante cerca del oasis de niebla de Alto Patache, nos queda, por
ahora, la siguiente impresión general que resumimos aquí.
Existen por lo menos tres grandes tipos de campamentos o paraderos: A) los
“campamentos residenciales”; B) los “campamentos-talleres de paso” (Foto 4); y
C) los “paraderos ocasionales”. Llamamos “campamentos residenciales” a aquellos
en que consta la presencia de viviendas y gran cantidad de restos de comidas
(conchal). Es decir, donde comúnmente alojaban y tenían sus dormitorios. Donde
acumulaban la mayor parte de sus desechos de cocina. Y donde tenían,
probablemente, también enterratorios. Los primeros, son mucho más complejos en
términos de actividades realizadas y más grandes (en términos de superficie
ocupada) que los segundos. Los primeros son sus verdaderos campamentos-base.
Suelen distinguirse por su ubicación como excelentes atalayas de observación,
están generosamente provistos de grandes rocas que les ofrecían protección
natural, visual amplia y defensa contra los vientos, màxime en invierno. Aquí se
concentran las mayores cantidades de residuos de comida. Lo que significa que
eran usados durante todo el año. Cumplen múltiples funciones: taller,
dormitorio, enterratorio y bodega de almacenaje de alimentos. Son sus
campamentos multifuncionales. Este es el lugar donde permanecen, normalmente,
las mujeres y los niños y donde se realiza –si así podemos decir– la vida de
familia.
Suponemos fundadamente, basados en la analogía etnográfica, que estos sitios
eran ocupados por un mismo grupo emparentado, seguramente de familias extensas,
o por varias familias emparentadas, procedentes de un mismo tronco genealógico.
Imaginamos que estaban bajo el liderazgo de un jefe, el que era el más anciano
de los antepasados comunes. La presencia frecuente de enterramientos en algunos
de estos yacimientos, nos confirmaría en la hipótesis de que eran todos
parientes, y solían enterrar a sus deudos fallecidos en un terreno o territorio
considerado como propio, donde ningún extraño podría perturbar su sueño eterno.
Por cierto, en lo que respecta a la organización social y religiosa, es poco o
nada lo que podemos saber con certeza, dada la presumible antigüedad del
yacimiento. Nuestra única guía puede ser aquí la analogía etnográfica, esto es,
el paralelo que podemos trazar con tribus relativamente recientes, que han
ocupado nichos ecológicos parecidos y tienen, por tanto, modos de vida y acceso
a recursos comparables. El yacimiento que aquí analizamos, sería testigo, casi
intocado, de una época que- a lo que sospechamos- se remontaría a una gran
antigüedad.
Los campamentos-talleres de paso no son sitios habitacionales. Allí se realizan
actividades de fabricación de herramientas e implementos, lo que se comprueba
por la gran cantidad de lascas halladas in situ. Presentan restos de comida en
cantidad muy inferior al campamento–base. Es el caso de nuestro yacimiento BP2.
Eran usados solamente para la confección in situ de implementos. Pero el
hallazgo reciente (en Alto Patache) de tres enterramientos en este tipo de
sitios, nos confirmaría en la hipótesis de que se enterraba, en tiempos
tempranos, en muchos lugares, y no solo en el campamento principal. El tercer
tipo, los que hemos llamado paraderos ocasionales o eventuales, son sitios donde
se realiza una mínima actividad alimenticia, y una escasa o nula actividad de
fabricación de instrumentos. Son lugares de detención ocasional en el caso de
caminatas largas. Son lugares de descanso en el camino. Pero como los caminantes
siempre andaban con algo de comida en sus alforjas y algún núcleo o nódulo para
trabajarlo, simplemente aprovechan el tiempo comiendo o trabajando sus
herramientas. Por donde pasan, incluso en los trayectos o senderos, van dejando
evidencias de sus comidas: conchas de mariscos arrojadas al paso, o de su
actividad lapidaria (lasqueado).
Estos tres tipos de campamentos-talleres, están, sin duda, interconectados entre
sí, son parte integrante de un mismo sistema de ocupación del espacio y
representan expresiones concretas de actividades que constituyen adaptaciones
exitosas al paisaje concreto: esto es, a la existencia de varios
mini-ecosistemas de vida (Foto 6). Estos ecosistemas en nuestra zona, son
claramente tres: a) el oasis de niebla, con agua y vida animal y vegetal en
relativa abundancia; b) las rompientes, los roqueríos y las playas vecinas,
fuente de caza marina, pesca y marisqueo; c) la planicie litoral: que ofrece
grandes rocas de abrigo o sombra, y protección contra las ventoleras, y de
posibles curiosos. Todos estos sitios se encuentran interconectados por senderos
traficados desde antaño, pues son sitios de paso frecuente, entre los
yacimientos del alto del acantilado (oasis de niebla, o incluso mucho más hacia
el Este, (en la pampa lejana), hasta la misma orilla del mar (campamento-base
residencial).

Foto 6: Relación de los yacimientos arqueológicos de Bajo Patache con los
distintos ecosistemas del sector (foto H. Larrain).
Observaciones acerca de la cronología del yacimiento.
Es muy difícil intentar señalar una posible cronología para este yacimiento, sin
contar con fechaciones de C14. Más todavía, si sospechamos su uso ininterrumpido
a lo largo de muchas centurias. Su posición es clave entre el borde costero y el
principio de la subida al acantilado (base del piedemonte). Un dato es claro: el
yacimiento parecería ser ciertamente muy anterior a la llegada de la cerámica al
área. El hallazgo de solo dos pequeños fragmentos de cerámica culinaria, no nos
indica gran cosa. Pudo ser un elemento intrusivo posterior, de tipo casual.
Tampoco se encuentra cerámica en alguna abundancia en el gran campamento base de
los l10 m de altitud, muy cercano; muy escasos fragmentos han sido hallados
aquí. Sostenemos que ambos lugares son esencialmente precerámicos. Entonces, la
escasísima cerámica hallada solo nos indicaría que el sitio siguió estando en
uso en los primeros siglos después de Cristo.
Nos llama bastante la atención la enorme atrición de las conchas halladas: todas
están muy erosionadas y gastadas, denotando largo tiempo de permanencia de
exposición en superficie. Lo que nos permitiría asignarles una gran antigüedad.
El segundo argumento que apunta a una considerable antigüedad, es el estado de
los huesos del esqueleto. Estos están muy destruidos, por lo general, sobre todo
el cráneo. La escasa profundidad a que fue depositado el cuerpo podría ser, sin
embargo, en parte responsable de este hecho. No hay señas de momificación
natural.
Otro argumento, bastante más fuerte, es la presencia junto a uno de los
cadáveres de pequeños trozos de cordelería torcida, de similar tamaño, de fibra
vegetal, típicos del tejido de malla vegetal usado desde los tiempo de la
cultura Chinchorro. Estos serían fragmentos de malla, usada por los mariscadores
para recoger productos marinos en sus inmersiones. Si llegásemos a encontrar
trozos de pesos de red, o de anzuelos de concha o cactus, podríamos tener una
pista mucho más precisa. Lo que no ha sido el caso todavía. Por fin, la ausencia
total de ofrendas funerarias, apunta, igualmente, a una considerable antigüedad.
La arqueóloga Cora Moragas, en 1997, en el sitio cercano de Patillos (a 6-7 km
de distancia de nuestro yacimiento), mediante dataciones por C14, detectó la
fecha más antigua de ese yacimiento en 6.370 años AP, hallando, igualmente,
dataciones posteriores, hasta 885 años AP. En lo que a nuestro se refiere, esto
podría indicarnos que su antigüedad debería situarse entre dichas fechas. Pero
por tratarse de un período arcaico (precerámico), las fechas podrían situarse
entre los 6.300 AP y los 4.000 AP. No podemos por el momento, precisar más.
(Diario “La Estrella de Iquique, de fecha 6/04/1997); (Nota 14).
Observaciones acerca de la interrelación entre estos campamentos
y el área focal del oasis de niebla.
Cabe preguntarse sobre la relación existente entre este paradero de
caza-recolección y otros yacimientos mayores de los sectores alto y bajo. Por
una parte, la relación cultural con el taller lítico presente en la pampita a
los 750 m, junto al acantilado y en el alto del cordón costero, nos parece
evidente. Se encuentra exactamente los mismos materiales: sílex de variada
coloración, basaltos y cristal de roca. La misma escasez de cerámica; el uso de
los mismos elementos alimenticios marinos (locos, lapas, señoritas, erizos,
chitones).
La gran diferencia la observamos, sin embargo, en la funcionalidad del sitio, la
que trae por consecuencia inmediata una diferente tipología y número de
herramientas o implementos terminados. Arriba, se ejercitaba directamente
(además de la recolección terrestre de bulbos, rizomas, hojas o tallos carnosos)
la caza del guanaco, lo que explica el hallazgo de muchas puntas de proyectil
intactas y de numerosos huesos de guanaco, claramente partidos; abajo, en la
terraza litoral, solo se preparaba el instrumental (taller) para ser más bien
usado en la caza y pesca marinas. El taller de caza terrestre se hallaba arriba;
el taller de caza marina, donde se preparaba los arpones y el hueso (para los
chopes de mariscar, por ejemplo), en estos yacimientos de la planicie baja (BP1,
BP2, BP3, BP4). Es ésta nuestra hipótesis, por ahora. El grueso de la
preparación de alimentos, se realizaba en el campamento-base habitacional. Es
aquí donde se halla en abundancia los grandes morteros, las manos de moler y
decenas de percutores y raspadores.
El sitio habitacional o “residencial” del grupo humano más próximo se hallaba,
evidentemente, en el campamento base de los 110 m. de altitud (BP1), dominando
desde el Norte la amplia planicie que se extiende hacia el Sur. Si esta
hipótesis nuestra es la correcta, no se debe buscar pruebas de lugares de
alojamiento (viviendas) fuera de los que hemos llamado “campamentos-base”. En
cambio, sí podremos ubicar fogones en todos los diversos tipos de yacimiento,
incluso en los más esporádicos u ocasionales.
Si estas hipótesis nuestras son viables, entonces no deberíamos encontrar
prácticamente nunca arpones terminados o completos en los yacimientos de la
planicie baja (BP2, BP3) o en lo alto del acantilado; sí, en cambio,
instrumentos fallidos, rotos (desechados por fractura); pues los ejemplares
completos ciertamente fueron utilizados en el mar y allí se extraviaron o
perforaron a sus presas. Tampoco, nos parece, deberíamos hallar puntas de
proyectil para arco (usados para la caza del guanaco), en los yacimientos más
bajos, cercanos a la playa. El guanaco se aventuraba –a lo que creemos– muy
raramente hasta la misma playa, a diferencia de lo que ciertamente ocurre con el
zorro, frecuentador asiduo de las playas hasta hoy. El guanaco debió llegar
hasta donde tenía alimento asegurado de biomasa vegetal proveniente de
Alstroemeria, Atriplex, Chenopodium, Cristaria, Nolana, Ephedra o Tetragonia y
alguna otra especie vegetal más escasa en esta zona, como Eulychnia. En el mejor
de los casos, por lo que hemos podido comprobar, esta vegetación muy
excepcionalmente llegó a desarrollarse, en años de fuertes lluvias del evento de
“el Niño”, bajo la cota de los 200 m de altitud.15.
Observaciones sobre la multiplicidad de recursos
accesibles al grupo cultural pescador-recolector-cazador
del yacimiento de Bajo Patache.
Llama la atención la enorme cantidad de elementos disponibles para este grupo
humano, en un área de la costa sujeta a condiciones desérticas, con un
ecosistema alimentado por la corriente de Humboldt y la cercanía de un
importante oasis de niebla adyacente. Las vecinas playas de cantos rodados, le
ofrecieron excelente material para seleccionar nódulos para sus morteros, manos,
yunques, percutores y retocadores. En la franja costera próxima, los habitantes
pudieron también encontrar extensas playas arenosas (como Playa “El Águila”,
“Ensueño “ y otras más, próximas), donde poder coger el choro zapato (Choromytilus
chorus), almejas (Semele sp), tacas (Protothaca thaca), navajuelas (Tagelus
dombeyi), machas (Mesodesma donacium), ostión (Argopecten purpuratum). Estas
playas se ven interrumpidas por potentes sectores de roqueríos y puntas (como
Punta Patache) , expuestos al golpe de constante del oleaje, donde se podía
recoger el loco (Concholepas concholepas), las lapas (Fisurella spp.), los
erizos (Loxechinus albus), los chitones (Chiton spp), las olivas (Oliva
peruviana), las tégulas (Tegula atra), las señoritas , o caracoles como el
locate (Thais chocolata). O, finalmente, el pulpo (Octopus mimus). También
pescaron con lienza y redes desde la orilla misma, peces como el tomoyo (Labrisomus
philippii), apañado (Emilutjanus macrophthalmus), san Pedro (Opleagnathus
insigne), bilagay (Cheilodactilus gayi), pejesapo (Sicyases sanguineus),
pejeperro, cabrilla (Paralabrax humeralis), jurel (Trachurus symmetricus murphyi),
cabinza (Isacia conceptionis), corvina (Cilus gilberti), roncacho (Sciaena
fasciata), lisa (Mufil spp), sargo (Anisotremus scapularis). Diversas algas
marinas como el chascón (Lessonia nigrescens), el luche (Porphyra spp), huiro (Macrocystis
spp.), pelillo (Gracilaria spp.), sirvieron o de alimento, o de excelente
combustible, a falta de madera. El oasis de niebla de Alto Patache, además de
las excelentes oportunidades de caza que les brindaba el guanaco (Lama guanicoe),
les aportó numerosas especies de vegetales comestibles, como queda dicho, además
de especies arbustivas, aptas para alimentar sus fogones, como Lycium leiostemum,
Eulychnia iquiquensis (cactus arbóreo), pingo-pingo (Ephedra breana), y aún
especies de Gramineae como Stipa spp. o líquenes como Cetraria islandica. Otros
oasis de niebla próximos, del tipo monoespecífico del tillandsial, como el del
alto de los Verdes (Cerro Guanaco), o Cerro Pajonales, al Este de Alto Patache,
les suministró en forma continua inmensas cantidades de “claveles del aire” o
tillandsias (Tillandsia landbecki), en calidad de excelente combustible.16. Un
campo muy importante y poco explorado de alimentación humana del pasado es el de
las aves costeras y sus huevos. En sus playas vemos, aún hoy día, ejemplares de
la gaviota dominicana, Larus dominicanus o la gaviota garuma, (L. modestus) o
L. boisay, el zarapito de pico curvo (Numenius phaeopus hudsonicus), las dos
especies de pilpilén (Haematopus ostralegus pitanay y H. niger), o el huairavo
del norte. Los huevos de casi todas estas especies les eran fácilmente
accesibles, pues, todas ellas, salvo la gaviota garuma.17, anidan en los
acantilados de la costa o en islotes o islas vecinos a ésta, fácilmente
accesibles a nado o en embarcaciones menores (balsas). Muchas de estas especies
duermen en los roqueríos cercanos a la costa, a veces en colonias numerosas, y
debió ser muy fácil para un buen nadador acceder, de noche sigilosamente a sus
dormitorios para cazarlas. (nota: alacalufes y chonos). La pesca de especies de
orilla y el marisqueo en los roqueríos de especies de gastrópodos y bivalvos
marinos suele ser el tema más recurrente entre los arqueólogos, cuando analizan
el tema de su alimentación. Bastante más ignorado ha sido el tema de la
utilización de los recursos propios de los oasis de niebla, por ser éste un tema
de estudio relativamente reciente, con la constatación de la gran cantidad de
especies vegetales y animales allí presentes. Nuestros estudios, frutos de los
Proyectos Fondecyt, realizados entre 1997 y 2004, han demostrado fehacientemente
la enorme riqueza biogeográfica del oasis de niebla de Alto Patache, y su
potencialidad para ofrecer recursos vegetales, animales e hidrológicos, a las
pequeñas comunidades humanas de bandas de pescadores-.recolectores que habitaron
las partes bajas, próximas al mar. Otro tanto se podría decir de otros oasis de
niebla, de la zona costera de Iquique, como el de Punta Gruesa, Punta de Lobos o
Alto Chipana, los que disponían de un ecosistema muy semejante.18. A
continuación presentamos los datos porcentuales basados en los restos
alimenticios hallados en el yacimiento arqueológico BP2 (Fig. 8); Vea nuestra
Nota 18.
Alimentos detectados
Yacimiento BP-2

Fig. 8
Notas
1 Los lomajes y cerros en el área de oasis se ven surcados de miles y miles de
senderos de guanacos, aún perfectamente visibles. Las huellas se pierden tierra
adentro, siguiendo las sinuosidades de las lomas surcadas por antiguas vaguadas.
Asombra hoy su extraordinario número, cuando el oasis se ha ido, con el correr
del tiempo, restringiendo a un área cada vez más estrecha, esto, es la parte
superior del acantilado rocoso. Aún es dable observar cómo dichos senderos bajan
hasta muy cerca de la costa. Sabemos que en episodios intensos del fenómeno de
“El Niño”, especies vegetales como Cristaria molinae, Nolana jaffueli,
Leucocoryne appendiculata y Zephyra sp. descienden notoriamente, hasta alcanzar
alturas de los 100 – 120 m de altitud, tal como lo hemos observado personalmente
en Octubre del 2002, en el sector de Punta Gruesa.
2 El hallazgo de gran número de puntas de proyectil, en su mayor parte intactas
y completas, en el área superior del oasis de Alto Patache (a alturas entre los
850 y 700 m), junto a raspadores y cuchillos, nos confirma en nuestra idea de
que el área era, antes de nuestra llegada, totalmente virgen, por su total
inaccesibilidad hasta 1995, año en que se construyó la primera vía de acceso
para la construcción del sistema de torres eléctricas de alta tensión. Creemos
haber tenido la fortuna de ser los primeros que colectamos este material in
situ, no removido u observado antes por nadie. El hecho de ser los primeros en
observar este lugar desde el punto de vista arqueológico, nos otorga el
privilegio de haber encontrado un sitio totalmente intocado desde los tiempos
mismos de su abandono por el habitante costero, sin duda en una época temprana
de la conquista española.
3 Hemos emitido esta hipótesis tentativa, con motivo del hallazgo de un gran
ceramio enterrado, junto a una roca, a unos 350 m de altitud, en pleno
piedemonte arenoso. Más que pensar en subir y bajar cada día, a pulso y cargando
grandes cántaros llenos de agua, con el consiguiente y considerable esfuerzo
físico y riesgo de romperlos, es mucho más lógico pensar en la existencia de
varios puntos de reabastecimiento, situados a medio camino entre el yacimiento
principal (campamento residencial) y el área de producción y del agua (720
m.).En estos puntos intermedios, pudo mantenerse agua en cantidades apreciables
para una pequeña comunidad. El cántaro hallado, enteramente enterrado y
enhiesto, debió constituir una “reserva” de agua, la que era frecuentemente
reabastecida desde arriba, aprovechando las frecuentes y obligadas subidas al
ecosistema de niebla, en procura de carne y alimentos vegetales.
4 Uno de los escasos arqueólogos que han dejado entrever esta posibilidad
concreta de abastecimiento de agua de la neblina, por parte de los pescadores
recolectores costeros, es Lautaro Núñez. (Cfr. Núñez y Varela, 1965). Casi todos
aluden, más bien, a la existencia de puquios o aguadas costaneras, sitas cerca
de la playa o a poca altitud. Estas existen aún hoy y fueron sin duda más
abundantes otrora, pero, en general, son fuertemente salinas (Vea Foto 32).
5 Un caso típico lo ofrece la aguada de “Los Verdes”, situada a orillas del mar,
en un afloramiento conchífero donde se ha labrado una caverna profunda. De sus
paredes y techumbre mana, continuamente, a manera de fina lluvia, gran cantidad
de agua, bastante salobre. Hoy día dicho manantial, que debe ser de muy antigua
data, es probablemente incrementado por los cultivos de parcelas agrícolas
regadas, situadas al pie del acantilado, a menos de 2 km.de distancia del
manantial. El lugar conoció una intensa ocupación prehispánica (Sanhueza, 1985:
45 - 60); (Ver foto 7).

Foto Nº 7: Aguada de Los Verdes a escasa distancia del mar. Aún abastece a un
ermitaño pescador que habita en una choza próxima. (Foto P. Lázaro).
6 Hemos instalado, a partir del año 2001, seis pequeñas duplas de atrapanieblas
(cada uno de una malla de _ m2) a diversas altitudes entre los 750 m y los 350
m, bajando por el acantilado. Su objetivo es investigar y registrar
el comportamiento estacional y el volumen de la niebla, al ascender el acantilado
y alcanzar su cima. Su análisis por 3 años consecutivos, nos ha ilustrado mucho
acerca del potencial de la nube en unas secuencia altitudinal. Obviamente, la
cantidad de agua de neblina captada en cada uno de estos aparatos aumenta con la
altitud, hasta alcanzar el filo del acantilado. La máxima captación se observa
en la parte alta del acantilado, al ingresar la niebla rasante a una planicie
interior, a los 750 m de altitud. Su control periódico mensual nos ha permitido,
de paso, observar el desarrollo vegetacional en el área del acantilado, en
momentos de desarrollo del fenómeno del “El Niño” en su expresión pluvial
localizada.
7 El Dr. Roland Paskoff, geomorfólogo francés amplio conocedor de la
geomorfología de la costa chilena y autor de numerosos trabajos nos indica, a
requerimiento nuestro, el origen de este curioso “pavimento” de areniscas. Debió
constituirse, nos sugiere, hace algunos milenios atrás (en el período Holoceno,
hacia los 8.000-7000 A.C.?), con motivo de períodos muy lluviosos en la costa,
tal vez con años o meses consecutivos de lluvias, seguido de períodos muy secos.
Esta alternancia produjo la fuerte salinización y consiguiente endurecimiento de
los estratos arenosos superficiales. Su alta salinidad es perfectamente
perceptible hoy al gusto. El estrato es a ratos potente, a profundidades entre
los 15 y 30 cm. y sumamente duro. La ocupación humana, a lo que creemos, sería
posterior a este evento climático y a la conformación de dicha dura cubierta de
arenisca consolidada o “pavimento”. El hombre se estableció en el lugar desde
tiempos muy tempranos (¿quinto o sexto milenio A.C., o aún antes?). Al depositar
los cuerpos de sus difuntos in situ, la arenisca no pudo ser perforada, por lo
que se prefirió hacer un túmulo acumulando arena encima, y se señalizó el lugar
de los enterramientos, colocando encima pedruzcos extraídos de la roca misma del
montículo rocoso.
8 Informe de Arqueología Año 2003. Dr. Horacio Larrain B. Proyecto Fondecyt Nº
1010801, párrafo 7; Vea igualmente María Rosa Cárdenas T., Seminario de Grado
para optar al título de Geógrafo, Pontificia Universidad Católica de Chile,
Instituto de Geografía, 2002: 78-93. Este Seminario se llevó a cabo tras varias
visitas al área de Alto Patache, bajo la supervisión arqueológica del Dr.
Horacio Larrain B. y el apoyo en terreno de estudiantes de arqueología y
geografía. La Srta. Cárdenas tuvo acceso a los Informes de investigación y
materiales arqueológicos recolectados en el lugar desde fines de 1996, por el
Dr. Horacio Larrain y ayudantes de los Proyectos Fondecyt Nº 1971248 y 1010801).
9 Si, como creemos, los cuerpos son muy antiguos, habría que suponer que el
“desentierro” y dispersión de no pocos huesos debería ser un fenómeno
relativamente reciente (30-50 años, no más). De lo contrario, con el paso de
muchas centurias, dichos huesos habrían desaparecido totalmente hace ya mucho.
¿Cómo explicar lo sucedido? Caben varias hipótesis: l) que hubiesen estado
inicialmente más enterrados que hoy día. 2): que alguien (tal vez animales como
el zorro) los desenterró parcialmente, con el correr de siglos, y 3), que
hubiesen sido factores climáticos, como, por ejemplo, particularmente intensos
períodos de sequía, los que terminaron por debilitar la consistencia del túmulo
y provocar, lentamente, el desplazamiento y dispersión de su contenido.
Reflexionando sobre el particular, pensamos que, casi con seguridad, el cuerpo
debió ser enterrado a mayor profundidad que la actual. Esto es, que hubiese
mayor cantidad de arena encima de los restos de lo que se observa hoy. Si
descartamos, por falta total de pruebas, la hipótesis segunda, parecería que el
enigma se desvanece. Supongamos que el cuerpo estuvo bastante más enterrado,
bajo mayor cantidad de arenas y con los trozos de roca, encima. Esto es, que
hubiese sido depositado directamente sobre el pavimento rocoso y cubierto por
arenas y rocas. En tal hipótesis, pudo quedar protegido por milenios.
¿Qué ocurrió después? Lo único que se nos ocurre, como posible explicación, es
un cambio climático bastante reciente: la presencia de un relativamente reciente
y largo período de desecamiento climático, con incremento de las temperaturas,
disminución de la humedad atmosférica y aumento de la velocidad de los vientos
del S y SW. Estos vientos habrían ido desplazando, en el último siglo, enormes
cantidades de arenas, hacia la base del piedemonte, desprendiéndolas, en nuestro
caso, de la zona del túmulo y esparciéndolas hacia el E- NE.
Tal hipótesis podría encontrar una comprobación en un hecho que hemos estado
observando cuidadosamente en los siete años de investigación de Alto Patache.
Los pequeños campos de dunas que se han ido formando en el sector del portezuelo
situado al S del atrapanieblas instalado en Julio de 1997, a los 860 m. de
altitud, han ido creciendo visiblemente, año a año, en volumen, altura y tamaño
(superficie). En 1997-98 podíamos todavía atravesar la zona en vehículo. Hoy
esto es ya del todo imposible, por el enorme desarrollo adquirido por dichos
campos de dunas. Lo mismo debería estar ocurriendo más abajo. Es decir,
estaríamos, creemos, ante un aumento significativo de los campos de dunas, en
toda la costa al sur de Iquique. Incremento de las dunas de altura, significa,
necesariamente, movilidad y transporte cerro arriba de todas las arenas finas
situadas en la parte baja de la terraza marina. Si esto es así, no hay duda que
las arenas de la planicie baja estarían experimentando una movilidad y un
desplazamiento no visto antes. Estaríamos en un período particularmente seco y
caliente, en el que se esperaría un incremento de los vientos o de su acción
erosiva, y motivando, en consecuencia, el crecimiento de todos los sectores de
dunas.
Los geomorfólogos tienen aquí la palabra. Se impone una investigación sobre el
desplazamiento de los sistemas de dunas y el lugar parecería ser especialmente
interesante como para comprobarlo en terreno. Tarea interesante para futuros
seminarios de geomorfología dunaria. Si nuestra hipótesis es correcta, habríamos
encontrado una prueba tomada de la arqueología para comprobar lo que está
ocurriendo: una rápida desertización del desierto, aún en el área de influencia
de las camanchacas costeras de clima BWn.
Si nuestras reflexiones están bien fundadas, encontraríamos, tal vez, aquí una
explicación adicional coherente a la alta concentración de lascas en superficie
del yacimiento, versus su casi nula presencia en profundidad. Hemos excavado una
sola cuadrícula: (la A-5) hasta llegar al sustrato estéril y duro: 15 cm. de prof.), y nos ha llamado mucho la atención la casi total ausencia de lascas en
él. Veremos si este fenómeno se repite en otras cuadrículas. Parecería, por
tanto, que el intenso arrastre eólico relativamente reciente, ha ido dejando al
descubierto todas las lascas antiguas, exponiéndolas en superficie. El viento
fuerte de la tarde, del que hemos sido testigos, mueve las arenas finas, pero no
puede mover las pesadas lascas, las que van quedando in situ y a la vista. Es
decir, la superficie ha ido denudándose y bajando en altura; es la hipótesis que
proponemos hoy y que satisface nuestros hallazgos arqueológicos recientes.
Quisiéramos escuchar la autorizada opinión de los geomorfólogos al respecto.
10 Observamos solo una huella algo borrada, de vehículo, que solo pasó por las
cercanías del yacimiento, sin detenerse. Correspondería a una visita ocasional
de un raidista, hecha con ocasión de un reconocimiento de la costa (com.
personal de P. Lázaro, enero 2004). Nada indica que la zona hubiera sido
visitada por arqueólogos profesionales antes de nosotros. De haberlo hecho, es
probable que hubieran levantado algunos instrumentos arqueológicos que estaban
in situ. Tampoco levantaron los huesos humanos que estaban a la vista. Sabemos
que el danés Anker Nielsen, en los años 40, excavó numerosas tumbas en la costa
al sur de Iquique. Constan sus trabajos de búsqueda en el sectorde Cáñamo y al
sur de Patillos. Aquí halló algunos cuerpos momificados de la cultura
Chinchorro. Pero no hay indicios de que se hubiese introducido al interior de
esta planicie interior amplia, más cerca de la base del acantilado. En efecto,
en los cinco yacimientos o campamentos que aquí hemos detectado, en la base del
oasis de niebla de Alto Patache, no hay la menor huella de hoyos, como los
practicados normalmente por él, y que hemos detectado en varios sitios mucho más
próximos a la costa. Es bastante posible que estos hallazgos nuestros recientes,
más próximos a la base del piedemonte, que a la playa actual, sean bastante
antiguos. Tarea urgente para los arqueólogos del futuro será la dilucidación de
este importante aspecto del poblamiento costero.
11 Se recogió y se tomó las coordenadas, en cada cuadrícula, de todos los
elementos que fueran “culturales”, esto es, sea directamente frutos del trabajo
humano intencional y directo (artefactos, instrumentos, lascas), sea obviamente
utilizados por el hombre (conchas, madera, fibras vegetales, semillas, bulbos,
etc.). Se desestimó aquellos elementos que no parecen haber sido de utilidad
alguna para el hombre antiguo, como trozos informes desprendidos de la roca del
lugar, caracoles terrestres, cadáveres recientes de aves costeras, todos ellos
propios del lugar. En este sentido, denominamos “culturales” a aquellos
elementos (transformados o no por el hombre) que manifiestan una función
cultural (alimento, vestimenta, trabajo humano, o juego), a pesar de no haber
sufrido transformación alguna por parte del hombre (semillas, plantas
comestibles, o caracoles, “juguetes”).
12 El loco (Concholepas concholepas) de la familia Gastropodae, es, de lejos, el
molusco más consumido en el lugar. El conteo de las especies de conchas halladas
en este yacimiento, arroja un 75% en relación a otros moluscos (Fig. 5). Le
siguen en frecuencia, Chiton, sp, con 7% y Fissurella (lapas) con un 6 %. Pero
se debe considera aquí que el ritmo de degradación o destrucción de conchas de
algunas especies (como erizos, machas o almejas) es bastante mayor que el
experimentado por el loco a lo largo del tiempo. Lo que ciertamente favorece la
permanencia de éste último en el registro. La concha de este molusco, a causa
del grosor de sus paredes, es mucho más resistente a la atrición y consiguiente
desaparición (ver fig. 6). Nos ha sorprendido, sin embargo, la total ausencia de
fragmentos de conchas del choro zapato (Choromytilus chorus), machas (Mesodesma
donacium) o almejas.
13 Hemos recorrido intensamente y descubierto áreas de vivienda y campamentos
ocasionales en el área situada al N de la ciudad de Antofagasta entre 1963 y
1965. (Larrain, 1965). Posteriormente nos fue dado reconocer y estudiar
conchales en la costa N de la IV Región en el área de Chungungo y Caleta
Temblador, entre los años 1980 y 1984 (Larrain, 1983). Por fin, nos ha sido dado
muy recientemente (2003) recorrer el área costera entre Gatico y Cobija (N. de
Antofagasta), siguiendo las huellas de Bente Bittmann. Sin perjuicio de los
descubrimientos hechos por nosotros entre 1995 y 2004 entre Patillos y Pabellón
de Pica (costa sur de Iquique), con ocasión de los estudios geográficos
realizados con geógrafos de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Podemos
afirmar, sin temor a equivocarnos, que hemos visitado y reconocido durante estos
años, tal vez centenares de sitios de campamentos, unos ocasionales y
esporádicos, otros claramente permanentes o casi permanentes. Experiencia que
nos permite poder elaborar, en forma muy tentativa, la tipología que aquí
proponemos.
14 El yacimiento que estamos estudiando, difícilmente se prestará para
dataciones con el método del C14, por cuando tiene muy poca profundidad. La
máxima profundidad detectada hasta ahora es de 30 cm. Es posible que en la
proximidad de la roca mayor, existan evidencias de fogones, más profundos, que
aún no hemos detectado. De encontrarlos, tendríamos acceso a material
carbonizado que pueda permitir un fechamiento.
15 Entre los meses de septiembre y noviembre del año 2002 nos fue dado
presenciar y visitar la vigorosa cubierta vegetacional que apareció y descendió
por los abanicos aluviales arenosos y sectores del piedemonte en el área de
Punta Gruesa, (exactamente al lado del cerrillo donde se ejercitan en el vuelo
los parapentistas), desde los 120 m de altitud hacia arriba. Allí hemos visto
una hermosa y florida cubierta de plantas de al menos tres especies vegetales:
Cristaria molinae, Leucocoryne sp., y Nolana jaffueli. Mientras más abajo, menor
era, evidentemente, su desarrollo. Todos los ejemplares, aunque pequeños
llegaron a florecer y semillar. La semilla, pues, quedará en latencia por muchos
años, esperando nuevos aguaceros. Allí mismo hemos encontrado fecas antiguas y
senderos de guanaco, que testimonian cómo estos mamíferos solían recorrer estas
praderas naturales esporádicas, fruto de lluvias eventuales, como producto del
fenómeno de”El Niño”. Sabemos bien que en la zona este fenómeno se presenta con
una periodicidad variable, entre los 5 y 7 años, por lo que las semillas deberán
esperar dicho lapso de tiempo para fructificar nuevamente, apenas se presente un
episodio de lluvia local.
16 Hemos hallado algunos fragmentos de tallos de Tillandsia landbecki en el
yacimiento BP2. El tillandsial más cercano se encuentra en los altos de Los
Verdes, en el área del cerro Guanaco, a los 1.000-1.100 m de altitud y, por
tanto, no lejos de este lugar. Esta especie, denominada comúnmente “clavel del
aire”, era un excelente combustible y probablemente fue transportada hasta el
lugar con este propósito.
17 La gaviota garuma (Larus modestus) es la única especie de Laridae que no
anida en las oquedades de los roqueríos de la costa sino en enormes bandadas de
miles de individuos, en pedregales del interior, a altitudes próximas a los
1.000 metros penetrando hasta casi 100 km de la costa. Larus modestus es una de
las poquísimas especies de gaviota que anida en grandes poblaciones, haciendo
así muy fácil la recolección de sus huevos. Esta costumbre, practicada
asiduamente hasta la época de las salitreras, seguramente fue bien conocida de
los antiguos habitantes, los que supieron recoger sus huevos en la época de
postura, en la misma forma que se hizo hasta épocas muy recientes.
18 Uno de los investigadores que supo vislumbrar mejor la potencialidad en
recursos alimenticios de la “Cordillera de la Costa” fue la arqueóloga danesa
Bente Bittmann. En un trabajo suyo publicado en 1984, (Bittmann, 1984) señalaba
la presencia de “varios habitats” accesibles al pescador-recolector marino.
Distingue claramente cuatro de ellos y apunta un quinto: a) la orilla del mar
con playas arenosas y roqueríos; b) el mar interior, el que sospecha no fue
utilizado por este hombre antiguo “ por falta de embarcaciones”, c) la planicie,
situada entre el acantilado y el pie de la Cordillera de la Costa, y, por fin,
d) la “Cordillera de la Costa donde a cierta altura las camanchacas permiten el
desarrollo de una faja de vegetación de cactáceas y otras especies, y asimismo
crean condiciones para la existencias de algunas especies de fauna (guanaco, por
ejemplo)”; e) el quinto habitat serían “las aguadas o fuentes de agua potable,
las que se encuentran en su mayoría al pie del acantilado, a corta distancia del
mar o en la Cordillera de la Costa. Estas últimas podían aportar algunas
especies vegetales”. Probablemente, en este último habitat se está refiriendo a
la caña o cañaveral, de la especie Phragmites communis y eventualmente a la
grama salada o Dysticlis sp., (Gramineae) plantas que se detectan en las aguadas
de Cobija (destacado nuestro). Justamente este habitat, el de los oasis de
niebla, producido y mantenido por las camanchacas, es el que hemos estudiado
nosotros en forma particular, entre 1997 y 2004, en el sector de la Cordillera
de la Costa conocido como Alto Patache, destacando su enorme potencialidad,
mucho mayor a la vislumbrada generalmente por los arqueólogos, no sólo por la
posibilidad ya certificada de obtención de agua de la neblina, sino por la
extensa gama de productos vegetales, animales o de otra índole que podían
colectar o cazar en el oasis. En nuestro trabajo etnogeográfico de 1987 (Larrain,
1987: 78-81; 122-128) hemos discutido in extenso el tema de la habitabilidad de
los cerros altos de la costa, por parte de los pescadores costeros, a propósito
de la hipótesis de José María Casassas. En su opinión, uros o camanchacas huidos
de la franja costera, se habrían refugiado y vivido en las alturas del
acantilado costero. Entonces, tras nuestros primeros estudios sobre la neblina
costera, ya vislumbrábamos la existencia de un rico biome capaz de sustentar en
ciertas temporadas a los pescadores-recolectores costeros. Pero rechazábamos de
plano la idea de que allí tuviesen sus asentamientos permanentes o semi-permanentes.
Los recientes descubrimientos (1997-2004), a pesar de afianzar poderosamente,
con datos biogeográficos y climáticos, la potencialidad de recursos ofrecidos
por los oasis de niebla, nos confirman en las hipótesis fundamentales emitidas
por nosotros en esa época. Para la potencial riqueza hídrica, flora y fauna del
oasis y su dependencia del fenómeno de “El Niño”, consulte los trabajos
recientes de Cereceda et al., 2000; Larrain et al., 1998; 2001a; 2001b, 2001c;
Muñoz, Pinto et al., 2001).
Agradecimientos
Expresamos nuestra gratitud hacia el Prof. Mario Aguilar, ingeniero pesquero de
la Universidad Arturo Prat de Iquique, quien nos ha ilustrado sobre los
moluscos, peces, crustáceos y algas que existen normalmente en esta costa y que
pueden ser cazados o colectados con facilidad desde las rocas o a poca
profundidad. A él debo, igualmente, sus nombres científicos. Igualmente, debo
agradecer al zoólogo de la Universidad Católica de Chile, profesor Benito
González, por su identificación de huesos de guanaco, colectados en el sitio
arqueológico de Alto Patache. Un agradecimiento especial al Dr. Roland Paskoff,
geomorfólogo francés de gran experiencia en Chile, quien nos ha hecho valiosas
sugerencias sobre la planicie litoral y el acantilado costero. A la botánica
Sra. Raquel Pinto B., por enseñarme a distinguir e identificar, en terreno, las
especies vegetales presentes en el oasis, tanto en sus especímenes vivos, como a
través de sus semillas y otros restos. Por fin, a los alumnos Mauricio Navarro y
Víctor Bugueño, por el apoyo prestado en terreno.
Bibliografía sumaria
(sólo se indican algunas obras básicas sobre este tema)
Bittmann, Bente y Juan Munizaga (1984), “Evolución en poblaciones precolombinas
de la costa Norte de Chile”, Revista Chungará Nº 13, Universidad de Tarapacá,
Arica, Chile, 129-142.
Cereceda P., Larrain H., Lázaro, P, Osses, P, Schemenauer R.S., Boroevic X., “La
Niebla, agua potable para zonas rurales”, Revista Geográfica Terra Australis,
Santiago, 45: 143-160.
Larrain B., Horacio (1966), “Tipología de la cerámica encontrada en conchales de
la costa de Antofagasta”, Anales de la Universidad del Norte, Antofagasta, Nº5:
83-128
Ídem (1987), Etnogeografía. Tomo XVI, Colección Geografía de Chile, Impresión
Instituto Geográfico Militar, Santiago, 285 p.
Ídem, et al. (1998), “Human occupation and resources in a Fog-covered Site in
Alto Patache, (South of Iquique, Northern Chile)”. First International
Conference on Fog and Fog Collection, Vancouver, Canada, July 19-24, 1998.
Ídem, et al. (2001a), “Archaeological Observations at a coastal Fog-Site in Alto
Patache, South of Iquique, Northern Chile”, 2nd International Conference of Fog
and Fog Collection, Saint John´s, Canada, July 15-20, 289-292.
Ídem, et al. (2001b), “Monitoring fog-vegetation communities at a fog-site in
Alto Patache, south of Iquique, Northern Chile during “El Niño” and “La Niña”,
Events “ (1997-2000). 2nd International Conference on Fog and Fog-collection,
Saint John’s, Canada, July 15-20, 293-296.
Ídem, et al. (2001c), “Three Years of zoological records at a fog-site
atAltoPatache, south of Iquique (Chile), during “El Niño” and “La Niña”
(1997-2001), 2nd International Conference on Fog and Fog Collection, Saint John’s,
Canada, 297-300.
Muñoz, Mélica, Pinto B., Raquel y otros (2001), : “Oasis de neblina en los
cerros costeros del sur de Iquique, región de Tarapacá, Chile, durante el evento
El Niño 1997-1998”, Revista Chilena de Historia Natural, 74: 389-4005.
Núñez, L. y Juan Varela (1965), “Sobre los recursos de agua y el poblamiento
prehispánico de la costa del Norte Grande de Chile”, Estudios Arqueológicos,
Departamento de. Arqueología y Museos, Universidad de Chile, Antofagasta N° 3-4:
1-41.
Paskoff, Roland (1978-79), “Sobre la evolución geomorfológica del gran
acantilado costero del Norte Grande de Chile”, Revista Norte Grande, Instituto
de Geografía, Pontificia Universidad Católica de Chile, Nº 6: 8-22.
Sanhueza, Julio (1985), ”Poblaciones tardías en playa “Los Verdes”, costa sur de
Iquique (I Región de Chile)”, Revista Chungará , Universidad de Tarapacá, Arica,
Nº 14: 45-60.
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