Este
artículo también se encuentra a disposición
de los lectores en formatos word
Polis,
Revista de la Universidad Bolivariana, Volumen 1 Número 1, 2001
Modernización neoliberal
y organizaciones del Tercer Sector en Chile Ponencia
presentada en The Four International conference de The International
Society for Third Sector, Dublin, julio del 2000
María Inés Arribas
Jefa de la Carrera de Arquitectura de la Universidad Diego Portales
y profesora de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de
Chile.
Jorge Vergara Estévez Editor de Polis , profesor de la Universidad
Bolivariana, y de la Universidad de Chile.
* * *
Introduccion
Este ensayo se ha elaborado a partir del supuesto teórico
y metodológico de que una vía fructífera para
comprender mejor la situación de las organizaciones del Tercer
Sector en Chile, sus problemáticas y el sentido que asume
su acción, consistiría en estudiarlas en y desde los
procesos de modernización societal. Este texto tiene seis
partes.
En la primera, se ofrece una presentación sobre la modernización
neoliberal en Chile, y se señalan sus principales logros.
En la segunda, se explicitan sus aspectos y efectos negativos en
lo socioeconómico, cultural, psicosocial y en el deterioro
de la sociabilidad. En la tercera, se ofrece una visión de
conjunto de las organizaciones del Tercer Sector en Chile. En la
cuarta parte, se exponen algunos proyectos y expectativas sobre
el desarrollo de este sector que han sido propuestas por el Pnud,
otros organismos internacionales, el gobierno, y algunos partidos
políticos.
En la quinta se presentan los resultados de un estudio exploratorio
sobre tres pequeñas organizaciones del Tercer Sector, dos
urbanas y una rural. Dicho estudio se realizó desde la hipótesis
de que una parte de las organizaciones del Tercer Sector, las que
tiene mayores mayores grados de autonomía respecto del Estado
y del mercado, y se basan en identidades culturales de sus miembros,
introducen valores y conductas
innovadoras respecto a las que predominan en la sociedad chilena.
Estas son: confianza, solidaridad, participación en la toma
de decisiones, acción de acuerdo a intereses compartidos,
etc. Por ello, realizan una contribución a la integración
social. El análisis de los tres casos muestra que, en importante
medida, la hipótesis se corrobora.
En la sexta parte y final se ofrecen algunas reflexiones provisionales
sobre estas tres organizaciones, mostrando que su aporte principal
consiste, en un caso, en representar a pequeña una comunidad
étnica, y, en los otros a dos barrios, potenciando formas
de sociabilidad basadas en identidades culturales, modos de vida
y (algunas) valoraciones compartidas. Por ello, su acción
social implica procesos de subjetivización, antientrópicos
respecto a las tendencias de homogenización, y adaptación
pasiva de los grupos a la lógica funcional de la modernización
neoliberal.
Logros de la modernización neoliberal
en Chile
El tema del Tercer Sector tiene escasa presencia o bien está
ausente, en la bibliografía sobre la modernización
en Chile. Por su parte, los análisis sobre estas organizaciones
suelen referirse, someramente, a su relación con las modernizaciones,
o bien no hay referencias a ellas. Esta doble carencia empobrece
el desarrollo del conocimiento en ambas temáticas. Las organizaciones
del Tercer Sector, aunque no puedan ser consideradas un subsistema
de la sociedad, en el sentido habitual de la expresión, y
aunque sea problemático incluso considerarlas como un'sector'
de la sociedad, sin embargo, son una dimensión relevante
de ella, en la cual se expresa la capacidad de asociatividad de
esa sociedad, y realizan un aporte indipensable a sus niveles de
integración social (De la Maza 2000). Por ello resulta importante
analizar su situación en dichos procesos.
Aunque las organizaciones chilenas del Tercer Sector sean similares
a las de otros países, poseen una especificidad que no es
posible comprender sin referirse los procesos societales que constituyen
no sólo su contexto, sino los cuales establecen importantes
condiciones, límites y posibilidades de su acción,
y los cuales condicionan su modo de organizarse y de funcionar en
su vida cotidiana. Por ello, es que debemos atender cuidadosamente
al contexto social, cultural y político nacional donde han
surgido y se desarrollan.
Asimismo, hay una razón teórica importante para
estudiar estas organizaciones, y se refiere a la necesidad de superar
la concepción dualista Estado - sociedad civil, surgida en
un contexto histórico lejano y muy diferente del actual (Arancibia
et alli 1998). Como se ha dicho, es necesario desagregar el sentido
original de la categoría de sociedad civil, pues ésta
comprende organizaciones y asociaciones muy diferentes, incluso
en su lógicas de acción social. Puede decirse que
la sociedad, desde el punto de vista institucional, articula y comprende
no sólo el Estado y el mercado, sino también las denominadas
organizaciones de la sociedad civil.
Ciertamente que los límites entre el Estado, el mercado
y dichas organizaciones pueden ser difusos, especialmente en algunos
países. En Chile, por ejemplo, muchas de estas organizaciones
forman parte, de modos diversos, de la lógica de poder del
Estado, de sus políticas sociales, pues se financian realizando
proyectos cuyas características principales y límites
son definidas por los organismos gubernativos. Otras están
articuladas a la lógica del mercado, puesto que funcionan
como una empresa, algunas producen importantes superavits, o incluso,
dependen a la vez del Estado y del mercado. El problema actual ya
no es el del siglo XVII-XVIII, el cual era el de afirmar y fortalecer
el conjunto de la sociedad civil frente a un Estado absoluto, sino
el de luchar por la autonomía y libertad de las personas
frente a la lógica funcional del dinero y del poder. Como
se expondrá en este ensayo, es necesario potenciar las organizaciones
autónomas de la sociedad civil, frente al Estado y el mercado.
El proceso de modernización chileno posee una buena imagen
en los medios de comunicación internacionales, especialmente
en los relacionados al sector financiero y empresarial. Chile es
uno de los principales destinatarios de la inversión extranjera,
en América Latina, y su nivel per capita de inversión
externa productiva es uno de los más altos. Más aún,
es el único país de la región que ha logrado
un importante y sostenido crecimiento económico, durante
más de diez años, siguiendo la vía ortodoxa
diseñada por los economistas de la Escuela de Chicago, de
la Comisión Trilateral y los organismos crediticos internacionales.
Esta vía es la de un modelo extravertido, orientado al mercado
internacional, basado en el crecimiento de los volúmenes
de exportaciones de materias primas y recursos naturales, el cual
ha requerido una importante inversión externa en estas áreas
y en la de servicios. Asimismo, presenta el caso más radical
de una "sociedad de mercado", regida por la lógica
mercantil. Por ello, se presenta la economía chilena como
un nuevo "milagro" y un modelo para América Latina.
Los indicadores macroeconómicos corroboran esta interpretación:
(a) la economía chilena presenta un alta y sostenida tasa
de crecimiento de más de 6 % anual desde 1984 hasta 1997;
(b) su tasa de inflación ha ido decreciendo hasta llegar
al 3,6 % en los últimos doce meses, una de los más
bajos de los países periféricos; (c) la inversión
extranjera productiva ha aumentado desde 1.314 en 1990 a 5.998 millones
de dólares en 1998; (d) los niveles de desempleo de los últimos
diez años serían muy bajos, y menores que los de varios
importantes países europeos (Pnud 2000).
Los niveles de consumo de bienes de uso durable, han aumentado
notablemente en la última década, especialmente el
de medios de comunicación; (a) el número de computadores
ha pasado de 1 por cada 100 habitantes en 1990 a 4,5 en 1997 y sigue
creciendo, el 20 % los usa en sus trabajo, y el 10% de los hogares
los poseen; (b) las lineas telefónicas fijas se han triplicado
entre 1990 y 1997; (c) en ese mismo período se han cudriplicado
el número de hogares con televisión por cable; (d)
en esta década se ha duplicado el número de estaciones
de televisión; (d) la cantidad de teléfonos celulares
por cada 1000 personas que es uno de los más altos de América
Latina; (e) se han quintuplicado la cantidad de minutos de llamadas
a larga distancia nacional, y se ha sextuplicado las internacionales
(Pnud 2000); (f) ha aumentado considerablemente el número
de vehículos motorizados, en especial automóviles;
(g) y, asimismo, se observa un gran incremento de la compra de electrodomésticos.
Los principales indicadores sociales usados por los organismos
internacionales son también muy buenos, y se encuentran entre
los más altos de la región: (a) el alfabetismo de
adultos llegó al 94,3 % en 1998; (b) la esperanza de vida
al nacer alcanza a los 75,2 años; (c) el PIB real per capita
fue de 4.957 dlls. en 1998, y actualmente es de 5.100 dlls. (Pnud
2000); (d) asimismo, casi toda la población tiene aceso al
agua potable y a sistemas de alcantarillado; (e) el déficit
habitacional es relativamente bajo; (f) desde 1990 se ha duplicado
el gasto público en salud y educación; (g) el cuadro
sanitario es satisfactorio, casi se han erradicado las enfermedades
contagiosas, y las enfermedades y las principales causas de muerte
son análogas a las de los países desarrollados (cancer,
dolencias cardíacas, cerebrovasculares, y otras) (Santander
1998); (h) en consecuencia, desde 1990 hasta ahora el número
de pobres habría disminuído a la mitad. "En los
últimos diez años, 2.2 millones de persona, mejoraron
el nivel de ingreso de sus hogares, superando el umbral de la pobreza,
al mismo tiempo que la indigencia se redujo a la tercera parte"
(Arancibia 1998: 35.)
Aspectos y efectos negativos de la modernización
Sin embargo, los éxitos de la modernización chilena
están acompañados de importantes limitaciones, mucho
menos conocidas, y habitualmente ausentes de la imagen idealizada
proyectada dentro del país e internacionalmente. Estos deficits
se presentan en el aspecto económico; en la calidad de vida;
en la relación entre sistema institucional y subjetividad,
en la salud mental y en la sociabilidad
Distribución del ingreso. Los economistas han señalado
que, dada la distribución del ingreso, los beneficios del
crecimiento no han llegado a toda la población: "en
una muestra de 65 países, el Banco Mundial ubica a Chile
entre los de peor distribución del ingreso" (Castro
et alli 1998: 81). Si bien es cierto en los últimos diez
años los salarios reales han subido; sin embargo, sólo
en 1993 se alcanzó el nivel de salario real de 1970, recuperándose
de la fuerte baja que sufrieron durante el régimen militar
(Gonzalez 2000 b). El 20 % de los hogares más ricos concentra
el 57,1% de los ingresos, y el quintal más pobre sólo
el 3,9 % (Pnud 1998). "El 70 por ciento de la población
percibe poco más del 30 por ciento del ingreso nacional,
mientras el 10 por ciento percibe más del 40 por ciento,
del cual 22, 5 por ciento queda en manos de sólo el 1 por
ciento de la población"(Castro et alli 1998: 81). Estudios
recientes confirman el carácter regresivo de la distribución
del ingreso, puesto que aunque el ingreso per capita llega actualmente
a 5.100 dolares, el ingreso anual del 48% de las familias, de cuatro
personas, es menor a los 9.000 dlls, es decir, es menor al 44 %
del ingreso per capita familiar que alcanza los 20.400 dlls. Más
aún, el 75 % de las familias en Chile no alcanzarían
el ingreso per capita y sólo el 25 % llegan a dicho nivel
y lo exceden, según datos recientes publicados por El Mercurio
en noviembre.
La opinión pública coincide con los especialistas:
encuestas recientes del Centro de Estudios Públicos muestran
que, en los sectores populares, la mayoría piensa que el
principal problema económico es el de la distribución
del ingreso. Asimismo el 45,6 % no cree que el país esté
mejor económicamente (Pnud 1998: 53). Otra encuesta muestra
que sólo el 19 % piensa que "todos los chilenos se benefician
con los logros económicos del país", y el 80
% piensa que no es así (Pnud 2000: 146). Mediciones realizadas
durante los últimos 24 meses, por el Centro de Estudios Públicos,
muestran que en promedio, sólo el 30 % opina que el país
está progresando, el 50% que está estancado y el 16%
que está en decadencia. En igual periodo, en promedio, el
52,5 % piensa que la situación económica del país
es mala, y un 7 % que es buena (Hinzpeter 2000: 2).
Pobreza. La medición de su nivel resulta muy insatisfactoria,
puesto que se sigue usando la metodología creada por los
economistas neoliberales del régimen militar. Aunqeu su uso
tiene la ventaja que permite hacer comparaciones, sin embargo, no
por ello deja de ser un defectuosos instrumento de medición.
Se considera que una familia, de cuatro personas, por ejemplo, ha
salido de la pobreza cuando su ingreso mensual supera en conjunto
los 315 dólares. En 1987 el 45 % de la población estaba
bajo la linea de la pobreza, desde entonces este porcentaje se ha
reducido a la mitad, considerando que las políticas sociales
implican transferencias que conllevan aumento indirectos de estos
niveles de ingreso (González 2000 b). Sin embargo, la medición
de la pobreza por el valor de dos canastas básicas alimentarias
por persona al mes, es decir, de 78 dólares, es muy discutible.
Primero, porque en Chile 39 dólares por mes sólo alcanza
para comprar algo más que un kilo de pan al día, y
segundo porque los otros 39 dólares mensuales equivalen a
tres pasajes de locomoción diarios. En todo caso, el 48%
de las familias chilenas vive con menos de 700 dólares al
mes, a pesar de que los niveles de precios son muy semejantes, en
los artículos de consumo básico, a los de los países
desarrollados; y en algunos casos de ropa, alimentos, servicios
médicos especializados, medicamentos, productos eléctricos
y otros son mayores.
En síntesis, la disminución de la pobreza en los últimos
diez años, no significa que los pobres dejen de serlo, sino
sólo que lo son en menor medida. Si se consideran los niveles
de precios de los consumos básicos, podría sostenerse
que, a semejanza de Estados Unidos, una familia en Chile de cuatro
personas cuyo ingreso sea menor de 1.000 dólares mensuales
se encuentra en una situación de pobreza. Si aplicaramos
este indicador, a lo menos la mitad de las familias chilenas están
en situación de pobreza aunque, indudablemente, sus niveles
de carencias sean menores que los de muchos otros países
latinoamericanos. El análisis de estas cifras adquiere especial
importancia pues, actualmente, tanto el gobierno como los empresarios
sostienen que Chile podría llegar a ser un país desarrollado
en sólo diez años si lograra mantener un alto nivel
de crecimiento económico, de 6 o 7 % anual.
Sueldos. Muy relacionado al tema anterior, se encuentra el de los
bajos niveles promedio de remuneraciones. Las cifras de las asociaciones
previsionales muestran que el sueldo mensual promedio en Chile es
de aproximadamente 500 dólares mensuales, y el salario mínimo
-percibido por una cantidad importante de trabajadores- es de sólo
170 dólares al mes. Esto explica el alto nivel de endeudamiento
privado -con bancos, instituciones financieras y casas comerciales-
el cual es porcentualmente mucho mayor en los sectores de menor
ingreso; en muchos casos éste no se dedica a comprar bienes
durables, sino a cubrir déficits. "Este ciudadano credit-card
es normalizado, 'puesto en orden', regulado por el consumo con pago
diferido. Tiene que subordinar sus estrategias de conflicto a sus
estrategias de sobrevivencia como asalariado (...). En la medida
que el asalariado comete la falta de dejar de pagar, su ciudadanía
se desvanece" (Moulián 1997: 103).
Nivel de empleo. La medición de este nivel es también
deficiente. Chile aparece con un nivel de desempleo bastante bajo
para la región, e incluso en comparación a algunos
países de Europa. Sin embargo, la forma de medirlo es muy
deficitaria. En el sistema de encuestas del Instituto Nacional de
Estadísticas, que también proviene de la época
del régimen militar, se considera que una persona está
empleada si ha trabajado al menos una hora la semana pasada. Esta
forma de medir no diferencia, obviamente, entre empleo y subempleo;
éste último afecta en Chile no sólo a obreros
y técnicos, sino también a muchos profesionales. También
se han hecho estudios que muestran que ha aumentado notablemente
el comercio informal en ferias libres, de modo que por cada feriante
hay tres personas que trabajan en las ferias de modo informal, en
diversas funciones, esta modalidad comprende más de 700 mil
personas (González 2000 a: I).
Esta cifra de desempleo no incluye al porcentaje de personas que
no trabajan, y que al ser encuestados por el I.N.E. declaran no
haber dedicado al menos una hora la semana pasada a buscar trabajo.
De acuerdo a esta metodología, dichas personas no forman
parte de los 'desempleados', sino de los 'inactivos', suponiendo
que están fuera del mercado de trabajo porque no desean trabajar.
Esta categoría comprende a todas aquellas personas que por
edad u otras razones no se incorporan al mercado de trabajo: niños,
estudiantes, jubilados, dueñas de casa, impedidos y los que
no desean trabajar. Sin embargo, si a esas mismas personas que estando
desempleadas no han buscado empleo el último tiempo, se les
pregunta si estaría dispuestos a trabajar si les ofrecieran
un empleo ahora mismo, una parte importante responden afirmativamente,
por tanto el nivel real de desempleo es mayor. Así lo muestran
las encuestas, paralelas a las del Instituto Nacional de Estadísticas,
hechas por el Departamento de Economía de la Universidad
de Chile, en la Región Metropolitana, que contienen esa pregunta.
Estas muestran un nivel de desempleo de 13 % para dicha región.
Estas metodologías se diferencia, por ejemplo, de los sistemas
de medición aplicados en España, donde se considera
desempleado a quien no tiene un trabajo de tiempo completo. Pero
el problema no es sólo de medición del nivel de empleo,
sino a la vez el de su precariedad y la baja calidad del mismo.
Una de las reformas neoliberales más importantes en Chile,
desde los ochenta, fue la completa flexibilización del empleo:
en una empresa una persona puede ser despedida, en cualquier momento,
sin justificación de causa, y sin limitación de número.
Por ejemplo, muchas veces se despide a las personas que intentan
formar un sindicato en una empresa, pues el fuero sólo protege
a los directivos de los sindicatos. Por ello, es que hay una gran
precariedad en el empleo y un alto grado de autoritarismo en las
relaciones laborales.
Jornadas laborales. La productividad en Chile tiene un nivel intermedio,
pero el promedio de horas de trabajo es uno de los más altos
del mundo: en los últimos años, el tiempo dedicado
al trabajo se ha incrementado. Según cifras de la Organización
Internacional del Trabajo, en Chile, los individuos permanecen 45
horas semanales promedio en sus labores, mientras que en Estados
Unidos y Europa la jornada laboral tiende a disminuir a 35 horas.
Este alto promedio se explica porque las personas deben trabajar
horas extras, las cuales, en muchos casos, no le son remuneradas,
y porque muchos tiene dos trabajos, por los bajos sueldos.
La calidad de vida. Los indicadores sociales expuestos muestran
que hay un mejoramiento significativo de algunos aspectos de la
calidad de vida, pero con las limitaciones aludidas. Sin embargo,
en otros hay un decrecimiento y deterioro. Estos son: la contaminación
no sólo urbana, la falta de seguridad personal por la delincuencia,
los déficits de atención de salud, el pésimo
sistema previsional privado, la baja calidad de la educación
pública y subvencionada, el deterioro de la función
judicial, la desprotección del consumidor frente a los cobros
excesivos, los deficits de calidad de los productos y la disminución
del tiempo libre y el descanso.
La contaminación ambiental. Existe un costo "invisible"
de esta modernización. A consecuencia de la liberalización
económica se eliminaron muchas restricciones ambientales
a la actividad empresarial, a la vez que han aumentado las consecuencias
negativas ambientales de las actividades económicas. El Estado
no ha tenido recursos y/o voluntad política para hacer cumplir
en su integridad las normas vigentes. Uno de los resultados es que
Santiago -donde vive casi un tercio de la población del país-,
ha llegado a ser una de las ciudades del mundo con mayor nivel de
contaminación atmosférica y de ruidos. Otras ciudades
importantes, como Temuco, presentan también importantes niveles
de contaminación. "Se liquida el bosque nativo, colapsan
especies pesqueras, desechos tóxicos contaminan el agua y
la atmósfera, agroquímicos afectan directamente la
vida de las trabajadoras y trabajadores del agro y de sus hijos"
(Castro et alli 1998: 85).
Aumento de la delincuencia. El carácter excluyente y desigual
del modelo económico ha potenciado los niveles de delincuencia,
ha contribuído a aumentar su violencia, y ha disminuído
la edad de los ejecutantes. Hay un considerable aumento en las denuncias
de delitos, pero muchos no son informados a la policía, por
lo lento y engorroso de los trámites. Aunque el nivel de
delincuencia no sea el mayor entre los países latinoamericanos,
está en crecimiento. Sin embargo, por la recurrente difusión
cotidiana en los medios de comunicación, especialmente en
la televisión, y de los mensajes de los políticos
de derecha, la población vive atemorizada (Pnud 1998: 130).
Déficits en los sitemas de salud. El sistema de salud público
presenta graves déficits porque la atención es lenta
y a veces insuficiente, por la limitación de los recursos
humanos y materiales. En los últimos años se están
recuperando los noveles de inversión pública en salud.
El porcentaje correspondiente a salud del PGB había caído
al 0,6%, durante el régimen militar, pero en los noventa
ha subido al 1,3%. El sistema público de salud no incluye
la atención dental, en consecuencia, el nivel de salud dental
es muy bajo. Sin embargo, con todas sus limitaciones el sistema
de salud público chileno es uno de los más eficientes
de América Latina, considerando el bajo gasto por habitante.
En el privado los costos son muy altos, y no siempre la atención
es de calidad; hay restricciones de las licencias y, constantemente,
se introducen modificaciones que perjudican a los usuarios. Por
ejemplo, cuando las personas llegan a los sesenta y cinco años,
su seguro de salud aumenta considerablemente, o bien se termina
el contrato. Por esta razón, sólo un porcentaje bajísimo
de las personas de tercera edad pueden seguir en el sistema privado,
los demás vuelven al sistema de seguro público. Recientemente,
las instituciones de salud privada excluyeron de sus contratos de
seguros de salud cuatro importantes enfermedades: (tratamientos
hospitalarios de) afecciones psiquiátricas, adiciones de
drogas, alcoholismo, y problemas dentales. El alcoholismo es la
principal enfermedad de los varones de cuarenta (MTG 2000: 9). En
ambos sistemas, la cobertura de las enfermedades crónicas
de alto costo es muy insuficiente.
Previsión. El sistema previsional chileno está completamente
privatizado, y la ley que lo rige obliga a los usuarios a pagar
altos gastos de administración a las empresas aseguradoras
privadas. Sus pensiones son muy bajas, menores al 1 % mensual del
dinero acumulado durante toda la vida laboral. Más aún,
el 50 % de los pensionados han obtenido pensiones bajo el mínimo,
y están siendo subvencionados por el Estado (Vergara 1998).
"Nuestro sistema de AFP es uno de los más caros del
mundo y existen serias dudas de su capacidad de otorgar (...) amplia
cobertura" (Castro et alli 1998: 84). El 72 % de los usuarios
opinan que su jubilación no le permitirá satisfacer
sus necesidades básicas o bien sólo les alacanzará
para cubrir éstas (Pnud 1998: 172).
Educación pública. A nivel primario y secundario
atiende al 90 % de los escolares y está constituída
de escuelas municipales, y las privadas con subvención estatal
(Unicef 2000). La educación que proporcionan, por la escasez
de sus recursos, y la baja remuneración de los profesores
es, en general, de baja calidad y no otorga conocimientos técnicos
que permitan trabajar, ni tampoco preparan bien a los estudiantes
para la educación superior. Su nivel se deterioró
durante el régimen militar, pero desde 1990 se ha doblado
el gasto en educación primaria y básica, y se está
realizando una reforma educacional. En los noventa ha mejorado su
nivel, especialmente en las escuelas más pobres y, en general
ha mejorado el rendimiento escolar de la educación primaria,
pero se requerirá bastante tiempo, esfuerzo e inversión
para que alcance un buen nivel (Pnud 1998: 178). Por ejemplo, una
reciente encuesta realizada en diversos países europeos y
algunos de América Latina mostró que el 80 % de la
población chilena no está en condiciones de comprender
un texto sencillo y representaciones estadísticas elementales.
Justicia. Hace mucho tiempo que el sistema judicial es lento, caro
y corrupto, y ha empeorado desde el régimen militar. Consiguientemente,
su imagen pública está muy deteriorada (Matus 1999).
Sólo el 26% piensa que funciona bien, el 69 % cree que sólo
"favorece a los poderosos" y el 36% piensa que "para
gente como yo no existe" (Pnud 1988: 137). Asimismo, sólo
el 12 % opina que en Chile existe igualdad ante la ley, y el 86
% que no (Pnud 2000: 178). La reforma del sistema penal que ha comenzado
a aplicarse ha creado algunas expectativas de mejoramiento de este
sistema.
Deficiencias del mercado. Este funciona en Chile con importantes
deficits que perjudican en mayor medida a los consumidores de menores
ingresos: altos intereses por la compra a crédito, que aumentan
en relación a la extensión de los plazos; multas e
intereses usurarios por el atraso en las cuotas de pago; cobros
injustificados y excesivos en las cuentas de servicios o de créditos;
múltiples reclamos por la baja calidad de los productos;
por incumplimiento de garantías, etc. Aunque existe una ley
del consumidor, ésta es relativamente ineficiente y, consiguientemente,
los niveles de inseguridad y desprotección son altos en este
aspecto.
El funcionamiento de las instituciones y la subjetividad. Otra
área de deficiencias de la modernización chilena se
refiere al contraste que se observan entre los criterios de funcionamiento
de las diversas organizaciones públicas y privadas y la subjetividad
de las personas. Dicho de otra manera, la conclusión del
informe del Pnud de 1998 es que el sistema institucional, tanto
público como privado, no considera la subjetividad de las
personas. Sus objetivos reales y los criterios que efectivamente
rigen su funcionamiento cotidiano, no los meramente declarados,
no incluyen la opinión, intereses y expectativas de aquellos
que dicen servir. Es frecuente, que el funcionario público
y el empleado de las empresas privadas que atienden público
lo haga con desinterés, desgano e inificiencia; y muchas
veces tramitan o informan mal. Son muy pocas las empresas privadas
y públicas que muestran un real interés de mejorar
el nivel del satisfacción del cliente o del ciudadano. Todo
esto ha generado un creciente disconformidad, desconfianza y pérdida
de credibilidad de las principales instituciones y sus personeros,
lo que se manifiesta en altos porcentajes de personas que piensan
que éstas "sólo persiguen sus intereses":
las empresas (79,5 %), asociaciones de empresarios (59,6 %), la
principal central sindical (51 %), el Congreso (74,9 %), los partidos
políticos (65,1), etc. (Pnud 1998: 137 y 138). Esta disconformidad
se expresa en el creciente número de reclamos, en los últimos
cinco años, presentados al Servicio Nacional del Consumidor
del Ministerio de Economía.
Hegemonía fáctica. Pese a su disconformidad las personas
siguen actuando de acuerdo a las reglas que establece el sistema
institucional, con ello se produce una separación creciente
entre conductas y normatividad. Se siguen las reglas establecidas
por las instituciones, no porque se las considere justas, adecuadas,
correctas y convenientes para todos, sino porque se cree que las
consecuencias indeseables, los costos de no cumplirlas, son mayores
que los beneficios de su tragresión. Dicho de otra manera,
se las obedece por su coercitividad, porque su cumplimiento es visto
como un mal menor que su trasgresión, y no porque que se
las valore por sí mismas, como condiciones de un orden deseable.
Esta actitud, definida por Norbert Lechner como "hegemonía
fáctica", es un sistema de control de conductas que
no requiere del consentimiento y el convencimiento, sino que es
un condicionamiento de las conductas (Lechner 1984). Se trata de
nuevas formas de disciplinamiento que no requieren ya de instituciones
cerradas, como las que analizó Foucault, sino que son ubicuas,
se ejercen a través del espacio fluido y del tiempo, como
lo vió Deleuze (1993).
Efectos psicosociales: discriminación. Esta es una zona
de las más preocupantes y menos conocida de la modernización
chilena y forma parte de lo que podría llamarse la calidad
de vida psicológica. Un tema relevante se refiere a la discriminación
y la intolerancia. Aunque no tenemos investigaciones empíricas
y cuantitativas del período precedente de la modernización
desarrollista que permitieran una precisa comparación, sin
embargo, existen numerosos antecedentes y testimonios, incluso de
observadores extranjeros, de que hace tres décadas los niveles
de intolerancia y discriminación eran menores que actualmente.
Más aún, la imagen compartida por chilenos y extranjeros
era que la sociedad chilena era tolerante y conciliadora.
La Primera Encuesta (sobre) Intolerancia y Discriminación,
realizada en 1997, reveló en primer lugar, que existe intolerancia
y discriminación hacia una gran diversidad de personas: por
su género, contra las mujeres; por su nivel etario, se discrimina
a los jóvenes y las personas de tercera edad; por sus características
étnicas a los mapuches, coreanos y orientales, judíos,
peruanos, bolivianos y otros; por su religión, se manifiesta
contra los evangélicos, los miembros de otras religiones
y los agnósticos; social y educativa, se discrimina a los
pobres y los de menor educación; a los personas con impedimento,
con sida y otros (Fundación Ideas 1997).
Segundo, los niveles de intolerancia y discriminación son
altísimos y recorren una gama que va desde un "preocupante"
20% hacia los discapacitados, hasta un "gravísmo"
60 %, hacia los homosexuales. Todos los casos superan el 20%, y
casi todos tienen el carácter "alarmantes" o "gravísimo",
de acuerdo a los criterios internacionales (Fundación Ideas
1997: 26-27). Tercero, la diversidad y nivel de la intolerancia
y discriminación conduce a una situación perversa
y paradojal. La gran mayoría de la población, constituye
la mayoría marginada y marginante: "desde la niñez
a la ancianidad, nadie está libre de ser discriminado por
alguna razón. Pero así como en algún momento
hemos sufrido discriminación e intolerancia, también
nosotros hemos discriminado y hemos sido intolerantes" (Estévez
1995: 255). Sólo una minoría de varones profesionales,
de ingreso alto, católicos, de aspecto europeo, sanos y heterosexuales,
no podría ser objeto de discriminación en la sociedad
chilena.
Conformismo. Otro tema de interés el del conformismo. Los
análisis del Pnud y otras investigaciones, que lamentablemente
no se han difundido (suficientemente), muestran que aunque la mayoría
de los chilenos están profundamente desconformes con los
procesos de modernización, pero no tienen (muchas) esperanzas
de cambio y asumen actitudes que van desde el conformismo, la resignación
y la desesperanza. Las encuestas del Pnud, por ejemplo, muestran
que el 82,8 % piensa que, actualmente, la gente no vive más
feliz que en el pasado (Pnud 1998: 53).
Frustración de las expectativas. Otro aspecto significativo
es el de la frustración generalizada que surge ante la imposibilidad
de acceder a los niveles de consumo prometidos por esta modernización.
Desde su inicio ella estuvo acompañada por un marketing agresivo
y sin limitaciones de productos y servicios, mediante todas las
formas de publicidad y la difusión masiva de series televisivas
y filmes, casi todas de origen norteamericano. De este modo, y en
el vacío político y cultural creado por el régimen
militar, se fue produciendo una nueva revolución de expectativas.
Veinte y cinco años después para la mayoría
de la población dichas expectativas sólo se han realizado
muy parcialmente, pues su bajos ingresos le permiten alcanzar sólo
una parte pequeña de los bienes deseados. Sin embargo, la
inversión de tiempo, esfuerzo y esperanza han sido tan altos
que las personas se esfuerzan por seguir creyendo en la promesa
del consumo deseado. Ellas intentan cumplir sus expectativas aumentando
el endeudamiento, tratando de acrecentar sus ingresos trabajando
más y manteniendo su dedicación absorvente a dichos
fines, con el consiguiente desgaste.
Ahora bien, no parece adecuado considerar, desde una actitud ascética
o aristocratizante, estas conductas como "consumismo",
es decir como un defecto moral. Más bien, pueden ser consideradas
conductas adaptativas a un estilo de vida donde el consumo es la
actividad considerada más valiosa. Haciendo una paráfrasis
de una frase de Marx sobre el dinero y la personalidad, en Chile
actual, podría decirse; "yo soy lo que consumo, los
límites de mi yo son los límites que alcanza mi capacidad
de comprar y de exhibir mis bienes; mi poder y valor reside en mis
bienes". El consumo se ha convertido en una suerte de ciudadanía
social, "el ciudadano credit-card" (Moulián 1997).
Realizar niveles de consumo que son "normales" en cada
sector social, se ha convertido en una suerte de obligación;
quien no lo hace se expone a ser considerado incapaz de ganar el
dinero necesario. De ahí la necesidad de exhibir lo que se
posee, o de fingir un nivel de consumo que no se ha podido alcanzar,
haciendo marketing de sí mismo. Esta es una de las razones
de la proliferación de pequeñas estrategias de engaño:
alto consumo de ropa usada de marca proveniente de los países
del Norte; de celulares de madera; se hacen imprimir tarjetas como
representante de firmas norteamericanas inexistentes, etc.
Crisis de subjetividad. Todos los indicadores de salud mental muestran
que se ha producido una crisis de subjetividad en la sociedad chilena.
Las adiciones han aumentado: tabaco, alcohol, y las distintas drogas.
La tasa de bebedores excesivos es una de las más altas del
mundo, y más de un cuarto de las muertes están asociadas
al consumo excesivo. Estas conductas están relacionadas dirctamente
con estados depresivos. Un estudio de la Oms mostró que Santiago
es una de las ciudades del mundo con mayor nivel de depresión.
Los médicos de la Pontifica Universidad Católica calculan
que la cuarta parte de la población presenta trastornos del
sueño. Asimismo, se observa un alto consumo de todo tipo
de psicofármacos. En los consultorios que atienden a los
sectores populares, cerca de la mitad de las consultas se refieren
a trastornos y enfermedades psicosomáticas.
Estrés. Se ha convertido en Santiago, y las grandes ciudades,
en una enfermedad frecuente que afecta los adultos, y también
los jóvenes. "El esmog, la contaminación acústica,
la enorme distancia que existe entre la casa y el trabajo, obligan
a las personas a usar tres o más horas del días sólo
para transportarse (...). El aislamiento, la falta de un sentido
de pertenencia y la no participación en proyectos sociales
más trascendentes, reducen los recursos con que cada trabajador
podría enfrentar las demandas que le impone este modelo de
sociedad (...). El estrés es uno de los mayores problemas
laborales porque es en el trabajo donde se dan las situaciones estresantes",
escribe el Director del Instituto Nacional Previsional (Norambuena
2000: I). Estudios recientes muestran que la mitad de los chileno
se manifiestan con estrés o deprimidos (La Segunda, 24 de
noviembre del 2000).
Miedos. Los estudios del Pnud han revelado que los chilenos viven
atemorizados: de perder el trabajo, y de no encontrar uno nuevo;
de ser asaltados; de sufrir enfermedades catastróficas y
no tener el dinero para soventarlas, por la precariedad de los sistemas
de salud; de que su futura jubilacion no les alcance para vivir;
de ser excluídos; "el miedo al sinsentido a raíz
de una situación social que parece estar fuera de control",
y, sobre todo "el miedo al otro, que suele ser visto como un
potencial agresor" (Lechner 1998: 134). En este sentido, las
encuestas del Pnud indican que el 91,1 % opina que hay que tener
cuidado con los extraños. Esta cifra altísima concuerda
con los altos grados de discriminación e intolerancia: el
otro es temible, no sólo porque es extraño y podría
perjudicarme, sino porque es otro, ajeno y amenazante por su edad,
sexo, aspecto físico, condición social, religión,
etc.
"Si el extraño causa alarma, es porque desconfiamos
de nuestras propias fuerzas. El miedo a los otros es tanto más
fuerte cuanto más frágil es el "nosotros"
(Ibid: 136). El ritmo de la modernización aumenta las interacciones,
pero no favorece la creación de lazos sociales. Más
aún, el otro se ha convertido en mi competidor en la lucha
por acceder a un buen trabajo, para ascender socialmente, para conseguir
bienes escasos, y en un obstáculo a mis planes y expectativas.
En este contexto, las identidades culturales y sociales se erosionan.
En la sociedad chilena actual muchas personas se sienten un individuo,
un warrior, empeñado en una lucha de todos contra todos,
para llegar a ser un winner o mantenerse siéndolo, y para
alcanzar un único modelo de vida deseable, "el sueño
americano": alto ingreso, estatus y consumo elitario. Es una
paradoja que la modernización neoliberal, aparentemente tan
pragmática y tecnológica, haya convertido en una filosofía
popular y masiva a la concepción metafísica de "la
teoría política del individualismo posesivo".
Esta fue creada por los clásicos fundadores del liberalismo
-Hobbes, Locke y Smith- y sostiene la concepción metafísica
de que el hombre es un individuo esencialmente egoísta y
antisocial, que nada debe a los demás, que es básicamente
un ser económico y del mercado, y que está movido
por el insaciable deseo de propiedad y de placer, especialmente
mediante el consumo (Macpherson 1962: 225 a 236). Su versión
más radical es la del neoliberalismo contemporáneo
que en Chile se ha convertido en una filosofía popular (Hayek
1959, Friedman 1980 y Vergara 1984).
Alteraciones de la personalidad. El modo de vida actual produce
trastornos en la personalidad de los chilenos. Un estudio del Ministerio
de Salud, de abril de este año, señala que en Chile
cuatro de cada diez personas presentarán durante su vida
algún trastorno mental, y tres de ellas ya lo han sufrido
en los últimos seis meses (MTG 2000: 9). Los especialistas
calculan que entre un quinto y un cuarto de la población
sufre algún tipo de alteración psicológica
que requeriría tratamiento especializado. Se observa una
fuerte tendencia a actuar sin considerar a los demás, a no
reconocerlos ni respetarlos. Un psicólogo social escribe:
"el modo de vida de la modernización neoliberal tiende
a 'psicopatizar las relaciones humanas'. El síntoma central
tiene que ver con la violencia social. Asisitimos a una creciente
falta de respeto de los derechos ajenos y un relajo de los deberes
interpersonales, asociados a una exacervación de la satisfacción
de deseos" (Gutierrez 2000).
Insociabilidad. Estas tendencias se expresan en la vida cotidiana
en conductas de indiferencia, cuando no de franca insociabilidad.
La percepción de la opinión pública coincide
con estos análisis: el 80 % piensa que "Chile es una
sociedad cada vez más agresiva", un 64 % afirma que
"cada vez es más egoísta", un 81 % cree
que no es igualitaria socialmente y un 70 % no cree que sea justa
(Pnud 1998: 52). Se ha producido "una expansión de los
espacios de anomia. Aumenta, al parecer, la percepción de
que las normas sociales son inadecuadas para los propios objetivos
(...). Si los otros pueden hacer lo ilegítimo y les va bien
, ¿por qué no yo?" (Gutierrez 2000: 4). La percepción
de la opinión pública es concordante: el 76,1 % opina
que "las personas pasan a llevar con tal de conseguir sus objetivos",
y el 68 % piensa que "es difícil que hagan algo por
los demás sin esperar algo en cambio" (Pnud 1998: 147).
La violencia cotidiana. Asume diversificadas formas, todas ellas
de alta incidencia. De una parte, ha aumentado la violencia familiar
contra mujeres y niños, así como las agresiones y
violaciones sexuales: en un 80 % sus víctimas son niños
(Montoya 2000: 9). De otra, la violencia cotidiana se manifiesta
entre los conductores de vehículos, respecto a los peatones,
en grupos juveniles y universitarios, y en cualquier espacio y ocasión
(La Epoca 1996 a y b). Asimismo, se constata la violencia policial,
denunciada ante organismos internacionales de derechos humanos.
El retorno a la democracia, contrariamente a lo que se creyó,
no significó la disminución de la violencia en la
sociedad, sino sólo la desaparición de la represión
política (Vergara 1990).
La influencia de la cultura estadounidense. En esta transformación
ha sido y es de mucha importancia "el modelo (norte)americano".
De modo mucho más profundo y radical que en España,
las élites nacionales han dirigido, desde hace veinte y cinco
años, un profundo proceso de norteamericanización
cultural que se expresa en las pautas de consumo, los hábitos
alimenticios, en el lenguaje cotidiano, en el uso del tiempo libre,
en las costumbres, en la formación profesional, en las estrategias
de administración, en el culto de la eficiencia en todos
los planos, en la cultura política y en muchos otros aspectos.
Dicho proceso, sin embargo, no intenta reproducir todos los componentes
de la compleja cultura norteamericana, sino aquellos más
visibles y adecuados al proceso de modernización chilena.
Es así que valores como el respeto de la libertad individual,
la tolerancia, y la posibilidad de expresar opiniones divergentes
o innovadoras que son importantes en la sociedad norteamericana,
en Chile tiene escasa vigencia. Para las elites empresariales, políticas
y una parte de las culturales esta aculturación se justifica
porque es parte de la globalización.
"La privatización del comportamiento es pensar que
la vida hay que disfrutarla en privado; (...) al precio que sea
hay que ganar dinero, como el dinero es ahora el valor principal
y abstracto, te da igual donde lo ganas; (...) triunfar es ganar
dinero; (...) el propósito común es tener éxito
(...). El estilo americano consiste en la endogamia del poder político
y económico; (...) el último capítulo de la
americanización es la globalización", señala
el sociólogo Alberto Moncada describiendo "la americanización
de España" (1995: 52 a 54). Esta descripción
es aplicable, en gran medida, a la sociedad chilena. Esta transformaciones
culturales han sido ampliamente analizadas críticamente en
la sociedad norteamericana por Erich Fromm, Herbert Marcuse, Rollo
May, Vance Packard, y otros autores. Especialmente significativos,
por su analogía con el caso de Chile, son los estudios de
Robert Merton sobre la contradicción entre el intenso deseo
de éxito y las normas morales y jurídicas, las cuales
son vistas como obstáculos. Esto favorece las conductas de
trasgresión (1949-1957).
Sociabilidad. Su situación se muestra en la precariedad
del "nosotros", la cual se expresa en varios niveles.
Uno, en la relación entre las personas y las instituciones
sociales, al cual ya nos referimos. Segundo, en la sociabilidad
interpersonal. Las encuestas muestran: la escasa confianza en recibir
ayuda de los demás (41,5 %), que desciende al mínimo
si se tratara de una agresión (11,7 %); y la percepción
que no hay facilidad para organizar la gente (63, 4 %) (Pnud 1998:
142). Como se ha mostrado anteriormente predomina una imagen negativa
sobre la disposición de los demás a respetar las opiniones
ajenas, a la posibilidad de que hagan algo desinteresadamente, a
la autoregulación ética de no pasar a llevar a los
demás, cuando uno está tratando de realizar sus objetivos.
Una de las expresiones de la baja calidad de la socialibilidad en
la sociedad chilena actual es el hecho de entre las actividades
recreativas, las actividades sociales y la participación
en agrupaciones sociales ocupan sólo el 22,5 % la primera,
y 5,4 % la segunda, en promedio en todos los sectores.
Tendencias de cambio cultural. En síntesis, podría
decirse que, en el plazo de unas pocas décadas, se ha producido
una impresionante mutación cultural análoga, en algunos
aspectos, a "la gran transformación" de la sociedad
europea en el siglo XIX, descrita magistralmente por Balzac, Zola,
Marx y Polanyi. Como lo han mostrado los estudios comparados de
Danilo Paéz y otros psicólogos sociales, la sociedad
chilena está transitado desde una cultura de carácter
comunitario, donde predominaban los valores culturales "femeninos":
la solidaridad, la preocupación por los otros, el respeto
de las opiniones ajenas, la búsquedad de acuerdos favorables
a todos, la justicia social y la minimización de la desigualdad,
hacia una cultura individualista, de valores culturales "masculinos"
orientada hacia el logro individual medido por "el éxito
material, en desmedro de la persona y las relaciones humanas; la
competencia y el rendimiento remplazan a la solidaridad, en lo afectivo:
la vivencia y la expresión emocional bajan y la gente recibe
menos apoyo emocional", y se privilegian las relaciones de
poder y el consumo (Gutierrez 2000).
Las organizaciones de la sociedad civil.
Una de las vía importantes para estudiar la sociabilidad,
y sus potencialidades, consiste en examinar las características
que asume la asociatividad en la sociedad chilena. Ella posee, en
sus diversas formas, una importante tradición. Chile presenta
un nivel intermedio de cantidad de organizaciones por cada diez
mil habitantes: 56, respecto a Suiza que tiene 169, y de Argentina
que sólo posee 22 (Pnud 2000: 117). El total de las organizaciones
encuestadas por el Pnud es relativamente alto: 83.386. Las económicas
son las más numerosas constituyendo el 21,7 %; las de salud,
educación y vivienda el 20,4 %; las vecinales el 20,1 %;
las recreativas-culturales, incluyendo las deportivas, corresponde
al 17,9 % y las de grupos etarios y de mujeres el 12,6 %.
Entre las organizaciones económicas los sindicatos tuvieron
un gran desarrollo hasta 1973. Actualmente el nivel de sindicalización
es bajo: en casi todas las regiones del país es menor al
18 %, y su poder de negociación a nivel empresarial y nacional
es muy limitado. Por ejemplo, los porcentajes de aumento en las
negociaciones colectivas han ido disminuyendo desde 1990. Esto se
debe: al alto endeudamiento de los empleados y obreros; al temor
de ser despedidos, pues la legislación laboral heredada del
régimen militar permite despedir sin causa, ni limite y sólo
con la una indemnización de un mes de sueldo por año
de servicio; la inexistencia de seguro de desempleo; al hecho de
que casi el 40 % de los trabajadores no tiene contrato indefinido,
y de ellos el 22,3 no tiene ningún contrato, por tanto su
situación es muy precaria (Pnud 1998: 185). En cambio, algunos
colegios profesionales y, especialmente, los más importantes
gremios empresariales son importantes actores sociales.
Existe la importante cantidad de 1923 asociaciones ligadas al
tema de la salud; a problemas de vivienda: hay 4453 comité
de allegados y 339 cooperativas de vivienda; así como de
asociaciones ligadas a la educación, especialmente 9258 centros
de padres y 468 de estudiantes, de distinto tipo (Pnud 2000: 123).
Las organizaciones vecinales constituyen casi un quinto del total.
Entre ellas se encuentran: las juntas de vecinos, los comités
de pavimentación, de seguridad ciudadana, los bomberos y
otras. Las organizaciones etarias han tenido un importante desarrollo
en estos últimos años: de mujeres, adultos mayores,
de jóvenes y de infancia y llegan al 12 % del total. Existe,
asimismo, un conjunto de otras organizaciones entre las cuales las
más importantes son las recreativas y deportivas que son
el 19,2 % del total.
La asociatividad política es débil y, a diferencia
del pasado, actualmente sólo un 3 % de la población
está inscrita en partidos políticos. Un 39 % no se
identifica con ninguna posición política, y un 41
% no se identifica con ningún partido político (Hinzpeter
2000: 7). Asimismo, los actos políticos tienen, salvo excepciones,
bajos niveles de concurrencia. Estas cifras son preocupantes, pues
podría decirse que hasta 1989, los partidos políticos
cumplieron un papel relevante para integrar un sociedad muy diversa,
fragmentada y desigual. Y por ello, eran una de las fuentes más
importantes de las identidades sociales.
Pero, quizá lo que es más preocupante es es la magnitud
que ha alcanzado el "desencanto de la democracia"en la
sociedad chilena: sólo el 50 % de la población cree
que la democracia es el mejor sistema político. Sin embargo,
el nivel de abstención y de votos nulos entre los inscritos
fue bastante baja en la última elección prsidencial,
pero anteriormente, en la última elección parlamentaria
sólo el 60% de los que tenían derecho a voto sufragaron.
El otro 40 % no concurrió a votar sea porque estando inscrito,
votó en blanco o nulo, o bien no se había inscrito
en los registros electorales. Más aún, sólo
el 3 % de los jóvenes de 18 a 25 años se inscribió
voluntariamente en dichos registros electorales.
Los objetivos de las organizaciones de la sociedad civil chilena
son muy variados y los más recurrentes son: la búsqueda
de "potenciación estratégica" para sus miembros,
al cual se abocan el 25,2 % de las organizaciones; la "sociabilidad"
con el 22,1 %; la "mejora de la calidad de vida" que comprende
el 18,2 % de las organizaciones; y el de fomento y promoción
que llega al 13,7 % (Pnud 2000: 130). Desde otra perspectiva, puede
diferenciarse entre organizaciones tradicionales y emergentes del
Tercer Sector: "observamos un debilitamiento de las formas
de asociatividad que predominaron en períodos anteriores:
sindicalismo, asociaciones urbanas, campesinas, estudiantiles; y
el surgimiento de otras: ambientalistas, de mujeres, de consumidores,
de derechos ciudadanos frente a la inseguridad, de oposición
a proyectos que afectan comunidades, regiones y pueblos indígenas;
también emergen movilizaciones frente a la intolerancia cultural
y persisten las referidas a derechos humanos" (Ahumada et alli
1998: 63).
El Tercer Sector en Chile, aunque posee un desarrollo relativamente
amplio y un nivel medio de asociatividad presenta importantes debilidades.
Examinando la bibliografía y las opiniones de directivos
de estas organizaciones, se podría señalar de modo
conjetural en conjunto que : (a) la mayoría de las organizaciones
son pequeñas y de pocos miembros; (b) el nivel de participación
en ellas es variable pero, en una importante porcentaje, es de bajo
nivel; (c) en su organización interna y en la relación
entre sus miembros y asociados podría decirse que predominan
las formas organizativas autoritarias y paternalistas; (d) los análisis
muestran que los sectores de mayores niveles educacionales y económicos
son los que han desarrollado una mayor capacidad de asociatividad
(Pnud 2000); (e) parte importante de ellas no cuenta con recursos
materiales mínimos, y se mantienen por el esfuerzo y dedicación
de algunos de sus miembros; (f) se observa que tanto el Estado,
las minicipalidades, empresas y otras organizaciones funcionales
tienden a concebir a estas organizaciones con un rol subordinado
o de apoyo a sus objetivos; (g) el reconocimiento y auspicio del
Estado, sus organismos, ministerios y de las municipalidades a las
organizaciones de la sociedad civil es bajo, mínimo o inexistente,
salvo aquellas que venden servicios al Estado; (h) las empresas
privadas en Chile -a diferencia de Estados Unidos, por ejemplo-
contribuyen en muy escasa medida a estas organizaciones, e incluso
están tendiendo a crear las suyas; (i) por vacíos
legales y la escasa capacidad fiscalizadora del Estado, un conjunto
significativos de empresas de servicios, guíadas por criterios
comerciales, funcionan bajo la apariencia de organizaciones sin
fines de lucro. Muchos de los colegios más exclusivos y caros
del país tienen la forma legal de organizaciones (fundaciones
o corporaciones), sin fines de lucro.
El estudio realizado por el Pnud, que es el principal realizado
hasta ahora, no incluye muchas asociaciones pequeñas y sin
personería jurídica. El hecho de que no contemos con
un catastro más completo y pormenarizado, muestra que la
sociedad chilena y el Estado recién empiezan a valorar la
diversidad de las organizaciones del Tercer Sector; tampoco contamos
con una acumulación de estudios de casos, realizados con
una metodología compleja que nos permita conocer y analizar
la situación real y la problemática de estas organizaciones.
Las expectativas para el desarrollo del
Tercer Sector en Chile
En estos últimos años, se observa una significativa
preocupación del Estado, el gobierno, los partidos políticos,
los organismos internacionales, como el Banco Mundial y el Pnud,
las fundaciones, los intelectuales y las universidades por el Tercer
Sector. Asimismo, se han manifestado diversas expectativas sobre
el mismo, en general excesivas, dada la situación real del
sector. En esta preocupación concurren diversas motivaciones
que conviene explicitar.
Primero, se ha sostenido que algunas organizaciones humanitarias
pueden proporcionar servicios a los más pobres, con un costo
más bajo para el Estado, lo que hace razonable subvencionarlas
para maximizar los recursos del gasto social.
Segundo, en el mismo sentido, se ha identificado las organizaciones
del Tercer Sector con las Ongs, y se les atribuye un significativo
papel en "la lucha contra la pobreza", y se contempla
la posibilidad de crear sistemas de voluntariado. Se aumentarán
los fondos para licitaciones de proyectos. De este modo, se privatizará
una parte importante de la aplicación de las políticas
sociales. Esto significará como en el caso anterior, la maximización
de recursos del gasto social.
Tercero, se han creado desde 1990, pequeñas organizaciones,
por ejemplo, de homeless o "allegados"; y de habitantes
de los barrios pobres, "pobladores", los cuales presentan
proyectos que incluyen una parte del financiamiento, y compiten
entre sí, para obtener subsidios del Estado para viviendas
sociales, para pavimentar calles u otros fines. De este modo, también
se maximizan los recursos de las políticas sociales, y se
tiende a evitar que surgan movimientos sociales conflictivos. Este
procedimiento ha sido denominado "participación subordinada"(Guerra).
Cuarto, en el mismo sentido, el Banco Mundial está proponiendo
que los beneficiarios de las políticas sociales se conviertan
en coejecutores de proyectos de dichas políticas. Habría
que preguntarse porque no podrían participar en su diseño
y su evaluación.
Quinto, las actuales políticas sobre el Tercer sector convocan
a los empresarios las empresas a realizar de actividades humanitarias
y de mejoramiento de la calidad de vida de los sectores pobres,
de acuerdo a las concepción de la responsabilidad social
de las empresas. Se diría que estas propuestas no se basan
en un conocimiento realista sobre la mentalidad empresarial chilena,
para la cual este sector están cumpliendo con creces su papel
social por proporcionar empleos, contribuir al crecimiento económico
y exportar. Dicha propuesta tampoco considera las actuales condiciones
económicas de las pequeñas y medianas empresas, por
tanto su ámbito de convocatoria se reduce (casi) exclusivamente
a las grandes empresas.
Los referidas estrategias significarían que una parte de
las organizaciones de la sociedad civil potenciaría el rol
subsidario de un Estado asistencial y mínimo; lo cual es
concordante con la doctrina neoliberal prevalente. Esto no es negativo
en sí mismo, pero no corresponde -sino en muy escasa medida-
con la idea de fortalecer la sociedad, democratizarla y ampliar
y profundizarla la ciudadanía.
Sexto, hay una preocupación política en el amplio
sentido de la expresión. Los estudios del Pnud en Chile,
según Eugenio Ortega su coordinador, estarían mostrando
que "ni el gobierno, ni el parlamento, ni los empresarios,
ni el modelo económico se van a legitimar, sin que la sociedad
sea más fuerte y se sienta más acompañada y
valorada por el sistema político. (...) Para el Chile que
queremos construir, necesitamos una democracia potente, un crecimiento
con equidad y una mayor integración social" (Ortega
2000: D 26). En otras palabras, el fortalecimiento de la sociedad
civil mediante la activación del Tercer Sector podría
potenciar la democracia y aumentar la integración social,
lo que a su vez cumpliría un rol de legitimación los
otros dos sectores y de la modernización neoliberal. Sin
embargo, es difícil, o quizá imposible, que ésto
pudiera lograrse mediante los procedimientos mencionados.
Séptimo, también se ha afirmado, en general, la
necesidad de potenciar el Tercer Sector para organizar la sociedad
civil, fortalecer la democracia, hacerla más participativa,
ciudadanizarla, superando las limitaciones de una democracia puramente
representativa e institucional, y disminuyendo la atomización
y fragmentación social (Ortega 2000, Pnud 2000 y Lagos 2000).
Octavo, una expresión de la búsqueda de nuevas alternativas,
en el sentido recién señalado, que superen la concepción
funcionalista sobre las organizaciones de la sociedad civil fue
planteada por el diputado Carlos Montes en la clase magistral de
inaguración del año académico del 2000 de la
Universidad Bolivariana. Allí señaló que en
la sociedad chilena existían diversas posibilidades de desarrollar
el Tercer Sector, pues había una gran cantidad de dirigentes
políticos y sociales; un considerable interés por
hacer deportes; muchas iglesias que habían tendido a cerrarse
sobre sí mismas, las cuales podrían asumir una actitud
de apertura; asimismo, las escuelas podrían abrirse hacia
la comunidad. El Estado y los municipios podrían asumir la
mayor responsabilidad en este nuevo proceso. El papel principal
de los dirigentes políticos y sociales sería el de
constructores de convivencia social.
En su opinión, el problema básico no es de recursos,
puesto que el Estado está destinando importantes cantidades
al área social, los cuales podrían reasignarse. De
hecho el Estado estaba dando respuesta a distintos problemas, pero
éstas no son articuladas. Ejemplificó cuestionando
las políticas de vivienda social, puesto que al ubicar las
nuevas poblaciones en las zonas periféricas de la ciudad,
donde el suelo es más barato, el Estado sin proponérselo,
contribuía a reproducir la segregación urbana. Asimismo,
sostuvo que la subvención a colegios particulares en zonas
populares ha generado una forma de segregación económica
en los colegios por el pago de matrículas y mensualidades.
Asimismo, en muchos casos las municipalidades son dirigidas con
criterios empresariales, pero ellas no son empresas ni deben intentar
serlo. La tarea de hoy sería la de crear condiciones de convivencia
entre los vecinos y entre los ciudadanos, y reconstruir los modelos
de socialibilidad. La escuela podía ser el centro de rearticulación
social. Esta tarea implica debatir el modelo de desarrollo, y tratar
de comprender lo que estaba pasando en el tejido social (Montes
2000).
Como puede verse, en el proyecto de fortalecer la sociedad civil
y las organizaciones del Tercer Sector concurren motivaciones y
objetivos diversos, formulados de modo general, entre los cuales
podemos distinguir una tendencia predominante de carácter
funcionalista de adecuar estas organizaciones a las políticas
sociales del Estado, y una tendencia innovadora cuyos grandes objetivos
son difíciles de alcanzar, pues su realización no
depende sólo de la potenciación de un tipo de organizaciones
de la sociedad civil.
Parece necesario superar la tendencia a pensar en forma agregatoria
buscando completar lo existente, sin modificarlo, mediante la adición
de un nuevo componente; e intentar reflexionar en forma sistémica.
Esto implica empezar a pensar que los referidos objetivos -especialmente
aquellos que significan modificaciones de la situación existente
y no sólo aumento de la eficiencia del Estado en sus políticas
sociales- sólo podrían alcanzarse si se produce no
sólo una reforma del Estado para hacerlo más eficiente,
sino una real democratización del mismo, del sistema político
y de los partidos. Se requiere, asimismo, un cambio en las relaciones
entre el Estado, la sociedad y el sector empresarial, por el cual
éste se comprometa y asuma su responsablidad para consolidar
una democracia participativa con ciudadanía ampliada. Ciertamente,
que esto es muy difícil en las actuales condiciones políticas
y sociales, e implicaría un cambio substantivo de nuestra
actual cultura política y del actual modelo de desarrollo,
como ha señalado Montes (Vergara 1989).
Podría decirse que las expresiones "organizaciones
de la sociedad civil" o del "Tercer Sector" son términos
vicarios, es decir, un modo sintetico y breve de denominar un conjunto
heterogéneo de realidades. El problema surge cuando se cree
que dicho significante tiene un significado unívoco. Aún
no tenemos un conocimiento preciso y sistemático sobre la
diversidad de organizaciones del Tercer Sector en Chile, que permita
hacer proyecciones y plantear proyectos realizables que potencien
su carácter de vías de participación y democratización
social. Se han hecho estudios sobre algunas Ong, pero otras son
apenas conocidas, incluso algunas muy importantes por su tamaño,
presencia nacional y capacidad de formar a sus miembros, por ejemplo,
la de los scout y guías, y los bomberos que en Chile son
un organismo no gubernamental, compuesto de voluntarios.
Como se ha dicho tantas veces, se requiere un amplio catastro,
lo más completo posible y en constante reactualización,
que contenga la información básica sobre su estatus
legal, la cantidad de sus miembros, sus fines explícitos,
sus presupuestos, directivas, antiguedad, etc., así como
información cualitativa sobre la experiencia de sus miembros,
y la opinión de las personas favorecidas por su acción.
Asimismo, parece muy importante realizar estudios de casos que permitan
acceder a la concreta diversidad de estas organizaciones, su realidad,
proyecciones, problemas y tensiones.
Ahora bien, se puede evaluar las actividades de algunas organizaciones
del Tercer Sector en Chile, desde la perspectiva de su contribución
a minimizar los efectos negativos del proceso de modernización,
por su aporte al desarrollo de la sociabilidad, y a la formación
de sus miembros. Existen importantes organizaciones del Tercer Sector,
especialmente las humanitarias, que proporcionan servicios de salud
y de otro tipo a personas que no podrían acceder a ellos
por la vía del mercado. Contribuyen, ciertamente, a humanizar
la vida bajo un orden neoliberal, pero su acción no implica
formas de innovación social, no traen a realidad o no encarnan
principios sociales diferentes a los de la ética de mercado
prevalente, mas allá del humanitarismo, sino que atienden
"a los perdedores del mercado", y con ello confirman,
sin proponérselo, este mismo orden mercantil.
Estudio de tres organizaciones de la sociedad
civil
Ofreceremos ahora un breve análisis de tres pequeñas
organizaciones de la sociedad civil, que actúan a nivel local.
Dos de ellas son muy poco conocidas más allá de sus
miembros o las personas beneficiadas por su acción, y una
de ellas tuvo, durante un período, amplia cobertura de los
medios. La elección de estos casos se realizó basándose
en cuatro criterios: el primero es que se trata de organizaciones
de la sociedad civil que se han desarrollado su actividad basadas
en sus propios recursos, y con escaso apoyo del sector estatal o
municipal, y en ese sentido representan, en alguna medida, a miles
de organizaciones que tienen una historia semejante. El segundo,
es que estas tres asociaciones tienen áreas de acción
diferentes: una étnica, otra universitaria y vecinal, y la
última vecinal y urbana. El tercero criterio es que estas
organizaciones se han basado en la existencia de identidades culturales
preexistentes y las han potenciado. El cuarto, es la la facilidad
del acceso a ellas.
La pequeña comunidad mapuche-huilliche
de Maicolpué.
Esta es una bella bahía en San Juan de la Costa, en el sur
de Chile, cerca de Osorno. Los mapuches constituyen la principal
minoría étnica del país, con un porcentaje
calculado entre el 7 y 10 % de la población, aproximadamente
un millón y medio de personas, y los huilliches son una rama
de ellos. La referida comunidad está formada por aproximadamente
cincuenta familias que se dedican a la pesca, especialmente la extracción
de moluscos, y a realizar trabajos para los dueños de las
cabañas de veraneo del lugar. La migración de los
jóvenes es escasa, a diferencia de otras comunidades mapuches,
porque hay suficiente trabajo. Esta comunidad proviene de una escisión,
relativamente reciente, por conflictos de tierras, de una mayor
de campesinos huilliches de la zona. Los miembros de la referida
comunidad se concentraron en esta bahía donde tenían
terrenos que han ido vendiendo a los "huinkas", y se convirtieron
en pescadores. La comunidad posee una compleja y fuerte identidad
cultural como huilliches, potenciada por el resurgimiento de las
identidades étnicas en Chile, especialmente de la mapuche,
y por su ligazón a otras comunidades indígenas cercanas.
Pero, a la vez tienen una identidad nueva como pescadores, y como
grupo en estado de pobreza, frente al Estado y los huinkas (Föerster
1996).
La integración social y cultural de la comunidad descansa
en: (a) un modo de vida compartida, sin diferencias económicas
y sociales significativas; (b) la tolerancia de sus miembros frente
a la diversidad religiosa, puesto que la mayoría son evangélicos,
pero hay algunos católicos; (c) en un imaginario compartido
de creencias en seres sobrenaturales, y en ciertos mitos mediante
los cuales van "elaborando" los nuevos acontecimientos
y situaciones del presente, éste incluye creencias cristianas
sincréticas; (d) un sentimiento de pertenencia a una etnia
segregada, pero que posee su propia tradición cultural, e
incluso tuvo su propia lengua, una variante del mapudung (Föerster
1998 y, Larraín y Vergara 1998).
Esta comunidad constituye una red social eficiente: por su capacidad
de limitar los conflictos que se producen entre sus miembros, la
cual está favorecida por la conciencia de que en el trabajo
de pesca se necesitan unos a otros; por las relaciones de solidaridad
que operan para apoyarse en casos de enfermedad, muerte y otros;
por que es capaz de actuar en conjunto frente a las instituciones
del Estado para solicitar ayuda en caso de emergencia, para lo cual
explicitan sus diversas identidades culturales y sociales: de huilliches,
pescadores artesanales y de sectores pobres (Föerster 1996).
La actual situación de la comunidad ha sido condicionada
por los procesos de modernización. La expansión de
los sectores medios de Osorno permitió que Maicolpué
se convirtiera en un balneario en crecimiento; y eso significó
compradores para sus terrenos, clientes para sus productos de pesca
y para realizar diversos trabajos. Las modificaciones de las políticas
sociales del Estado en los últimos años y su focalización
en los sectores más pobres los ha favorecido, pues están
clasificados como un grupo en situación de pobreza.
La existencia de un fuerte movimiento mapuche que reivindica su
identidad, sus tierras ancestrales, e incluso su autonomía
regional ha sido un factor importante en la potenciación
de su identidad cultural. Dicho movimiento, como lo han expresado
algunos de sus dirigentes e intelectuales, surge como reacción
y respuesta ante los procesos de modernización y globalización
que amenazan su identidad como pueblo y, según dicen ellos,
están significando "un genocidio cultural".
La repuesta del Estado frente a los mapuches ha sido compleja
y recuerda la del Estado mexicano que Octavio Paz denominó
como "El ogro filantrópico". Desde 1990 les ha
otorgado un reconocimiento restringido como etnia con su propia
cultura, y ha puesto límites a la enajenación de tierras
indígenas. Ha creado un subsidio anual para comprar tierras
agrícolas en las zonas tradicionalmente indígenas,
las cuales va entregando a las comunidades. Asimismo, ha actuado
con dureza policial y judicial frente a las comunidades que han
ocupado tierras que les pertenecieron y les fueron usurpadas en
el pasado. También, ha creado becas educativas de distintos
niveles, y subsidios especiales para los indígenas, los cuales
se encuentran, habitualmente, en situaciones de extrema pobreza.
Las entrevistas con la Sra. Adela Aucapán, de más
de 65 años, que tiene un gran ascendiente sobre la comunidad
huilliche de Maicolpué, muestra que las mayores amenazas
que ella percibe radican en la aculturación negativa de la
escuela pública que hace madurar a los niños y los
conduce a una actividad sexual prematura, así como en la
enseñanza de las matemáticas y otras materias que
los desarrolla intelectualmente, a su parecer de modo excesivo.
También, ve de modo negativo la influencia de los medios
comunicativos, especialmente la radio, que dirigida por "sabios"
difunde impersonalmente saberes prácticos valiosos, que antes
eran privilegios de los ancianos del grupo (Larraín y Vergara
1998).
Más allá del desafío que significa para una
comunidad indígena el mantener su cultura en un contexto
de acelerados procesos de modernización globalizante, hay
otras situaciones que podrían debilitar la comunidad y su
cohesión: si aumentaran considerablemente los jóvenes
que emigraran para estudiar y se quedaran a vivir en las ciudades;
la disminución de la pesca artesanal por la presión
de las industrias pesqueras cuyos barcos están invadiendo
las zonas reservadas a los pescadores artesanales en el Sur; y la
disminución de los "locos", un molusco de alto
precio, que están extrayendo en una cantidad que excede su
reproducción natural. Asimismo, la posible mantención
y profundización del movimiento mapuche, y una incorporación
más activa en éste de parte de esta pequeña
comunidad huilliche, podría crear tensiones en sus relaciones
con los organismos del Estado y con los huincas.
El movimiento vecinal de la zona de Providencia
del barrio Bellavista.
Este es el segundo caso que analizaremos. Esta zona está
situada muy cerca del centro histórico de Santiago, la capital
de Chile. Este barrio tiene una base territorial particular, pues
se encuentra delimitado por el Cerro San Cristobal, hito geográfico
de la ciudad, y el río Mapocho, comunicándose al resto
de la ciudad por puentes y la avenida costanera en su ribera norte.
Posee por ello un alto grado de especificidad geográfica,
y una identidad histórica muy especial, pues se formó
desde comienzos del siglo veinte, en terrenos vendidos por conventos
y comunidades religiosas, para edificar conjuntos de viviendas siendo
la más antigua, la Población León XIII destinada
a obreros y empleados católicos. Esta fue una obra filantrópica
de una fundación del mismo nombre, presidida por Melchor
Concha y Toro, dueño de una de las más importantes
viñas del pais.
En esta zona se crearon, asimismo, a fines del siglo XIX, viviendas
para viudas de soldados muertos en la guerra de 1979 con Perú
y Bolivia; hogares de la Iglesia Católica para señoras
ancianas de instituciones humanitarias; así como una Sociedad
de Socorros Mutuos formadas por obreros y artesanos. Posteriormente,
a mediados del siglo XX, se siguieron parcelando amplios terrenos
y surgieron áreas residenciales para familias de clase media,
con el apoyo del Estado. En esa misma época se construyeron
edificios de departamentos para clase media acomodada en la avenida
situada a la orilla del río Mapocho. Por todo ello, en el
barrio hay muchos residentes de variada situacion social y económica,
como también personas que llegaron a vivir hace muchos años;
actualmente es posible encontrar vecinos de tercera y cuarta generación.
Hasta los años ochenta, Bellavista fue un apacible barrio
donde predominaban las viviendas continuas, y que asemejaba a una
ciudad campesina. Durante el siglo XX había llegado a ser
una zona de artistas. Allí vivió el poeta Pablo Neruda,
el pintor Camilo Mori, el músico Mario Baeza y otros; y existen
muchos talleres de arquitectos y pintores, además de galerías
de arte. Todo esto hace del barrio una zona multitransversal en
lo político, social y económico, donde existe un alto
grado de identificación de las personas con su barrio, el
cerro San Cristóbal y el río. Bajo su apariencia modesta,
había y aún hay una habitabilidad amable y una buena
calidad de vida, al menos en la zona este de la calle Pío
Nono, principal eje de acceso al Cerro San Cristóbal.
Esta situación se modificó bruscamente a comienzos
de los ochenta con el crecimiento económico y la modernización
urbana regida por criterios mercantiles. El barrio Bellavista dejó
de ser una zona periférica, donde no había inversión,
ni tampoco atención de las municipalidades. De una parte,
en la zona oeste del barrio empezaron a instalarse restaurantes,
fuentes de soda y discotheques. De otra, la zona este, pasó
a formar parte de la Comuna de Providencia, cuya municipalidad es
una de las más ricas del país. Esta se encontraba
en plena modernización urbana neoliberal con un importante
crecimiento del comercio. Dicha municipalidad diseñó
un nuevo plano regulador, el cual amenazaba la identidad urbana
del Barrio Bellavista y su notable calidad de vida.
Dicho plan comprendía la apertura y creación de
nuevas calles para facilitar el acceso desde el sector oriente y
de los automóviles, la mayoría proveniente de esos
sectores, los de mayor ingreso de la ciudad. Asimismo, se había
proyectado una autopista a la orilla del cerro lo que traería
una irrupción del flujo vehicular hacia la parte más
apacible del barrio. Estas modificaciones significaban que los pasajes
peatonales, quedaban abiertos al flujo de los automóviles,
con la consiguiente contaminación acústica e inseguridad
social. Con ello, los niños perdían sus espacios protegidos
de juego, y los vecinos su posibilidad de transitar tranquilamente.
Para realizar esto se pretendía expropiar muchas casas. El
nuevo plan regulador buscaba, asimismo, aumentar el uso comercial
del suelo, pues el barrio es una zona mixta.
En el Barrio Bellavista viven muchas personas de orientación
política de centro y de izquierda, muchos artistas, arquitectos
y profesionales que han elegido vivir allí, porque aprecian
su modo apacible de vida y la sociabilidad que en él existe,
su localización cercana al centro, así como su relativo
aislamiento. A esas personas no les interesaba que se facilitara
el desplazamiento de los automóviles, porque el barrio está
a menos de diez minutos del centro. El momento político y
social era favorable a la resistencia de los vecinos, puesto que
esto sucedía en 1985, dos años después que
se iniciaran las "protestas" que mostraron el agotamiento
político de la dictadura, la cual ya había perdido
el apoyo de la mayoría de la población.
Se creó una Asociación de Residentes, en la cual
se congregaron vecinos con conciencia urbana y que querían
mucho su barrio, incluso algunos de ellos apoyaban el régimen
militar, y otros, la mayoría era de oposición. El
nuevo movimiento vecinal fue transversal política y socialmente,
ya que reunió profesionales exitosos, sectores medios de
empleados e incluso vecinos de bajos ingresos. Frente al cuestionamiento
de la Asociación, la Alcaldesa de Providencia reaccionó
destempladamente acusando a los vecinos de "comunistas".
Sin embargo, la Asociación mantuvo su actividad con gran
constancia; reunió firmas, organizó foros con especialistas
en urbanismo y directivos municipales, y reuniones de los vecinos
con las autoridades municipales. Así es que logró
inducir a la Municipalidad a modificar el plano regulador, y a minimizar
las intervenciones negativas que contenía.
La Asociación siguió trabajando para organizar los
vecinos y solicitó a la Municipalidad que limitara el número
de patentes de restorantes, y botillerías, que controlara
la emisión de ruidos de las discotheques, etc., con un algún
éxito. Toda esta actividad se hacía independientemente
de la Junta de Vecinos y con su hostilidad, pues ésta era
nombrada por la Municipalidad, y estaba formada por vecinos de confianza
del régimen. Posteriormente, cuando se produjo el retorno
a la democracia y hubo la posibilidad de llamar a elecciones para
la directiva de la Junta de Vecinos, fue elegida la arquitecto María
Inés Arribas, en 1993, quien había sido la fundadora
y principal dirigente de la Asociación de Residentes. Fue
reelegida en 1996. Esos cinco años fueron de mucha actividad,
de frustraciones y de algunos importantes logros.
Para evaluar estos resultados es importante considerar que la
legislación actual concibe las juntas de vecinos más
que como un organismo representativo de los vecinos con algún
grado de poder, más bien como una correa de trasmisión
desde la municipalidad a los residentes, y de hecho no les otorga
ninguna atribución real significativa. De este modo, como
sucedió en diversas ocasiones, la Junta de Vecinos Nº
13 hizo diversas peticiones a la Municipalidad, que seguía
dirigida por la misma Alcaldesa designada por el régimen
militar, las que expresaban demandas muy sentidas por la (gran)
mayoría de los residentes. Sin embargo, la Municipalidad
las acogió de manera muy limitada, o simplemente en otras
ocasiones las rechazó.
Dentro de este contexto restrictivo, durante el período
1993 a 1998, la Junta de Vecinos consiguió que la referida
Municipalidad le otorgara un pequeño subsidio anual para
arrendar una oficina y pagar magramente a una vecina como secretaria
de medio tiempo. Se logró que se reconociera el carácter
predominantemente residencial de la zona este de Bellavista, y de
este modo las patentes de negocios u oficinas se limitan a algunas
calles y no han invadido todo el barrio. Esta reorientación
de prioridades del uso del suelo urbano del sector fue lograda por
la presión de la comunidad residente sobre las decisiones
de los técnicos municipales. La gestión urbana municipal
ha otorgado escasa consideración a la participación
de las comunidades locales.
Asimismo, María Inés Arribas hizo una fundamentada
presentación al Consejo de Monumentos Nacionales del Ministerio
de Educación, con las firmas de la mayoría de los
vecinos de cuatro calles de la antigua Población León
XIII, solicitándoles que se les otorgara el carácter
de "zona típica", y se declarara monumento nacional
la Capilla de la Epifanía, ubicada en calle Bellavista. Esta
petición no sólo fue acogida favorablemente, sino
que ese año se concedió a los vecinos de dicha población
un "Premio nacional de conservación de los monumentos
nacionales", por el referido Concejo. Más aún,
la entonces Presidenta y dos de los miembros de la Directiva de
la Junta de Vecinos obtuvieron una mención de honor en el
concurso latinoamericano sobre "Apropiación Social del
Patrimonio Cultural y Natural para el Desarrollo Comunitario",
con un ensayo sobre "el rescate del patrimonio social, ecológico
y cultural del Barrio Bellavista", organizado por el Convenio
Andrés Bello, organismo intergubernamental de siete países,
con sede en Bogotá (Arribas et alii 1999).
En el tema de seguridad ciudadana, la Junta de Vecinos realizó
una importante campaña para lograr que mejorara la vigilancia
de Carabineros y de la Municipalidad para disminuir el alto nivel
de delitos, especialmente los robos con secuestro a mujeres, que
estaban asolando el barrio. Otro importante papel fue el de organizar
con otras juntas de vecinos de otras comunas y asociaciones de residentes,
el cuestionamiento público destinado a impedir que se realizara
el Proyecto de la Costanera Norte, tratando de que fuera sustituído
por otros más racionales, desde el punto de vista urbanístico
y ecológico.
Este proyecto consiste en la construcción de una autopista
subterránea de alta velocidad que comienza en el sector oriente
y que conducirá al aeropuerto y a la Ciudad Empresarial.
El mayor efecto negativo para el barrio será el de la alta
contaminación de gases de plomo provenientes de los tubos
de respiración del túnel. Este proyecto fue elaborado
por el Ministerio de Obras Públicas, y entregado a concesión
de un conjunto de tres empresas privadas la principal de las cuales
es Impregilo, una empresa italiana que ha sido demandada en Estados
Unidos por incumplimiento de contrato, y cuestionada en Sudafrica,
por corrupción de funcionarios públicos. Se estableció
el considerable subsidio estatal de más de cien millones
de dólares, para interesar a las empresas privadas en la
licitación, puesto que las modificaciones que introdujo el
Ministerio de Obras Públicas, respondiendo a las múltiples
críticas de las organizaciones vecinales, urbanistas, algunas
municipalidades y ecologistas, encarecieron el proyecto.
La Junta de Vecinos, especialmente su presidenta en ese período,
tuvo un importante papel en el debate público que se generó
sobre la Costanera Norte, y por ello le hicieron diversas entrevistas
en diarios, radios e incluso televisión. Gracias a la acción
de las organizaciones vecinales de distintas comunas y la difusión
otorgada por los medios de comunicación el tema fue convertido
por un período en un tema de interés nacional. Fue
tal el impacto que el Ministerio de Obras Públicas encargó
confidencialmente a la consultora Times, una de las mejores y más
onerosas empresas de este tipo, la realización de un estudio
de opinión sobre el tema, basado en la técnica del
Focus Group. Aún hoy día el Presidente Lagos lamenta
que los partidos políticos se hubieran desentendido de este
tema: "los partidos (políticos) no interpretan demandas
de grupos de opinión y la sociedad se expresa de manera distinta.
Hay grupos que dicen la Costanera no, o Ralco no, o Ralco sí"
(Lagos 2000: 2).
Finalmente, es necesario señalar que desde la dinámicas
y experiencias de trabajo que se generaron en la Junta de Vecinos
Nº 13, y en la asociación de organizaciones vecinales
que cuestionó el proyecto de la Costanera Norte, se constituyó
una nueva asociación: "Ciudad viva", coordinado
por la escritora y periodista Lake Sagaris, actual directiva de
la referida Junta de Vecinos, la cual no sólo ha continuado
cuestionando argumentadamente el proyecto de la Costanera Norte,
sino que se preocupa de temas relevantes del desarrollo urbano y
del transporte público de Santiago.
El Centro Yungay de la Universidad Bolivariana.
Es el último caso que se expondrá. Esta pequeña
universidad privada está dirigida por un conjunto de cientistas
sociales provenientes, en su mayoría, de organizaciones no
gubernamentales. Sus investigadores han realizado un aportes significativo
en la elaboración de un pensamiento alternativo en los temas
de desarrollo sustentable, de economía popular, de derecho
alternativo, democracia participativa, psicología, estudios
de género, universidad, etcétera.
Esta universidad ha generado y asumido como uno de los ejes de
su acción el proyecto educativo de "una universidad
extendida": "nuestra universidad ha estado desarrollando
la búsqueda para dar cuenta de (diversos) problemas (...).
Es así como durante muchos años se llevaron a cabo
experiencias de realización de casos, que apuntaban a generar
un espacio de reflexión hacia situaciónes concretas
y específicas en torno a las cuales, los alumnos llevaban
a cabo la producción de un trabajo colectivo" (Elizalde
1999: 5). Asimismo, la universidad, con apoyo económico externo,
realizó un estudio sobre el antiguo barrio Yungay, en el
cual ha elegido instalarse, desde hace ya varios años.
La universidad creó en 1996 este Centro. Su objetivo principal
es el de constituirse en un espacio de articulación entre
la universidad y la comunidad local, mediante la prestación
de servicios: jurídicos, psicológicos, culturales
y comunicacionales. A la vez, éste es un espacio innovador
de formación para sus estudiantes. Es así que tiene
un Centro de Atención Psicológica (Caps) y una Clínica
Jurídica. Ambos "han permitido consolidar una experiencia
de desarrollo de prácticas por parte de los alumnos de derecho
y psicología, que ha demostrado ser un excelente instrumento
para materializar una formación profesional que provea a
los alumnos de conocimientos tácitos" (Elizalde, ibid).
El Centro Jurídico busca reconocer la conflictividad jurídica
que se produce entre los vecinos, y en la relación de éstos
con los organismos del Estado y otros particulares. Por ejemplo,
asesora a los vecinos de una antigua vivienda popular, "conventillo",
que tiene orden de demolición de la Municipalidad. A su vez,
equipos de alumnos de derecho contribuyen a que se procese juridícamente
un conjunto de conflictos de las escuelas y liceos del barrio, y
de otras comunas, en los temas de droga, violencia intrafamiliar
y otros (Saavedra 2000). Por su parte, el Centro de Atención
Psicológica presta servicios a los vecinos en las áreas
de psicología infantojuvenil, de adultos, adultos mayores
y en psicología comunitaria, estableciendo una red de relaciones.
Asimismo, hay un nuevo proyecto para ampliar sus servicios como
consultores a instituciones y municipalidades (Ibid).
En el ámbito cultural, el Centro posee una biblioteca de
más de mil títulos que fueron adquiridos mediante
un fondo concursable del Consejo Nacional del Libro, y que está
abierta a la comunidad del barrio. Estaba orientado al público
infantil y juvenil, y ahora se extenderá el público
de tercera edad, tanto en el hogar, como de atención de lectura
personalizada de ancianos postrados, en sus domicilios. Asimismo,
el Centro organiza escuelas de temporada sobre temas de derechos
humanos y otro; en una de sus Escuelas de Verano el tema fue reconocer
y potenciar las prácticas culturales del barrio con sus niños,
y de los jóvenes con sus actividades teatrales. Se cerró
una calle para realizar diversas actividades y se efectuó
un taller de gestión cultural local. La última Escuela
de Invierno tuvo como tema central el del encuentro intergeneracional.
Una de sus actividades fue la de reunir, en torno a la literatura,
jóvenes de los colegios del barrio con adultos, en los colegios,
y estos encuentros fueron filmados. Su organización fue encargado
al antropólogo Cristián Matus que trabaja en el Centro
(Saavedra ibid). El área de comunicación aún
no tiene financiamiento y trabaja con alumnos voluntarios de periodismo
de la universidad. Producirá un boletín barrial llamada
"Bello Barrio", en el cual se busca recoger las preocupaciones
e inquietudes, especialmente, de los jóvenes.
El Centro Cultural Asociado está relacionado con el Departamento
de Cultura de la Municipalidad de Santiago, con el grupo que administra
el Teatro Novedades y con el Comité de Adelanto del Barrio
Yungay. Busca contribuir a la activación artístico-cultural
del barrio, a potenciar su identidad como barrio cultural, lo cual
implica un proceso autoreflexivo de sus miembros sobre el tema.
Se busca conocer dichas dinámicas, procesarlas y devolverlas
a los residentes. La idea es llevar o vivir la cultura en la calle.
Se generó, también, una mesa cultural con 10 o 12
organizaciones; éste realizó encuentros callejeros
con música, plástica, bailes para los adultos mayores,
etc.
En su fase actual, el financiamiento de este Centro depende completamente
de la universidad, puesto que se han presentado proyectos que no
han sido aprobados por la Municipalidad de Santiago y otras instituciones,
pero se están preparando otros. En él trabajan catorce
personas: un Director de media jornada, Coordinadores de Programas
para el Servicio Jurídico y Psicológico, también
de media jornada, supervisores del servicio psicológico y
jurídico, una bibliotecaria y otros profesionales.
Reflexiones sobre los casos estudiados.
Este ensayo provisorio y exploratorio, finaliza con una breve
reflexión sobre los tres casos presentados. Estos muestran
la capacidad de autoorganización de ciertos sectores, grupo
y etnias de la sociedad civil chilena, en circunstancias difíciles,
o incluso hostiles, para defender y potenciar bienes básicos
y necesidades ligadas a la calidad de vida: la identidad cultural,
la identidad vecinal, la convivencia en espacios locales y realización
de un proyecto universitario innovador para formar "profesionales
para el cambio".
En los tres casos el alto grado de autonomía de las dos
organizaciones y la comunidad huilliche ha sido una condición
necesaria de su creatividad, dinamismo y capacidad de adaptarse
a las nuevas y cambiantes condiciones del medio en que están.
Su forma de organización, las orientaciones de su acción
han sido decididos por el propio grupo, con un grado importante
de participación de sus miembros.
Las asociaciones examinadas, en mayor o menor medida, han tenido
como un factor clave de su cohesión interna la existencia
de identidades culturales de larga data. Se diría que han
podido organizarse y desarrollarse, en condiciones difíciles
o adversas, por la existencia de la sinergia y el capital social
que implica que sus miembros se sienten partícipes de un
referente identitario muy concreto, una identidad cultural basadas
en interacciones cara a cara, en el sentimiento de compartir orígenes,
modos de vida, valoraciones y códigos interpretativos. En
este caso, sus "juegos de lenguaje", no provienen sólo
de acuerdos explícitos, sino que provienen de "el mundo
de la vida" compartido.
El análisis muestra, a la vez, la relativa precariedad
de asociaciaciones, como las descritas, puesto que su nivel de actividad,
la calidad de ella, e incluso su existencia, dependen, en gran medida,
de la dedicación de algunas personas voluntarios o que trabajan
con recursos muy limitados. La ausencia de apoyo de los otros dos
grandes sectores de la sociedad: el Estado y las empresas, de una
parte, les permite mantener su autonomía y creatividad; de
otra, los deja en situación de indefensión frente
a situaciones contingentes. De esta manera, la continuidad de su
acción depende en importante medida que se reúnan,
o mantengan un conjunto de condiciones favorables. Esto es preocupante
porque este tipo de asociaciones que realizan a nivel local un importante
aporte a la sociabilidad, y al proceso real de ciudadanización,
corren el riesgo de no poder mantener la calidad de su actividad,
o incluso de desaparecer, como ha sucedido con otras asociaciones
similares.
El examen de estas dos organizaciones y de la comunidad huilliche
ha mostrado que su historia ha estado indisolublemente ligada a
los procesos de modernización de la sociedad chilena. Sin
embargo, sería un error considerarlos como meras reacciones
frente a los efectos negativos de dicha modernización; o
bien, como diría un weberiano, como espacios contraculturales
marginales, de refugio subjetivo, frente al desarrollo ineluctable
de los procesos de modernización, como insinúa la
crítica de Giddens a la propuesta de Habermas de estimular
la creación de grupos autoorganizados (Weber 1909 y Giddens
1985). Tampoco parece adecuado interpretar su acción social
como resistencias locales (de los cuerpos) ante las estrategias
de disciplinamiento sectoriales, que constituirían los procesos
de modernización, como podría pensar un foucaultiano.
En este caso, como en otros -pero no en todas las organizaciones
de la sociedad civil chilena-, la acción de esta comunidad
y de estas organizaciones ha confirmado la hipótesis de que
cada una de ellas ha elaborado dentro de su colectivo, con distintos
grados de autoreflexividad, estrategias para minimizar las tendencias
"centrífugas" hacia la atomización, el aislamiento,
el conformismo o la aceptación de la impotencia que conllevan
estos procesos de modernización neoliberal, según
lo muestran los estudios del Pnud (1998 y 2000).
En este sentido, en el interior del colectivo y en su acción
social muestran la presencia en la sociedad chilena de principios
valóricos y de criterios de acción distintos a la
ferrea lógica del mercado, y en general a la lógica
funcional del dinero y del poder, característicos la ética
individualista de la modernización neoliberal. Estos son
la competencia de todos contra todos, la eficiencia, la exclusión
de la mayoría y la desubjetivización. Como lo han
señalado diversos autores, las organizaciones del Tercer
Sector, al menos algunas de ellas, especialmente las autoorganizadas,
incorporan a su organización y su práctica valores
y principios distintos y de carácter antropocéntrico:
la solidaridad, la confianza, la cooperación, la inclusión,
la ayuda mutua y otros (Vergara 1999 b). Estos son principios universales,
opuestos al particularismo. Tal como se ha dicho de los movimientos
sociales, en estas organizaciones de la sociedad civil hay una importante
motivación ética.
Más aún, podemos decir que su acción se ha
orientado predominantemente, y de modo espontáneo por lo
que Hinkelammert llama una "ética del bien común":
"la relación mercantil al totalizarse hoy, produce distorsiones
de la vida humana y de la naturaleza que amenazan a esta vida. Esta
amenaza la experimentamos. Experimentamos el hecho de que el ser
humano es un ser con necesidades que van más allá
de simples propensiones a consumir. (...) La ética del bien
común surge como consecuencia de esta experiencia de los
afectados por las distorsiones que el mercado produce en la vida
humana y en la naturaleza. (...) La misma experiencia de la distorsión
hace aparecer el concepto de bien común, en cuanto se hace
presente como resistencia" (Hinkelammert 1997). Para este autor,
a diferencia de las concepciones teóricas pesimistas de Weber
y Foucault, la resistencia es creativa; no es la mera negación
de dichas distorsiones, sino que en una especie de dialéctica
social, explicita y trae a realidad un principio ético universal,
con carácter proyectivo: todos merecen vivir, sin exclusión,
ni subordinación; y tiende a institucionalizar dichos valores
en una comunidad y organización.
Puede decirse, en síntesis, que este tipo de organizaciones
y comunidades de la sociedad civil, realizan en la sociedad chilena,
en alguna medida, en pequeña escala, a nivel local, y con
tensiones internas y con su medio, principios normativos universales
que dan sentido a la sociedad moderna: autonomía, autorealización
y autogobierno. Estos principios que declara querer realizar constituyen
sus principales fuentes de legitimación. También podría
decirse que estas asociaciones representan una búsqueda de
comunidad en la sociedad chilena, un intento de superar su entropía
negativa de fragmentación y de atomización social
(Lechner 1992).
Por ello, que la existencia de estas formas de asociatividad y
su acción no podría ser interpretada, como lo haría
un neoliberal, como meros resabios de formas sociales arcaicas,
puesto que están basadas en la solidaridad y en el propósito
conciente de realizar un bien, sin esperar que este se realice espontáneamente
por el automatismo del mercado (Hayek 1962). Tampoco podría
decirse que constituyan pequeños obstáculos a la implantación
ilimitada de la lógica de mercado en dicha sociedad, y que
deban ser removidos, como lo afirmarían también un
neoliberal.
Más bien constituyen un germen de renovación y innovación
social, un motivo de esperanza en una sociedad de mercado en "que
los chilenos están altamente contaminados, respiran la peor
polución anímica, esa que impregna hasta la última
neurona de escepticismo, desconfianza, desencanto, frustración,
desamparo" (Astorga 2000: D 26). Finalmente, convendría
recordar la tesis del historiador Karl Polanyi. Las sociedades de
mercado están "siendo destruídas por la acción
ciega de instituciones sin alma, cuyo único propósito
era ( y es) el incremento del bienestar material" (Polanyi
1944: 219). Consiguientemente, podríamos decir que una sociedad
que no fortalece su Tercer Sector y su Estado para limitar y regular
la lógica del mercado, se autodestruye y arrasa con su medioambiente
Referencias bibliográficas
- Ahumada Julio et alli (1998), "La gente tiene razón",
(Documento colectivo de un conjunto de miembros de la Concertación
de Partidos Políticos por la Democracia), en Cuadernos de
El Avión Rojo Nº 7, otoño, Santiago de Chile.
(En las citas siguientes se omitirá el país).
- Arancibia Armando et alli (1998), "Renovar la Concertación",
(Documento colectivo de otro conjunto de miembros de la Concertación
de Partidos Políticos por la Democracia), en Cuadernos de
El Avión Rojo Nº 7, op. cit., Santiago.
- Arribas María Inés, Waleska Salinas, Mauricio Montecinos
y la Junta de Vecinos Nº 13 de Bellavista (1999), "Rescate
del patrimonio social, ecológico, cultural y arquitectónico
en el Barrio Bellavista" en Somos patrimonio. 91 Experiencias
de Apropiación social del Patrimonio Cultural y Natural,
Convenio Andrés Bello, Bogotá.
- Astorga, Luz María (2000), "Humanamente hablando,
¿ Humanamente fallando ? La receta de las Naciones Unidas
para salvar a Chile", El Mercurio, domingo 9 de abril, Santiago.
- Elizalde, Antonio (2001), "Hacia una universidad extendida",
Polis Nº 1, Revista de la Universidad Bolivariana
- Castro Alfredo et alli (1998), "La gente quiere cambios",
(Documento colectivo de tercer conjunto de miembros de la Concertación
de Partidos Políticos por la Democracia), en Cuadernos de
El Avión Rojo Nº 7, op. cit., Santiago.
- De la Maza, Gonzalo (2000), Sociedad civil y construcción
de capital social en América Latina: ¿Hacia donde
va la investigación?, Ponencia presentada a la la 4a.Conferencia
Internacional de la International Society for Third Sector Research
(ISTR), Dublín, 5 al 8 de julio.
- Deleuze, Gilles (1993), "Las sociedades de control"
en Ajoblanco Nº 51, abril, Madrid.
- Estévez, Francisco (1996), "Palabras de F. E"
en Primer foro de la ciudadanía por la tolerancia y la no
discriminación, Fundación Ideas, Santiago.
- Föerster, Rolf (1996) "Identidad y diferencia en la
comunidad huilliche de Mailcolpué", Persona y Sociedad
Nº 1, vol x, Ilades, Santiago
- Idem (1998) "Identidad y memoria entre los huilliches",
Informe de Avance de la una investigación para Fondecyt,
Santiago.
- Friedman Milton y Rose (19800, Libertad de elegir, Ed. Grijalbo,
Barcelona.
- Fundación Ideas y Departamento de Sociología de
la Universidad de Chile (1997), Primera encuesta (sobre) intolerancia
y discriminación, Santiago.
- González, Raúl (2000 a), (Entrevista en) "Académicos
opinan en torno a las encuestas de desempleo" en (Diario) MTG,
Suplemento Trabajo, Santiago, 8 de junio.
Idem (2000 b), ¨"Entrevista" (realizada por J.V),
Santiago, 9 de junio.
Giddens, Anthony (1985), "Razón sin revolución.
La Theorie des Kommunikativen Handelns " en Habermas y la modernidad,
Jürgen Habermas, A. G. et alli, Ed. Cátedra, Madrid,
1988.
- Gutierrez, Pablo (2000), Factores psicológicos y psicosociales
del neoliberalismo en Chile, (inédito).
- Hayek, Friedrich (1959), Los fundamentos de la libertad, Unión
Editorial, Madrid, 1978.
- Idem (1962), Nuevos estudios, Ed, Eudeba, Buenos Aires.
- Hinkelammert, Franz (1997), " El asesinato es un suicidio:
de la utilidad de la limitación del cálculo de utilidad",
Pasos Nº 74, Departamento Ecuménico de Investigaciones,
San José de Costa Rica.
- Hinzpeter, Ximena (2000), "El país con que Lagos
se encuentra. Principales resultados del estudio nacional de opinión
pública (de) marzo-abril 2000", Punto de referencia
Nº 224, mayo, Centro de Estudios Públicos, Santiago.
- La Epoca (1996 a), "Jóvenes violentos", 28 de
abril, Santiago.
- La Epoca (1996 b), "Accidentes de tránsito",
5 de mayo, Santiago.
- La Segunda (2000), "La mitad de los chilenos tiene estrés
o depresión", 24 de noviembre.
- Lagos, Ricardo (2000), "Entrevista", La Nación
Nº 27.669, 5 de junio, Santiago.
- Larraín Jorge y Jorge Vergara (1998), Identidad cultural
y crisis de modernidad en América Latina. El caso de Chile,
Informe final de una investigación para Fondecyt, Santiago.
- Lechner, Norbert (1984), La conflictiva y nunca acabada construcción
del orden deseado, Programa Flacso, Santiago.
Idem (1992), "La busqueda de la comunidad perdida. Los retos
de la democracia en América Latina" en Sociológica
Nº 19, Universidad Autónoma Metropolitana, mayo-agosto,
México.
- Idem (1998), "Nuestro miedos", en Cuadernos del El
Avión Rojo Nº 7, op., cit.
- Macpherson, Crawford (1962), La teoría política
del individualismo posesivo, Ed. Fontanella, Barcelona, 1970.
- Matus, Alejandra (1999), El libro negro de la justicia chilena,
Ed. Planeta, Santiago.
- Merton, Robert K. (1949-1957), Teoría y estructura social,
(espec. cap. IV), Ed. F.C.E., México, 1970.
- Mondaca, Alberto (1995), "Estamos americanizados a tope",
Interviú Nº 1013, septiembre, Madrid.
- Montes, Carlos (2000), Clase magistral, en la Universidad Bolivariana,
Santiago.
- Montoya, David (2000), (Médico jefe en Sexología
Forense del Servicio Médico Legal), (Entrevista en) "Violencia
afecta a los niños", Diario MTG, 19 de mayo, Santiago.
- MTG (2000), "Isapres no dan coberturas a enfermedades mentales",
8 de junio, Santiago.
- Moulián, Tomás (1197), Chile actual, anatomía
de un mito, Ed. Arcis y Lom, 1998, Santiago.
- Norambuena, Jorge (2000), "El estrés es uno de los
problemas laborales", MTG, Suplemento Trabajo, 8 de junio,
Santiago.
- Ortega, Eugenio (2000), Entrevista de Luz María Astorga
en "Humanamente hablando, ¿Humanamente fallando ? La
receta de las naciones unidas para salvar a Chile", El Mercurio,
op. cit.
- PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo), (1998)
Desarrollo humano en Chile - 1998, Las paradojas de la modernización,
Santiago.
- Idem (2000), Desarrollo humano en Chile - 2000. Más sociedad
para gobernar el futuro, Santiago.
- Polanyi, Karl (1944), La gran transformación. Los orígenes
políticos y econonómicos de nuestro tiempo, Ed. F.C.E.,
México D.F.
- Saavedra, Rodrigo (2000), Entrevista al Director del Centro Yungay,
Santiago, 3 de junio.
- Santander, Jaime (1998), "Acerca de los problemas de salud
mental en Chile", Revista Universitaria Nº 60, Santiago.
- Unicef (2000), en "Matrícula de niños y jóvenes"
en MTG, 19 de diciembre.
- Vergara, Jorge (1984), "La contribución de Popper
a la teoría neoliberal" en Popper y las ciencias sociales,
Felix Schuster (ed.), Ed. Centro Editor para América Latina,
Buenos Aires, 1992.
- Idem (1989), "Notas sobre cultura política en Chile"
en La política como expresión de la cultura, Miguel
Gonzáles y Guillermo Martínez (eds.), Ed. Corporación
de Estudios Liberales, Santiago.
- Idem (1990), "La cultura de la violencia en Chile"
en Nueva Sociedad Nº 105, enero-febrero, Caracas.
- Idem (1999 a), Modernización neoliberal, sociedad y Tercer
Sector en Chile, ponencia presentada al II encuentro de la Red Latinoamericana
y del Caribe de la Sociedad Internacional de Investigación
del Tercer Sector (ISTR), realizado en la sede de Cepal de Santiago,
23 al 24 de septiembre.
- Idem (1999 b), Modernización neoliberal e identidad del
Tercer Sector , ponencia presentada al Primer Encuentro de Investigación
y Desarrollo del Sector Social, organizado por la Universidad Católica
de Córdoba y la Fundación Juan Minetti, Córdoba,
Argentina, 13 y 14 de octubre.
- Idem (1999 c), Modernización neoliberal y sociedad en
Chile, ponencia presentada al XXII Congreso Latinoamericano de Sociología,
Concepción, Chile, octubre, 14 al 16 de octubre.
- Idem (1998), " Crítica del sistema previsonal",
La Nación, 12 de noviembre, Santiago.
- Weber, Max (1909), "Sobre la burocratización"
en Eco Nº 222, abril de 1980, Bogotá.
|