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Polis, Revista de la Universidad Bolivariana,
Volumen 1 Número 2, 2001
Reseña del libro:
El Pensamiento Político de Jaime Guzmán. Autoridad
y Libertad, de Renato Cristi. Ediciones Lom, 2000, Santiago, 223págs.
Hermes H. Benítez
Master en Filosofía y Doctor en Filosofía de la Educación
de la Universidad de Alberta, Canadá. Es autor del libro
Ensayos sobre ciencia y religión. De Giordano Bruno a Charles
Darwin, publicado en 1999 por Bravo y Allende Editores, Santiago.
* * *
Puesto que es imposible hacer justicia, en unas cuantas páginas,
a un libro tan bien investigado, organizado y escrito, no trataremos
de resumir aquí el contenido de sus diferentes capítulos.
Nos limitaremos, simplemente, a destacar lo que en éste nos
ha parecido ser lo más significativo e importante; por lo
menos en términos de su capacidad para interpretar el pensamiento
y la acción política de Jaime Guzmán; pero,
en especial, en cuanto a su capacidad para iluminar el significado
y las proyecciones de algunos de los acontecimientos más
nebulosos de los primeros años de la Dictadura Militar.
En primer lugar, en lo que a su enfoque se refiere, habría
que decir que el autor no está interesado en juzgar la conducta
política de Guzmán, ni en hacer juicio morales sobre
ella, sino en sus ideas políticas en cuanto tales, las que
examina en su significado y mérito intrínsecos. Esto
no significa, por cierto, que en este estudio se eluda una confrontación
crítica con dichas ideas, sino que ella adopta un carácter
interno, y se hace al nivel teórico más alto. De allí
que el libro de Cristi se nos presente como la combinación
de dos enfoques complementarios: por un lado, de una cuidadosa e
iluminadora reconstrucción de las ideas políticas
de Jaime Guzmán, de su evolución y sus raíces
intelectuales e ideológicas; por el otro, de un examen crítico
igualmente laborioso y detallado, de sus fundamentos o fuentes filosóficas.
Pero, ojalá que esta última palabra no asuste ni
confunda al posible lector, porque Cristi, formado en una cierta
tradición intelectual anglosajona, no entiende por filosofía
una disciplina técnica, puramente dedicada al estudio de
sus propios problemas, sino como un modo sistemático y crítico
de interpretar el pensamiento humano, sea éste político,
social, o correspondiente a cualquier otra forma compleja de experiencia.
Quizás si lo más admirable de este libro, aparte,
de su evidente altura intelectual, originalidad y penetración,
sean los descubrimientos a que ha conducido su particular enfoque
interpretativo. Esto se pone de manifiesto especialmente en sus
capítulos tercero y cuarto, dedicados al examen del rol que
la crucial noción de Poder Constituyente desempeñó
en la legitimación jurídica del Golpe de Estado de
1973, y en la génesis de la Constitución de 1980.
Esta noción, utilizada con gran efecto por Jaime Guzmán,
fue extraída por él de la obra de los discípulos
españoles de Carl Schmitt (1888-1985), uno de los grandes
pensadores políticos del siglo XX, quien, luego de haber
sido un influyente profesor y consejero en materias constitucionales
durante los últimos años de la República de
Weiman, terminó apoyando el régimen de Hitler, y elaborando
una teoría política que lo justificaba. Así
lo muestra Jürgen Fijalkowsli en su notable estudio sobre Schmitt:
La trama ideológica del totalitarismo (1959).
La noción schmittiana de Poder Constituyente es bastante
compleja, pero en lo esencial se refiere a la capacidad (o poder)
que poseería un colectivo o un individuo, para decidir sobre
la generación de un orden político legítimo.
De acuerdo con la concepción democrática, encarnada
en la Constitución Chilena de 1925, este poder residía
en el pueblo, el único verdaderamente capacitado para crear,
reformar, o reemplazar su Carta Fundamental, por medio de un organismo
como una Asamblea Nacional Constituyente. En cuanto a esto, el problema
que posteriormente al Golpe enfrentaba Guzmán, así
como el resto de los consejeros legales de la Junta, dispuestos
no sólo a reformar, sino a destruir y reemplazar, la organización
jurídica y política del Estado chileno por una nueva
y diferente, consistía en encontrar un expediente jurídico-constitucional
que les permitiera legitimar, pero al mismo tiempo sustraer a la
mirada pública, aquella acción revolucionaria. Es
aquí donde Guzmán echa mano de la doctrina schmittiana
del Poder Constituyente, con el entendido de que para él
dicho poder no residiría ya más en el pueblo chileno,
sino que ha sido subrepticiamente transferido a la propia Junta
Militar.
Pero, si bien es cierto la noción de Poder Constituyente
le presta grandes servicios a Guzmán y a la Dictadura. Primero:
para articular una justificación jurídica aparentemente
impecable del Golpe, segundo: para transferir dicho poder del pueblo
a la Junta y ,en tercer lugar, para legitimar la destrucción
de la Constitución de 1925. Esta concepción le sirve
también a Cristi como la llave maestra mediante la cual consigue:
a) penetrar en el proceso interno de gestación de la “revolución
conservadora” puesta en movimiento a partir de septiembre
de 1973; b) mostrar cómo la Junta se constituyó desde
el primer momento en una dictadura soberana, y no meramente en una
de carácter puramente provisional o comisario; c) y conseguir
iluminar con una nueva y penetrante luz, el contenido de las Actas
de la Junta Militar, documentos en los que se registran los temas
tratados en una serie de reuniones secretas, realizadas durante
su primer año en el poder.
Demostrando admirablemente la penetración y fecundidad de
su enfoque filosófico, Cristi consigue establecer, además,
el momento preciso en el que, inmediatamente después del
Golpe, Jaime Guzmán adoptó la crucial decisión
de destruir la Constitución de 1925, en vez de simplemente
modificarla o reformarla. Es decir, de introducir el conjunto de
transformaciones revolucionarias que vinieron a alterar esencialmente
las instituciones propias de la democracia chilena. Conjuntamente
con esto, Cristi demuestra más allá de toda duda,
que esta histórica y trascendental decisión no provino
de ninguno de los miembros de la Junta, sino que se originó
en la mente del principal jurista del régimen militar chileno.
Estos son algunos de los descubrimientos que se contienen en el
libro de Renato Cristi, pero su mérito principal, consistente
en suministrarnos las herramientas intelectuales que nos permiten
comprender algunos de los acontecimientos más importantes
de la historia reciente de nuestro país; al tiempo que nos
ilustra acerca de los antecedentes ideológicos y filosóficos
del pensamiento conservador chileno, no debieran hacernos desmerecer
su manifiesta importancia teórica, así como sus originales
contribuciones al actual debate político nacional, las que,
por desgracia, no podremos examinar aquí por motivos de espacio.
Edmonton 2001
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