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Convocatoria para escribir en el N° 23 de POLIS a publicarse en agosto de 2009
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Tema del Lente de Aproximación:
Desarrollo humano y justicia
El campo
El tema del Desarrollo humano y de la justicia ha alcanzado especial relevancia desde la segunda guerra, sobretodo en los años noventa y, fundamentalmente, desde principios del nuevo siglo. Algunos de los más destacados intelectuales contemporáneos de las ciencias sociales, relevantes instituciones tanto internacionales como nacionales y diversas organizaciones de la sociedad en general se han reunido en torno a este concepto. Este campo ha logrado sintetizar parte importante de los problemas clásicos tratados especialmente por la filosofía, y los ha convertido en preguntas susceptibles de ser investigadas empíricamente, referidas a la potenciación de las capacidades humanas, la cooperación, la equidad, la sustentabilidad y la seguridad sociales. Diversas teorías transdiciplinarias han sido elaboradas; principalmente desde la economía, la ética y la filosofía política y del derecho, se han abordado temas como el reparto eficiente de los recursos, la gobernabilidad, la justicia y la equidad. Nuevos conceptos, categorías, métodos y técnicas- tanto en su vertiente empírica como hermenéutica- han permitido elaborar indicadores que han abierto un vasto campo para la investigación y las políticas públicas, y han abierto un amplio debate social.
Concebido a fines de los años ochenta, el concepto de “desarrollo Humano” alcanza en los noventa su institucionalización al interior de las ciencias sociales y en la política efectiva. Esta presencia se debe, entre otras razones, al liderazgo e impulso de organismos internacionales ligados a las Naciones Unidas, BID, CEPAL, OECD y a la OIT. En especial el PNUD, desde el año 2000, ha elaborado Informes Internacionales anuales a los cuales se han sumado más de ochenta Informes nacionales y una Revista Latinoamericana de desarrollo humano; así como un Boletín mensual de desarrollo humano que recoge avances de investigación y reflexiones teóricas. Al mismo tiempo el PNUD ha financiado numerosos programas y proyectos que se cobijan bajo el alero del desarrollo humano. Por otra parte, múltiples prácticas de investigación han enriquecido la concepción original aportando nuevos conceptos, métodos y técnicas sugerentes (Griffin, 2001, pág. 26). En varios países se ha convertido como referente teórico, directo o indirecto, en el diseño de políticas públicas sociales, y aparece en la acción de variadas instancias sociales como las ONG'S. Investigadores de universidades tanto públicas como privadas han implementado centros de investigación y docencia y colaborado con ideas, teorías, experiencias e información que han conformado un espacio cada vez más abarcador y difuso (Ibarra & Unceta, 2001).
El Índice de Desarrollo Humano (IDH) ha sido uno de los resultados más sobresalientes y publicitados en este amplio proceso. Ideado por Mahbub ul Haq y Amartya Sen, es usado desde 1990 por el PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) en su informe anual y se ha convertido en el indicador estándar para los estudios de desarrollo y bienestar entre países. Reemplazó con éxito a los índices de PB /per cápita y al Índice de Calidad de Vida Física inventado por M. D. Morris en los años sesenta (Morris, 1979) (Ibarra & Unceta, 2001, pág. 30). A éste le han seguido varios índices que pretenden mejorar sus limitaciones o ampliar sus horizontes.
Algunos protagonistas principales
Las raíces teóricas del concepto de desarrollo humano se remontan a lo más selecto del pensamiento clásico. Sin embargo, pareciera que es en el desarrollo de la edad moderna y del capitalismo donde alcanza un carácter diferente dado las nuevas condiciones materiales así como las nuevas técnicas de análisis. El generalizado optimismo de la economía política clásica respecto del desarrollo capitalista fue atemperado desde sus inicios por la sospecha de su incapacidad para satisfacer las necesidades de una población en constante crecimiento (Smith, Malthus). Por otra parte, la temprana crítica a la economía política no dudó de la capacidad del capitalismo en la producción de bienes aunque sustituyó los sentimientos morales como principio explicativo del modo de producción capitalista por la prosaica explotación (Marx). El equilibrio del mercado apareció para la nueva economía el mejor modo de aprovechar la riqueza (Pareto). El socialismo vaciló entre la imposibilidad del capitalismo y su posible revisión (Luxemburgo, Bernstein). Desde allí se inaugura una polémica que subsiste en el siglo XX, y que a nivel político se expresó como antagonismo entre capitalismo y socialismo o, de un inestable Estado de bienestar. En los albores del siglo XXI el capitalismo parecía alcanzar su perennidad hacia la riqueza y la libertad (Fukuyama) pero la reciente crisis mundial originada en USA volvió a cuestionar su posibilidad. Pasadas esas alternativas se ha reconvertido el problema en un confuso debate entre los que adhieren a una globalización o a una localidad sin contenidos precisos donde la ideología pareciera primar.
Pese al enorme crecimiento económico alcanzado con posterioridad a la Segunda Guerra , la satisfacción de las necesidades mínimas de la gran mayoría de la población mundial ha sido insuficiente, desigual e injusta. El crecimiento se ha concentrado en exclusivas regiones del mundo y al interior de casi todos los países del orbe, convirtiendo la desigualdad en norma. Gran parte de esta mayor riqueza ha sido posible gracias a la destrucción de la naturaleza acuciada por el beneficio inmediato de intereses particulares siniestros . La agudización de estos procesos ha reavivado antiguas preocupaciones, polémicas, rebeliones y, ahora, sin embargo, ha permitido el compromiso de las enfoques interdisciplinarios de las ciencias sociales, principalmente, desde del mundo de la economía, la política y del derecho y de la ética aunque abraza prácticamente a todas las ciencias.
Entre los múltiples reconocidos investigadores y centros de investigación que han participado en la elaboración e impulso de la teoría del desarrollo humano destaca como el más próximo fundador del campo del desarrollo humano Amartya Kumar Sen economista bengalí (1933) y Mahbub ul Haq, paquistaní (1934-1998), quienes se consideran como co-fundadores de las teorías de desarrollo humano; también participa en forma significativa Gro Harlem Brundtland, política noruega (1939). Sen fue distinguido con el Premio Nóbel de Economía en 1998 y premiado con el Bharat Ratna en 1999 por su trabajo en el campo de la matemática económica. Además se ha distinguido por sus trabajos sobre las hambrunas, la economía del bienestar , la comunicación social y los mecanismos subyacentes de la pobreza. Mahbub ul Haq Amartya fue el coordinador de los primeros informes del PNUD, trabajó como director de Planificación en el Banco Mundial (1970-1982), ministro de Planificación y Finanzas (1982-1984) fundador de Human Development Centre (Centro para el Desarrollo Humano), en Pakistán, en 1996. Gro Harlem Brundtland, Doctora en medicina y Master en Salud Pública, miembro del Partido Laborista Noruego, ministra de Medio Ambiente en 1974 y Primera Ministra de Noruega en varios periodos, directora general de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de 1998 a 2003, es autora del famoso informe que lleva su nombre Sostenibilidad. Nuestro futuro común (1987). Ella ha sostenido que la violencia era el principal problema de salud pública.
El núcleo teórico
Tanto por la amplitud como profundidad de su obra, así como por el ambiente intelectual que le ha rodeado, Amartya Sen sintetiza un conjunto de influencias que sobrepasan su rica contribución intelectual. Los aportes que otros investigadores han hecho ya sea en disputa o acuerdo con él configuran el vasto y complejo campo del Desarrollo Social. Este campo de conocimientos desde donde surge esta problemática se produce en un ambiente plural de grandes tradiciones que con diferente intensidad nutren el concepto. Sen estudia con Maurice Dobb (1988[1975]), Dennis Robertson colaborador de Keynes y Piero Sraffa -protegido de Keynes por su relación con Gramsci en prisión (Sen A. K., 1997[1985, 1990, 1993]). Dobb es el más grande economista marxista inglés, quien abre un campo problemático al abandonar las teorías del equilibrio general proponiendo que la coordinación ex ante es ampliamente superior a la coordinación ex post que realiza el mecanismo del mercado. Joan Violet Robinson (Robinson, s. f.) es quien dirige la tesis doctoral de Sen, y que, por lo demás, es una de las mujeres merecedora a un premio nóbel. Seguidora en sus inicios de las teorías de Marshall, transita a las teorías de Walras, Keynes y Pigou, interesándose también por las tesis de Marx sobre el valor trabajo.
La primera obra que le da renombre a Sen -Choice of Thecniques: An Aspect of the Theory of Planned Economic Development en 1960- se da en el marco de la Teoría del bienestar, pero la que le otorga reconocimiento mundial es Collective Choice and Social Welfare en 1970, encuadrada en las tesis desarrolladas por la Collective Choise desarrollada por Arrow. La edición definitiva de este último texto se debe a la colaboración estrecha con Rawls sin duda uno de los mas influyentes cientistas sociales contemporáneos, y Arrow premio Nóbel en economía en 1972 y ganador del Teorema del mismo nombre sobre la imposibilidad de la democracia, en el famoso Seminario, de enorme significación, para la constitución de campo del desarrollo humano realizado entre 1968 y 1969 (Rawls, 2006[1971]; Rawls, 1995[1993]) y del cual varios continuadores relevantes desarrollaron sus ideas (Barry, 1995[1989]). La novedad es la inclusión de temas éticos en asuntos económicos aunque ya anteriormente se anuncian en obras puramente éticas que critican la meta-ética de Hare (Sen A. , 1966; Sen A. , 1967) (Salcedo, 1998). También, en la vertiente de la ética de campo destacará la influencia desde la línea analítica de la filosofía política y del derecho la presencia de Dworkin y Hart.
Los temas principales que ponen sobre la mesa de discusión son la distancia entre la economía del crecimiento y la justicia, es decir, disponer de bienes pero no estar en condiciones de gozarlos; la antítesis entre la regulación automática del mercado o el manejo de una dirección dictatorial esclarecida -que decide qué es lo mejor, lo prioritario y la forma de lograrlo para la población— ambas no resuelven la injusticia en la distribución de la riqueza; la identificación de la eficiencia del mercado con una cierta libertad sin justicia; la incorporación de equilibrios técnicos en la economía que sustituyeron e ignoraron sus raíces éticas clásicas (Friedman & Friedman, 1990) (Salcedo, 1998).
En la década de los setenta, Sen comienza a desarrollar una conceptualización crítica a los supuestos básicos de la economía que asimila la libertad con eficiencia en las decisiones sociales rompiendo con el supuesto del Homo oeconomicus (Sen A. , 1970), y a los estudios sobre la pobreza. Aún dentro de la teoría de elección social y las medidas de desigualdad y de los principios de elección social igualitaristas (Sen, Amrtya; P., Dasgupta; D, Starret, 1973) (Sen A. , 1973) (Sen A. , 1974; Sen A. , 1976). A este campo pertenecen sus conferencias “Radcliffe” pronunciadas en la universidad de Warwick.
Un segundo grupo lo marca la obra Poverty and Famines en 1981 (Sen A. , 1973) texto “preparado para la Organización Internacional del Trabajo dentro de su programa Empleo en el Mundo – que fue la contribución de la OIT a la Estrategia para el Desarrollo Internacional de las Naciones Unidas y que sirvió para dar orientaciones para la lucha contra el desempleo y la pobreza en los años ochenta” (Salcedo, 1998, pág. 11).
Parte importante de la discusión sobre el desarrollo económico fue redefinida a partir de las conferencias de Sen tituladas “Equality of What?” y “Bienes y capacidades” (1985).
Con Sen se retoma el tema de la igualdad económica planteando una pregunta central: ¿cuál es la dimensión relevante para medir la desigualdad? El argumento central de estos trabajos se basa en la idea de que la medición del bienestar no debe derivarse de indicadores “ex-post”, como lo planteaban los filósofos utilitaristas clásicos al otorgar una importancia central al acceso a bienes y servicios. Esta visión utilitarista carece de relevancia normativa. La nueva propuesta hace énfasis en el carácter instrumental del acceso a bienes y servicios, concibiéndolos únicamente como un medio para poder alcanzar un plan de vida o una realización individual plena. Así, la medición del bienestar debería verse como un proceso con varios componentes: el acceso a bienes y servicios, una función de “conversión” de estos bienes y servicios en opciones reales de planes de vida y, por último, una función de “evaluación” que transforma la elección hecha en un nivel de satisfacción individual (PNUD México, 2003-1)
Dispersión del campo
Dada la enorme recepción del concepto de desarrollo humano, la integración de este campo de estudio y acción se ha ido conformando más por agregación que orgánicamente a partir de un núcleo teórico único. Como consecuencia de este rápido y desfasado proceso, el “nuevo” campo manifiesta dos características generales esenciales, aparentemente contradictorias: riqueza de investigación y reflexión teórica y dispersión de resultados y pluralidad de enfoques. Por una parte, el concepto de desarrollo humano así como las metodologías y técnicas asociadas a él han sido una fuente prolífica de inspiración para promover investigaciones empíricas asociadas a las políticas públicas y acompañado diversas acciones colectivas, aunque, probablemente, han impactado en menor medida en los ámbitos estrictos de las universidades. Por otra, la dispersión y apresuramiento en su uso a menudo revelan vacíos teóricos y técnicos que ponen en duda su eficacia explicativa y pragmática.
La heterogeneidad teórica y metodológica, más que un explicable y transitorio “desorden” conceptual y técnico producto de un acelerado crecimiento de la actividad científica, tiene raíces más profundas afincadas en problemas teóricos históricos. Muchos de los logros y desaciertos se explican por los referentes teóricos y metodologías implícitos que conforman las investigaciones a veces implementadas sin crítica. Sobre todo si se considera que la profunda discusión colectiva que encabeza Sen se encuentra muy alejada por no decir inexistente en los trabajos empíricos.
Cuantificación e indicadores
Los indicadores referidos al desarrollo humano (IDH) pretenden una forma “científica” de comprender y explicar problemas antes tratados filosóficamente o teóricamente. La atención a problemas éticos de justicia, libertad y equidad manifiestan una innegable continuidad con los temas filosóficos del XVIII. En este campo en formación proliferan sofisticados instrumentos cuantitativos que se aplican a los más diversos temas y niveles del acontecer social, tiene raíces profundas y prestigiadas en la tradición empirista y en un vasto campo sostenido por un individualismo metodológico de orígenes clásicos. Ambas tradiciones han tenido éxitos innegables así como profundas limitaciones. Por otra parte, se han repuesto temas éticos hasta hace poco por concepciones más técnicas. Así, es habitual la reposición ampliamente aceptada que ha propiciado que aparezcan en las acciones de gobierno iniciativas que tienen en la mira la consumación de un “buen gobierno”, la equidad, la justicia y la felicidad, para nombrar sólo unos pocos de un amplio espectro. También el cuestionamiento o discusión de los procedimientos técnicos, los supuestos ideológicos que entrañan y la utilidad de las políticas que prohíja, son temas de reflexión permanentes. La debilidad de lo los indicadores e índices de una variable que crece y se complica constantemente hace perder la noción de qué es lo que se está midiendo. Los diversos niveles sociales a los cuales se aplica indiscriminadamente: individuos, familias, redes, sociedades enteras y múltiples referentes teóricos de desarrollo global.
Emparentados con este referente las “capacidades” han intentado ser medidas desde diferentes perspectivas y se han transformado en parámetros directos o indirectos de las políticas públicas. Pero se mantiene sin crítica y, alternativamente, se reconocen algunos aspectos de la tradición que le dio origen y otras veces los deja de lado sin explicación.
En este amplio y difuso espectro tan relevante para la sociedad contemporánea, la revista Polis invita a participar en la discusión tanto teórica como técnica, desde la perspectiva económica, sociológica política y filosófica, como desde aplicaciones del concepto en investigaciones puntuales.
Actuarán como coeditores de este número Gardy Augusto Bolívar Espinoza y Óscar Cuéllar Saavedra. Estaremos cerrando el número a fines de mayo, de modo que te solicitamos que nos hagas llegar tu colaboración antes de esa fecha. Si es posible que nos puedas informar previamente de tu interés por enviarnos un artículo para este número te lo agradeceremos. Para tales efectos puedes enviarnos un correo a aelizalde@ubolivariana.cl o a ub@ubolivariana.cl. Para facilitarnos la tarea te rogamos que puedas encuadrar tu artículo de acuerdo a las «Instrucciones a los autores» que puedes encontrar en nuestra página web inicial.
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